El Observatorio Internacional del Libro de Barcelona y la comunicación sobre la nada

PAYASO DESENFOCADO-

Acaba de anunciarse la creación del Observatorio Internacional del Libro de Barcelona al abrigo del Máster en Edición de UPF – IDEC. Es una buena noticia. Toda aquella institución que contribuya a aportar luz sobre el espeso, opaco y nebuloso circo del libro debe ser bienvenida. Debemos apoyar en lo posible su andadura pero, ojo, eso también significa meter el dedo en las llagas con las que nace el proyecto.

Habitualmente quien se comunica poco –y mal– aduce que comunica lo que cree necesario –lo que le da la gana– y culpa al receptor del mensaje de los posibles malentendidos. Es el estilo de comunicación de aquellos que todavía consideran que hay unos creadores de tendencia que están arriba y unos seguidores de tendencia que están abajo y que nunca intercambiarán posiciones. Ancient Régime cultural, para entendernos.

Cuando alguien dice que acaba de crear algo del calibre del Observatorio Internacional del Libro de Barcelona adquiere un gran compromiso consigo mismo y con aquellos a quien la cosa más les puede interesar. Por criterios de espacio y premura la noticia de la creación del Observatorio en los medios convencionales contiene poca información. Lo que uno espera es que al ir a la fuente pueda ampliar detalles y saber mejor de qué va el asunto. Error.

Si saltamos de la noticia de La Vanguardia, El Periódico o El Cultural a la web del Observatorio encontramos menos información, no más. Raro. Al parecer dichos medios –y supongo que unos cuantos elegidos más– recibieron un comunicado en el que Sergio Vila-Sanjuán y Javier Aparicio contaban más cosas –aunque no muchas más– que las que aparecen en la propia web del Observatorio o sólo recibieron la noticia que aparece en la web de la UPF – IDEC y la publicaron con más o menos aliño. Veamos algunos interesantes pasajes de la mencionada noticia:

La Universidad Pompeu Fabra, a través de su Máster en Edición en el UPF-IDEC, que cumple este curso su XX aniversario, ha creado el Observatorio Internacional del Libro de Barcelona, una idea del periodista cultural Sergio Vila-Sanjuán e impulsada conjuntamente con el fundador y director del Máster en Edición, Javier Aparicio Maydeu.

Es una buena idea de un buen periodista cultural como Sergio Vila-Sanjuán impulsada por una figura de renombre como Javier Aparicio en el marco de uno de los mejores masters en edición. Y hasta aquí la noticia, porque lo que viene a continuación o bien es relleno o bien es vacío. Tras decirnos que en el Observatorio se encuentra lo mejor de cada casa…

[…] cuenta con el apoyo y colaboración de todo el sector editorial español, desde el Grupo Planeta, Anagrama, Penguin Random House, Grupo 62, Google, Círculo de Lectores, el gremio de editores de Cataluña, la feria del Libro de Frankfurt o CEDRO, entre muchos otros.

…nos dice algo así:

‘Este nuevo organismo académico e independiente nace con el objetivo de analizar los principales retos del sector editorial tratando de contribuir a impulsar la industria del libro y de la edición’, explica Javier Aparicio.

Hombre señor Aparicio, independiente no. Con todo el santoral industrial y comercial detrás usted no puede hablar de independencia. No dudo que todos estos miembros estarán muy interesados en contribuir en impulsar la industria del libro y de la edición, pero lo harán bajo un prisma industrial y comercial tan lícito como sesgado. Por cierto, de los nueve representantes del sector, cuatro son Grupo Planeta; sé que la cosa suena más epatante para el vulgo lector de prensa generalista pero suena todavía menos independiente para los pobres diablos que rascamos un poco. De los “muchos otros” hablaremos en breves líneas.

Tras contarnos que el Observatorio recopilará toda la información que se está generando tanto a nivel local como global acerca del mundo del libro –¿están seguros de haber calculado bien el volumen?– nos dicen lo siguiente:

El Observatorio tendrá presente tanto los factores empresariales del mundo editorial como su posición en el campo del conocimiento, los puntos de investigación “cutting edge” y la relación con las instituciones sociales y políticas.

¿Cutting edge? Disculpen, ya sé que es anecdótico pero ¿no les gustaba la palabra innovador o vanguardista? ¡Coño, que estamos hablando de cultura, de foco de la edición en lengua castellana y blablablá!

No nos ofusquemos. Una de las vías en las que va a trabajar el Observatorio será ésta:

Estar en permanente relación con las instituciones barcelonesas, catalanas, españolas y europeas para contribuir a transmitirles la importancia estratégica del sector y de la ciudad de Barcelona como capital editorial, y asimismo analizar nuevas orientaciones y estrategias que seguir.

Caramba ¿Ya no les sirven la FGEE, los gremios y las cámaras del libro para desempeñar esa función? ¿Además de tener que hablar con toda la actual colección de instituciones deberán entenderse con el Observatorio? Lo digo porque si el Grupo Planeta y Penguin Random House –entre muchos otros– ya cortan el bacalao en los chiringuitos existentes no creo que necesiten otro altavoz.

Hasta aquí la noticia oficial de la UPF – IDEC que no cuenta más de lo que contaban los periódicos. ¿Hay algo más en la web del Observatorio? Pues no. Algunos ejemplos:

  • En qué es y qué hace el Observatorio nos cuentan lo mismo que en la noticia sin las opiniones entrecomilladas de sus impulsores que sí aparecen en prensa.
  • En quiénes somos sólo aparecen los ya mencionados impulsores de la idea junto a indeterminados “profesionales del sector editorial, académicos y analistas” a quienes sus progenitores no tuvieron a bien darles un nombre al nacer. O puede que ni siquiera hayan sido reclutados.
  • En el apartado Actividades nos cuentan que “esta información estará disponible próximamente”.

Sólo hay algo que añadir pero no de la UPF – IDEC sino de El Cultural, concretamente del primer párrafo de la noticia:

La Universidad Pompeu Fabra, a través de su Máster en Edición, que cumple este curso su XX aniversario, pondrá en marcha a partir del mes de junio el Observatorio Internacional del Libro de Barcelona

Cuando leí lo del mes de junio fui a revisar la fecha del artículo; la noticia es fresca, de ayer mismo ¡Se refieren a junio de 2015! ¡Están anunciando con más de ocho meses de antelación la puesta en marcha de algo que al parecer sólo cuenta con el nombre! Lo más incomprensible es que esta noticia ni siquiera les sirve para promocionar el Máster pues la presente edición empezó el pasado septiembre y no termina hasta el próximo julio.

Sigo pensando que la creación del Observatorio es una buena noticia. Puede aportar algo nuevo al debate. Sus impulsores tienen carrera y prestigio suficientes, pueden reunir en torno a ellos un buen equipo. Por eso es una lástima su comienzo lastimoso, vacío, cojo, triste, decepcionante, nebuloso. Con una antelación injustificada que suena más a postureo que a realidad. Ya tenemos suficientes payasos en este circo ¡Cómo espero equivocarme!

Las once malditas páginas de Gregorio Morán y los 28 millones de dólares de la Edición Soviética

BREZNEV-

Durante la Guerra Fría una legión de kremlinólogos se dedicaba a interpretar la poca información que salía del Kremlin para deducir quien había caído en desgracia, cómo iba la economía real soviética –tan diferente de la propaganda oficial– o los movimientos del Ejército Rojo. El nombramiento de alguien para un cargo o su presencia –o ausencia– en una foto o un desfile a menudo bastaba para conocer la salud interna del régimen.

Una característica común de dictaduras herméticas y empresas familiares es que cuando se hunden lo hacen ante la sorpresa de casi todos. Si muy pocos kremlinólogos supieron adelantar el derrumbe de la Unión Soviética a finales de los años ochenta del pasado siglo, muy pocos deben saber, fuera de Planeta, lo que sucede en la sede de la Avenida Diagonal de Barcelona. No digo que esté a punto de hundirse –ni siquiera soy planetólogo– pero los que estamos fuera del sistema planetario apenas disponemos de algunas anécdotas para entender lo que pasa.

El último chascarrillo con el que todavía se divierte la chiquillada ha sido la edición frustrada de El cura y los mandarines, libro en el que Gregorio Morán ha vertido diez años de su vida, diez años que, conociendo la trayectoria del autor y su mordacidad sabatina en el diario La Vanguardia, dan para mucho. Hace pocos meses apareció Aquellos años del boom, del también periodista de La Vanguardia Xavi Ayén, una auténtica catedral edificada, ésta también, durante diez años.

Detengámonos un momento en este detalle. Dos periodistas de La Vanguardia de generaciones distintas –Morán de 1947, Ayén de 1969– deciden dedicar los últimos diez años –casi los mismos últimos diez años– a escribir dos catedrales de la cultura española y por inevitable extensión, iberoamericana. Ambos libros repasan similares períodos históricos. Sabemos que Morán pone a caldo a un buen número de jerarcas de la cultura mientras que Ayén también lo hace pero con diferente estilo y sin entrar al trapo con ciertas instituciones porque el tema que trata no lo exige. El libro de Ayén, editado por RBA, sale a la luz. El de Morán, editado por Planeta, no. La cara y la cruz de la cultura del país.

Que un diario como La Vanguardia tenga en nómina a dos autores de este calibre y haya tirado por la borda el periodismo de calidad que en su día practicaba es algo que dejo a la comprensión de generaciones venideras que lo verán todo con más perspectiva. Las mismas generaciones entenderán mucho mejor que nosotros lo que está sucediendo en Planeta.

Del caso de las once malditas páginas de Morán sorprenden varias cosas y la primera es una triste ironía: el autor que investigó durante diez años los entresijos de la cultura española no supo ver a tiempo que Planeta había cambiado lo suficiente como para no atreverse a lanzar su libro. Sangrante pero comprensible; los más cercanos a ciertas realidades son los últimos en percatarse de los cambios porque ven su evolución y no perciben las grandes variaciones a lo largo del tiempo.

Si la mencionada paradoja no empequeñece al periodista hay una serie de cuestiones técnicas que sí dejan a Planeta –en su caso a Crítica, el sello en el que recaló el libro–en mal lugar. Cuando un autor con el historial y la reputación de Gregorio Morán te dice que va a escribir acerca del sistema cultural español ya sabes a qué atenerte. Cierto que la propuesta fue anterior a 2004, que en esa época el Grupo Planeta nadaba en una cada vez más apalancada abundancia, que cuando uno está que se sale se atreve con todo –como se atrevió el patriarca Lara a publicarle a Morán una biografía no autorizada de Adolfo Suárez en 1979– pero se supone que uno cuenta con los arrestos suficientes para afrontar unas consecuencias inasumibles para la mayoría de editoriales independientes.

Por si un ataque de amnesia colectiva hubiera hecho olvidar a todo el mundo quién es y de qué va Gregorio Morán, en Planeta disponen de una legión de abogados dispuestos a encontrar el más remoto riesgo de demanda; eso suele hacerse antes de hincarle la edición al manuscrito para no tirar el dinero tontamente. Parece que la cosa no fue así, tal como el propio Morán contaba en la última de sus Sabatinas Intempestivas de La Vanguardia (edición del sábado 18 de octubre de 2014) :

Después de […] corregir lo que en términos de edición se denominan “primeras pruebas”, incluso unas “segundas”, tras sortear las variadas y hasta divertidas objeciones del llamado pomposamente “departamento jurídico”, que al menos en mi caso se refiere a un individuo que responde al nombre de Gabino Sintes, que para mayor singularidad se ocupa también de los “derechos de autor”, lo que a mi entender debería llenarnos de inquietud -censor y defensor de los derechos del escritor, diría que son incompatibles-. […]

La edición siguió su curso con una hermosa portada que imprimió primorosamente y a la que acompañaba un texto que por no ser mío sino de la casa editora merece la pena ser copiado. […]

Meses tirando los sueldos del editor de mesa, del departamento jurídico-censor, los honorarios del corrector, del maquetador, los gastos de la impresión de la cubierta –a saber si de la primera tirada completa– y habiendo perdido un anticipo que se me antoja jugoso; meses durante los cuales alguien aprendió la papiroflexia que justificara la genuflexia ante la RAE. Todo, para terminar con un efecto Streisand que ni siquiera el ya decrépito Premio Planeta ha podido tapar.

¿Sale a cuenta tamaño desaguisado? Juzguen ustedes en lo económico: Planeta imprimirá y venderá 400.000 ejemplares de papel –con una primera tirada de 50.000– del nuevo diccionario de la RAE ¡en pleno 2014! Si el precio mínimo de cada diccionario son los 70 $ de la edición latinoamericana –en España vamos a pagar 99 € que al cambio es casi el doble– se trata de una facturación de más de 28.000.000 $, a cuarto de millón cada una de las once malditas páginas de la obra de Morán. Tal como comenta el autor en una entrevista concedida a El Confidencial:

Le escribí una carta [a Lara] porque nos conocemos desde hace mucho tiempo. Le planteé cómo era posible que hace 35 años hubieran sido capaces de publicarme un libro muy crítico con un Presidente del Gobierno en ejercicio [Adolfo Suárez. Historia de una ambición, Planeta, 1979] y ahora no quieran publicarme un libro por 11 páginas dedicadas a la RAE. Es decir, un deterioro informativo importante. Me contestó que no era miedo a García de la Concha, pero que era un colaborador eficacísimo de la editorial, y añadió: el problema de tu libro son las 11 malditas páginas. […]

No estaría mal que el Grupo Planeta editara un diccionario de Colaboradores Eficacísimos de la Editorial, algo así como un Índex Collaboratorum Prohibitorum para saber qué juanetes nunca hay que pisar; seguidamente el Grupo implosionaría dejando un rescoldo editorial de autoayuda y superación, esos que nunca dan problemas porque lo ven siempre todo en rosa.

Si la operación es económicamente impecable –sacrificar un ladrillo que leerán cuatro enfermos como el que suscribe a cambio de más de 28 millones de dólares– el rendimiento en prestigio, imagen y credibilidad arroja un saldo negativo del que creo que Planeta no se recuperará. Sí, Planeta ha cometido fechorías similares en el pasado, pero es que los tiempos han cambiado y una buena prueba está en el sacrificio de un autor como Gregorio Morán por una bolsa de monedas. Hace diez años de esto nos enterábamos el puñado de lectores de la sección de cultura de los periódicos; hoy se entera incluso aquél a quien el tema le importa un pito. Hace diez años Planeta enjuagaba este desastre de imagen con una ofensiva publicitaria y de relaciones públicas; hoy no queda dinero para eso.

Planeta se ha expuesto a una crisis de credibilidad por unas decenas de millones de dólares; comparado con la facturación del grupo, una nimiedad. En relación con la facturación –y las pérdidas– del negocio editorial, muy significativo. Están empezando a rebañar el fondo del barril, un barril grande, que da para mucho, pero que empieza a quedarse seco. Cuando una llamada de uno de tus eficacísimos colaboradores se interpone en el negocio y vale millones de dólares es que ha empezado el principio del fin de la Edición Soviética. Un fin que se atisba largo y doloroso.

Toda la vergüenza que está pasando Planeta no impedirá que el libro vea la luz. Si todo va como está previsto será Akal quien edite el libro y lo lance a finales de este año o principios de 2015. El eslogan que yo usaría se lo han servido en bandeja: el libro de Gregorio Morán que Planeta censuró. Unos lo leerán por morbo. Otros, los de siempre, lo leeremos porque será un buen libro. No debería ser necesario mucho más para editar un libro: que alguien con criterio crea que es bueno y merece ver la luz. Que la fortuna nos conserve por mucho tiempo lo que queda de la editorial Crítica, castigado sello que no merecía este bochorno.  movie Jungle Street (1961)Bonus Track 1: les recomiendo que pasen y lean La Mala Puta, lo que la Patrulla de Salvación escribió hace poco sobre el asunto.

Bonus Track 2: no se pierdan la intervención de Gregorio Morán en la charla “Sobre las nuevas formas de censura” acaecido en la librería Taifa de Barcelona el pasado martes. Vídeo gentileza de Valor de Cambio: https://www.youtube.com/watch?v=ndytT6CCBn4 

La entrega en el mismo día de Amazon ya está aquí

POLTERGEIST-

Ya está aquí. Cuando apenas hace un par de años Amazon empezó a realizar entregas el mismo día en algunas ciudades de Estados Unidos parecía lejano que dicho servicio alcanzara las ciudades españolas. Desde el pasado día 10 el servicio está disponible en la Comunidad de Madrid, una de las comunidades más rentables para Amazon. No tardará mucho en extenderse.

Por el momento el servicio no alcanza a todos los productos ni a todos los códigos postales de la Comunidad pero Amazon no suele implantar un servicio si los números no cuadran y sabe que podrá extenderlo. Las condiciones del servicio son muy sencillas y están enfocadas a compras de alto valor o bien a quienes tengan mucha prisa. Para los clientes de Amazon Premium, que pagan una cuota anual de 14,95€ al año, el servicio costará 6,99€ por producto –o por un solo envío, si todos los productos tienen opción de entrega en el mismo día– mientras que para el resto de clientes el precio del servicio será de 9,99€. No hay una hora límite específica para pedir el producto dentro del mismo día y aquellos que cuenten con esta opción de entrega informará del límite.

Tal como hizo en Estados Unidos cuando implantó el servicio por primera vez, el objetivo de Amazon a corto plazo es competir con las grandes superficies en la venta de productos cuyo precio justifique pagar sólo un poco más para disfrutar de la entrega en el mismo día; en su punto de mira están grandes almacenes como El Corte Inglés, Media Markt, Fnac o Carrefour. Bajo estas condiciones los libreros no tienen nada que temer, aunque a medida que el mercado español vaya madurando la entrega en el mismo día pasará a formar parte de la oferta de servicios de Amazon Premium y el precio para el resto irá bajando. Cuestión de economías de escala.

Hay una opción de entrega de Amazon que sí debe preocupar más a los libreros a corto y medio plazo, la entrega en un punto de recogida. Amazon ya cuenta con más de 1.200 puntos en España y entre ellos podemos encontrar quioscos, floristerías, estaciones de servicio, papelerías e incluso librerías. En España dicho servicio tarda de tres a cinco días en entregar el producto en el punto de recogida, no así en el Reino Unido, donde Amazon ha puesto en marcha el servicio Same-Day con el que la compra está disponible en el mismo día en el punto de recogida que elija el cliente, domingos y festivos incluidos. Desde el pasado día 15 de octubre todos aquellos pedidos efectuados antes de las 11:45 –y que entren dentro de ciertos parámetros– ofrecen esta opción en uno de los 6.000 puntos de recogida –sí, seis mil– de Amazon en el Reino Unido. La recogida puede estar disponible hasta las 11:59 de la noche en función de los horarios de los establecimientos. Otra novedad es la Express Morning: realizando un pedido antes de las 7:45 de la tarde la compra estará disponible desde las 6:30 hasta las 9:00 de la mañana del día siguiente. El precio de ambos servicios es el mismo, 4,99 libras, aunque para los clientes de Amazon Prime –el equivalente al Premium español– el servicio será gratuito por un tiempo.

Los libreros deben preocuparse con la recogida en el mismo día

El servicio que Amazon acaba de estrenar en el Reino Unido es, a medio plazo y cuando se implante en España, una amenaza para nuestros libreros porque se inserta cómodamente dentro de los hábitos de vida y consumo de la mayoría de personas. Está pensado para realizar el pedido en algún descanso del trabajo, desde el ordenador, la tablet o el smartphone y pasarlo a recoger camino de casa; o bien para realizarlo por la tarde, desde casa, y recogerlo a la mañana siguiente de camino al trabajo. Como se supone que el punto de recogida queda dentro de la ruta prevista por el cliente la molestia, para él, es mínima. Ahora el servicio tiene un coste disuasorio para aquellos productos baratos –como los libros– pero andando el tiempo y gracias a las cuidadosas economías de escala de Amazon, el precio será mucho más bajo. Cuando el precio del servicio sea cercano a dos viajes en metro –el equivalente a ir y volver de la librería– los libreros tendrán un problema.

Uno de los colaboradores necesarios de Amazon en el Reino Unido es Connect Group, uno de los principales distribuidores de prensa y libros de papel que el año pasado facturó 1.800 millones de euros y distribuyó 20 millones de libros en 95 países. Es gracias a filiales como Smith News –la distribuidora de prensa, 55% de cuota de mercado– que Amazon ha podido poner en marcha este servicio. Puede que en España no tengamos ningún gigante parecido dedicándose a esto pero llegado el momento puede haber bofetadas para repartirse el pastel con los de Seattle.

No hay que caer en la fatalidad y la postración. Poco a poco, en España van madurando este tipo de servicios. Hace poco comentábamos aquí la llegada al mercado de Winding, un operador neutral que ofrece a terceros el servicio de entrega en el mismo día o a la hora que más convenga al cliente. Harían bien los libreros en adelantarse, aunque fuera por una vez, a Amazon. Ponérselo difícil es posible, es invertir en supervivencia.

Por un sello de calidad de las mejores librerías

URGENTE-

Hace ya un tiempo que se aboga por un plan de fomento de las librerías independientes; este verano se presentó un plan de rescate en el Congreso de los Diputados con esa intención. La idea es promover la compra de libros en establecimientos especializados y de proximidad. Las características del mercado español en particular y de cualquier mercado con el precio del libro regulado en general complican bastante el asunto pero no implican que sea imposible hacerlo.

Antecedentes internacionales

Durante los últimos años han aparecido campañas de promoción de las redes de librerías independientes en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania. Indies First es la campaña que la American Booksellers Association puso en marcha en 2013. Su carácter es permanente y organizan varios eventos durante el año, como por ejemplo el Indies First Day, que tuvo lugar en mayo de este año, o fechas en las que cuentan con la complicidad de los autores, como el próximo 29 de noviembre, en el Small Bussiness Saturday.

Books Are My Bag fue la campaña que la Booksellers Association británica lanzó a finales de 2013. De características muy parecidas a la campaña norteamericana, promueve la colaboración entre editores, libreros y autores para atraer a los lectores a las pocas librerías independientes –menos de mil, con una ratio de librerías de 1,6 por cada 100.000 habitantes, la más baja de Europa– que quedan en el Reino Unido.

La campaña alemana se inserta dentro de un movimiento con presencia en varios países, Buy Local, que promueve la compra en todo tipo de establecimientos de proximidad, no sólo librerías. A diferencia de las dos anteriores para formar parte de la red Buy Local en Alemania las librerías –como el resto de tiendas– deben pasar un filtro de calidad.

Las tres campañas promueven lo mismo pero mientras norteamericanos y británicos cantan las excelencias de las pocas librerías independientes que les quedan, en Alemania deben añadir un filtro cualitativo pues el precio fijo que rige allí ha impedido que la libre competencia en precio acabe con las de menor calidad –y con esto no quiero decir que esté de acuerdo con el modelo anglosajón. Aún así, la alta tasa de lectura y la moderada ratio de librerías –5,9 por 100.000 habitantes, la mitad que en España– hacen que los establecimientos alemanes hayan mantenido siempre un nivel medio bastante alto.

Cómo promover las buenas librerías independientes españolas

Mientras que norteamericanos y británicos no ponen filtros a sus libreros para participar en sendas campañas porque ya son muy pocos los que les quedan y los alemanes no necesitan ponerse muy estupendos pues su ratio de librerías es moderada y la calidad media es aceptable, el caso español es diferente.

Como afirmé hace tiempo en relación con los datos del Mapa de Librerías de CEGAL, es posible que en España sobren hasta 2.600 librerías –de las 4.336 independientes y del total de 5.556– para entrar en ratios de media europea. Además, tal como se desprende del análisis de los datos del Mapa, la mitad de las librerías independientes apenas alcanza una facturación de 150.000 € anuales. El tamaño, por si solo, no significa nada y una prueba de ello está en las pequeñas pero magníficas librerías que han abierto en Barcelona y Madrid. Un pequeño establecimiento con un librero muy comprometido puede facturar menos de 150.000 € y salir adelante con una oferta y servicio de admirable calidad.

Tampoco es eficaz una campaña que se limite a glosar las ventajas de la idea platónica de librería, esa que nos inculcaron en el cole aunque no leyéramos. Es el tipo de campaña que CEGAL impulsa desde hace tres años, el Día de las Librerías. Encomiable, sí, mejor que nada, también, pero de una profundidad argumental algo parca y de una eficacia que se me antoja limitada. Promover las librerías españolas de forma indiscriminada cuando su nivel de calidad es tan diverso es jugar con fuego; si mi librería de proximidad es impecable no necesitaré que me convenzan. Si es deleznable me reiré de la campaña. Si compro mis libros en el Carrefour… ¿estamos seguros que esta campaña significa algo para mí?

Por un plan de calidad que mejore la red de librerías

La red española de librerías adolece de problemas estructurales mucho más graves que las redes alemana o francesa, mucho más saneadas y mejor dimensionadas, ergo más eficientes. Ningún plan de promoción de las librerías españolas debería ponerse en marcha sin asumir la necesaria reconversión comercial y eso significa cribar aquellas que están preparadas para sobrevivir de aquellas que parecen no estarlo. A corto plazo no habrá negocio para todas y si debemos apoyar la red de librerías con dinero público –atendiendo a su papel cultural y social– debemos exigir un estándar mínimo de calidad.

No se puede prohibir a nadie que venda libros pero debemos separar aquellos que merecen recibir ayuda de aquellos que no; luego la pericia de cada cual hará el resto. Lo que propongo es un sistema de puntos, parecido al que funciona en ciertas licitaciones públicas como por ejemplo la subvención a la edición de libros (su problema no es su escala de valoración sino cómo funciona, pero ese es otro tema); dicho sistema otorga puntos a una serie de características de cada candidato. La escala va de 0 a 100 puntos y la primera criba está en aquellos que superan los 50 puntos; esos tienen derecho a recibir ayudas y cuantos más puntos tienen más ayuda reciben.

En las subvenciones a la edición de libros las ayudas son directas y en metálico pero para la promoción de las librerías la cosa debería ser algo más refinada. Para empezar hay que crear una marca de calidad, un sello que las identifique como librerías de primera (que puede estar dividido en tres niveles como muestro más adelante). Para medir dicha calidad podemos evaluar una serie de indicadores en tres grandes apartados: el de la calidad del producto, la calidad comercial y la calidad de la promoción cultural. Añadiremos un cuarto apartado, opcional, con aspectos de mejora voluntaria.

La calidad del producto de una librería debe medirse de forma indirecta pues no nos será posible juzgar los libros por su calidad intrínseca. Aún así, hay indicadores cualitativos muy útiles:

  • Ratio entre libros y superficie de venta: el número absoluto de libros no es un buen indicador, como tampoco lo es la superficie de venta, por eso es mucho mejor un coeficiente que relacione superficie y títulos. Cuanto mejor coeficiente –mayor aprovechamiento de la superficie– más puntos.
  • Ratio entre libros de alta y baja rotación: cuanto mayor sea la proporción de libros de fondo, mayor debe ser el número de puntos.
  • Grado de especialización temática: una mayor especialización implica un mayor riesgo comercial y un conocimiento mucho mayor de determinado nicho de mercado. Eso debe premiarse con más puntos.
  • Variedad de la oferta de productos culturales: una librería ya es algo más que un almacén y expendeduría de libros. Cuanto mayor sea la oferta de productos culturales, mayor debe ser la cantidad de puntos.
  • Espacios y/o servicios multifuncionales: léase sala de exposiciones, bar-restaurante, etc.
  • Ser la única librería de la localidad: debemos apoyar las librerías de localidades pequeñas pues se enfrentan a riesgos mucho mayores que las de ciudades medianas o grandes.

La calidad comercial está relacionada con una serie de herramientas de las que el librero debería disponer para ser competitivo. Aunque parezca increíble, aún hay muchas librerías en España que carecen de algo tan básico como e-mail y página web, y que realizan sus pedidos por fax o teléfono. Algunos indicadores:

  • Contar con e-mail y página web: lo más básico. Pocos puntos, pero significativos.
  • Trabajar con redes de información del libro: DILVE, LibriData, SINLI, etc. Cuantas más redes o mejor integradas, mejor.
  • Contar con librería digital: ya sea propia –como en el caso de Laie– o participando en una red como Liberdrac.
  • Presencia en redes sociales: lo ideal sería, además, evaluar la calidad de dicha presencia, pero a tanto no podemos aspirar.

También es importante medir la calidad de las acciones que promueva la librería pues eso justifica su papel social como promotor cultural. Hay que medir indicadores cuantificables:

  • Cantidad total de acciones culturales a lo largo del año: acciones por cada punto de venta, para igualar cadenas con librerías con un único establecimiento.
  • Variedad de las acciones llevadas a cabo: presentaciones de libros, clubes de lectura, cursos de escritura, literatura, idiomas, etc.
  • Colaboraciones con otras librerías: el impacto social de las acciones realizadas en colaboración con otras librerías suele ser mayor.
  • Colaboración con bibliotecas, universidades y otras instituciones: tanto en la venta de libros como en la colaboración en la organización de actividades.

Hay otros aspectos de mejora voluntaria que puede ser interesante tener en cuenta sólo si ya se han alcanzado los 50 puntos mínimos:

  • Experiencia y formación del personal de la librería: debemos premiar aquellas librerías con personal altamente capacitado. No se pueden incluir en los aspectos citados anteriormente pues hay un grado de subjetividad importante.
  • Compromiso del 5% de descuento: no podemos incluirlo en los aspectos anteriores pues es una opción comercial de la que dispone el librero y afecta a sus resultados, pero el compromiso a mantener los precios tan bajos como sea posible incide en su competitividad y debe reconocerse su esfuerzo.

Algunos aspectos podrían ser básicos y obligatorios para poder participar, como disponer de e-mail, web y estar dado de alta en el epígrafe 4761 del CNAE-2009. Toda librería que obtuviera cincuenta puntos obtendría el sello de calidad que podría lucir en la fachada, en su imagen corporativa, papelería, web, etc. Cada dos años –por ejemplo– se abriría una nueva convocatoria para obtener el sello; habría un control cada dos años –y con inspecciones sorpresa en cualquier momento– para confirmar que quien posee el sello sigue mereciéndolo. La participación sería voluntaria –no se puede obligar a nadie a formar parte de un club– y el sello no mediría la calidad de todas las librerías, sólo la de aquellas que quisieran participar.

Incentivos y ventajas para las librerías con sello de calidad

A cambio del esfuerzo de mantener y aumentar la calidad, las librerías disfrutarían de una serie de ventajas. Estas podrían ser generales para todas las que alcancen los 50 puntos y otras premiarían a las de mayor puntuación. Algunos ejemplos:

  • Con 50 puntos: sello de calidad básica, formar parte de las campañas institucionales, aparecer en los mapas interactivos de búsqueda de librerías, optar a créditos blandos para la mejora de la librería, ciertas ventajas fiscales.
  • Con 65 puntos o más: sello de calidad avanzada, todo lo anterior, más algunas ventajas fiscales adicionales, acceso a subvenciones directas para la mejora de la librería y un 5% adicional de descuento (eso es, hasta el 10% del PVP) para el 10% del stock de libros que el librero eligiese.
  • Con 80 puntos o más: sello de calidad máxima, todo lo anterior, más la extensión del 5% adicional de descuento (manteniendo el límite del 10%) al 15% de los libros de novedades y el 10% de libros de fondo –un 25% en total–, a elegir por el librero. Más ventajas fiscales y acceso a subvenciones de mayor cuantía.

El objetivo es que aquellas librerías que han alcanzado mejores estándares de calidad sean capaces de mantenerla, mientras se ayuda a las que han alcanzado estándares menores a superarse.

La ampliación del descuento obligaría a modificar la actual Ley del Libro, pero para el resto no debería haber muchos problemas. La mayoría de indicadores señalados permite un seguimiento bastante sencillo si se cuenta con los medios adecuados.

Debemos identificar las mejores librerías pero también debemos promover una renovación de la red que implique una disminución del número total de establecimientos. No habrá negocio para todos y, o bien programamos una reconversión comercial a tiempo, o nos enfrentamos a una decadencia tanto cuantitativa como cualitativa de la red que a medio y largo plazo perjudicará toda la cadena de valor del libro.

Necesitamos un LIBER pero, ¿para qué?

10807062366_bdd97afcb8_k- Imagen: Jesús Solana / Bajo licencia Creative Commons 2.0 -

La última edición de LIBER sólo ha satisfecho a la FGEE, al Gremi d’Editors de Catalunyahis master’s voice– y a Meeting y Salones, la empresa organizadora. Aunque para el resto del sector es una feria decrépita parece haber unanimidad en que necesitamos un LIBER pero, ¿para qué?

Hace unos días Guillermo Schavelzon publicó un artículo en su blog –dejen de leer el mío, vayan al suyo, y vuelvan– en el que expone cómo el andar del tiempo y el madurar de las redes comerciales de las grandes y medianas editoriales españolas en Latinoamérica dejó a LIBER sin su principal cometido: saldar los sobrantes. Tal como Schavelzon comenta:

El objetivo del Salón era traer libreros y compradores mayoristas de toda América Latina y algunos de Estados Unidos y Francia, para venderles a precio de saldo los sobrantes de stock, las devoluciones que ya entonces eran elevadas en España.

Y agrega más adelante:

Los millones de libros invendidos que ahora se destruyen en España, antes tenían una vuelta más de tuerca, un mercado de segunda vuelta, otra oportunidad, lo suficientemente significativa como para mejorar el cierre del ejercicio.

Ya he comentado en otras ocasiones cómo ésta práctica colonialista dañó las industrias locales; no es que actualmente hayamos mejorado demasiado –nuestras grandes editoriales inundan sus mercados de los best-sellers de aquí mientras nosotros a duras penas recibimos los autores de allí– pero la progresiva maduración de la edición latinoamericana –Manuel Gil lo expone en su blog– y el fin de nuestra propia burbuja editorial están acabando con el trato colonial.

LIBER perdió su función original, perdió el impulso de los grandes y perdió el interés de una administración pública ocupada en problemas mucho más graves. El sector del libro español lleva años atribulado en una doble crisis para la que no tiene remedios aunque sí diagnósticos precisos y uno de ellos es que necesita una feria internacional. Eso es como decir que para tratar la hipertensión necesitamos un medicamento sin saber cuál; si nos equivocamos corremos el riesgo de no conseguir ninguna mejoría y sí un montón de efectos indeseados.

La tesis de Schavelzon: el LIBER de hoy es el remedio a un mal que ya no tenemos, pero tenemos otros.

Una estrategia para LIBER

El planteamiento de una nueva feria debe partir del conocimiento de las existentes. Para el caso mencionaremos Frankfurt, Guadalajara, Bogotá, Buenos Aires, Londres, Nueva York y París. Frankfurt es inalcanzable; debemos aceptar que Guadalajara será la feria más importante de Latinoamérica los próximos diez años. Debemos estar atentos a Bogotá y Buenos Aires, ferias con las que podríamos competir en tamaño si hiciéramos las cosas bien los próximos dos o tres años –no va a ser el caso. Debemos aprender mucho de cómo tratan la digitalización en Londres, Nueva York y París. Luego hay magníficas ferias especializadas, como la de Bolonia.

LIBER no podrá ser un líder absoluto ni en términos globales ni latinoamericanos. A corto y medio plazo no podrá ser la feria más importante del libro en lengua castellana ni del ámbito iberoamericano –lo que incluiría el portugués y el catalán, entre otras lenguas– y dudo que lo consiga a largo plazo pues la centralidad industrial española en Latinoamérica ha dependido siempre de sus grandes grupos y nos estamos quedando sin ellos.

Podríamos convertir LIBER en una feria especializada pero eso tiene varios inconvenientes: dejaría colgados a muchos pequeños y medianos editores generalistas para los que todavía es útil y empezaría a competir en un ámbito en el que hay una fuerte competencia y en la que, por definición, sólo puede quedar una con rango internacional. Todavía queda la opción de convertir LIBER en una feria especializada en todo lo relacionada con la edición digital pero, por si eso no provocara suficientes carcajadas dado nuestro nivel de compromiso con el asunto, convertiría la feria en un evento circunscrito a lo industrial, (casi) sin dimensión cultural. Esa es una feria posible, pero es otra feria.

LIBER y su nicho natural en el ecosistema editorial

Hoy LIBER es una feria segundona con una programación cultural de tercera y un trato risible de la cuestión digital. La paradoja es que eso, precisamente, es la respuesta a nuestra pregunta: ¿para qué necesitamos LIBER?

LIBER es necesaria para que las editoriales independientes latinoamericanas puedan competir en un mercado global, una herramienta para impulsar el trabajo de todas las gentes del libro que siguen creyendo que la calidad es tan o más importante que la cantidad. Ese parece ser su nicho natural y, si en un futuro no sirve para eso, no servirá para nada.

¿Contamos con los grandes? No. Prescindamos de ellos. Lo único que necesitamos para ser grandes es ser muchos. Y muchas son las editoriales independientes y los profesionales.

¿Contamos con las rancias instituciones del libro? No. Prescindamos de ellas, son irreformables. Si no contamos con otras –algunas hay– creémoslas. Necesitamos nuevas instituciones, a poder ser transversales, en las que se den cita editores, libreros, bibliotecarios, distribuidores, tanto analógicos como digitales, etc.

¿Contamos con las administraciones públicas? No lo sabemos, no lo hemos intentado. No parece que el Estado esté por la labor e ignoramos la respuesta de las comunidades autónomas. Podemos probar con los ayuntamientos. Puede que no consigamos dinero pero sí otro tipo de apoyo.

¿Contamos con la complicidad de los recintos feriales habituales? Lo dudo, pero montar una feria fuera de una feria ya no es tan complicado ni tan caro como lo era hace unos años. De hecho puede ser mucho más barato si la feria en sí no se plantea como negocio sino como impulso al negocio. Ese es un aspecto importante.

¿Contamos con la complicidad de los autores de las editoriales independientes? Estoy seguro que sí. Con ellos y otros muchos actores se puede organizar un programa cultural ambicioso e interesante.

¿Contamos con la complicidad de las empresas que trabajan alrededor de la edición? No tengo ninguna duda que el Corner Digital, tal como lo entiende ahora LIBER, es una forma de disuadir la digitalización. Si tratamos mejor a nuestros empresarios digitales, aquellos que pueden ayudar a las editoriales a llevar a cabo la transición al nuevo paradigma, estoy seguro que su respuesta será positiva.

¿Contamos con la complicidad de los libreros independientes? Debemos contar con ellos pues están tan interesados como las editoriales y sus autores en un mercado independiente del libro. Se pueden buscar formas de incentivar su participación.

¿Contamos con los editores independientes? Estoy convencido que hay una masa crítica suficiente para poner en marcha, impulsar y llevar a buen puerto un proyecto como este, tanto en España como fuera de ella.

Personalmente no creo que quienes ahora gestionan LIBER se vayan a deshacer de ella, sigue rindiéndoles pingües beneficios –al menos de imagen y prestigio, o eso creen– y dudo que sean capaces de tal acto de generosidad en el caso que surgiera una iniciativa alternativa. Hay que organizar otra feria, un Salón Internacional del Libro Independiente con un ambicioso programa cultural y una potente oferta tecnológica, sin prisa pero sin pausa. Tenemos los motivos, los recursos y el talento. Sólo hay que juntarlo todo. Es difícil pero no imposible.

Mylibreto, el vehículo para que todos conozcan tu libro

BRÚJULA-

Hace tiempo Fernando Fominaya se preguntó por qué cada día se venden menos libros. Fernando proviene del campo tecnológico y lo siguiente que se preguntó fue por qué el libro no aparece en Internet y creó Mylibreto, el vehículo para dar a conocer cualquier libro en Internet a una audiencia global.

Cualquier búsqueda en Google arrojará miles, decenas de miles o hasta millones de resultados, pero muy pocos de ellos –acaso ninguno– serán libros, ni de papel ni digitales. Que el libro, vehículo de conocimiento por excelencia desde hace más de quinientos años, se mueva mal en los buscadores es un problema para la cultura en general y la edición en particular.

Que las herramientas digitales de conocimiento no hayan tenido en cuenta ciertas especificidades del libro no significa que debamos conformarnos. Lo que necesita un libro, de papel o digital, es un vehículo que lo ayude a moverse por la red. Los autores y editoriales siempre tienen la opción de promocionar sus libros mediante distintas redes sociales pero uno de los problemas con los que se encontrarán es que, si el número de títulos crece, el volumen de trabajo que exigirá sólo la promoción será enorme y pronto dejará de ser rentable.

Los libros ya disponen de metadatos, aquella información que hace referencia al propio libro y que permite su correcta indexación en librerías físicas y digitales, en distribuidores y otros repositorios. Aunque en teoría una buena gestión de dichos metadatos ayuda mucho en el posicionamiento en buscadores, la realidad no es tan sencilla porque lo que no suele incluirse en los metadatos es el contenido completo del libro, aunque es una opción. Esto provoca que los contenidos del libro pasen desapercibidos para los buscadores y, en el caso de que yo busque algo así como “el cultivo del champiñón común en latitudes frías”, no es seguro que aparezca ningún libro en los resultados –en caso de que exista, claro.

Lo que hace Mylibreto es dar un formato amable a los metadatos. No los toma directamente del libro, primero porque deberíamos recurrir siempre a DILVE –y no todos los editores están en dicho sistema ni están obligados a ello– y luego porque Mylibreto permite indexar un volumen de información que raramente encontramos en los metadatos de la mayoría de libros.

El libreto

Mylibreto permite que cada libro tenga su “libreto”. Cada libreto contiene tanta información como el editor o el autor decida incluir en él, aunque lo recomendable, siempre, es que sea tan completo como sea posible. Toda esta información está ordenada y codificada de tal forma que el libro pasa a ser indexado por los buscadores; por eso es recomendable volcar todo el contenido del libro en el libreto, pues de esta forma los buscadores podrán relacionar las búsquedas de los usuarios con el contenido mismo del libro; obviamente, aunque cada libreto permite leer un fragmento del texto, nunca permite leer el contenido entero de un libro, sólo lo indexa en su programación, para entendernos. En caso que un usuario encuentre un libro acerca de un tema interesante, el libreto incluye un enlace de compra a aquellas librerías digitales que el editor prefiera. Mylibreto no vende directamente, pero facilita que los lectores encuentren el libro y puedan comprarlo. Este esquema lo resume:

libreto-explicado-3-

La utilidad de Mylibreto

Mylibreto es muy útil, pero para ello la editorial –o el autor– debe hacer los deberes. No basta con cumplimentar los contenidos del libreto y olvidarse, aunque la simple existencia de esta herramienta ya facilite que los lectores lo encuentren.

Es útil si forma parte de la estrategia de comunicación de la editorial y de cada uno de sus libros y se convierte en el centro de las acciones de promoción del libro, pues permite gestionar todo lo relacionado con redes sociales, presencia en blogs, clip de prensa, etc. No es necesario gestionar las notas de prensa por un lado, las cuentas de Twitter y Facebook –entre otras– por otro lado y así sucesivamente. Actualizando el libreto queda actualizada, automáticamente, toda aquella información enlazada con él. No sólo sirve para que nos encuentren; es muy útil para gestionar la comunicación de un libro, una tarea que quita mucho tiempo si se quiere hacer bien. Ya sabemos que el tiempo es lo más preciado que tiene una editorial, a parte del talento.

Creo que se impone una reflexión: ¿están aprovechando las editoriales las herramientas digitales a su disposición? Sospecho que no, o que no lo suficiente. Una forma inicial de digitalizarse fue convertir herramientas y procesos analógicos en digitales. Tal es el caso de la maquetación analógica asistida por ordenador; maquetar un libro usando InDesign no es trabajar en digital, es trabajar en analógico con una herramienta digital. El problema es que la simple trasposición de procesos ya no basta, hay que empezar a transformar los mismos procesos asumiendo que, con ello, transformaremos nuestra forma de editar.

Las herramientas digitales no igualan la partida entre los grandes grupos y las editoriales independientes en materia de comunicación, pero permiten reducir mucho las distancias y, sobre todo, permiten a las editoriales independientes acercarse a sus lectores, sus clientes, con un nivel de detalle imposible para cualquier gran grupo.

Modificar procesos implica integrar en ellos herramientas como Mylibreto, de modo que el último paso de la producción y el primero de la venta sea construir el libreto, el DNI del libro, el vehículo que permitirá al libro moverse bien por Internet y los buscadores como Google. Un vehículo que la editorial pueda conducir sin intermediarios para llegar a su público y aumentar las ventas.

LIBER delenda est

LA BELLEZA TERMINA AQUÍ-

Dicen que Catón el Viejo terminaba todos sus discursos recordando que Cartago debía ser destruida. Carthago delenda est, no cejaba en recordar el venerable patricio romano siempre que podía. Alguien, puede que Ávila el Viejo, debe pensar lo mismo: LIBER delenda est. Tres días han bastado para convencernos a muchos que la Federación de Gremios de Editores de España quiere terminar con LIBER por asfixia.

Una feria puede salir mal por tres motivos: porque no hay dinero, porque la organización fracasa o por una combinación de ambas. Si la edición de LIBER de este año ha sido un fracaso no ha sido por la organización –que funcionó bien con aspectos siempre mejorables– sino por una pavorosa falta de medios. En el caso de la FGEE y del resto de instituciones implicadas en el asunto equivale a falta de ganas.

¡Mi feria por una moqueta!

Vamos a jugar a eso que llaman “periodismo de datos” pero que no es nada más que el de toda la vida con una calculadora. En una feria la moqueta no suele ser noticia. Todavía menos su ausencia, pues hay instalaciones con suelos que rivalizan con cualquier moqueta ferial; cuando en un evento se prescinde de la moqueta es porque el suelo es una alternativa mejor. No es el caso del pabellón 8 del recinto de Montjuïc de la Feria de Barcelona. Este pabellón fue construido como Palacio de la Metalurgia, Electricidad y Fuerza Motriz para la Exposición Internacional de 1929, ergo es un pabellón industrial preparado para ferias de maquinaria pesada y construcción y no se ha reformado mucho desde entonces. El suelo, en consonancia, aguanta todo lo que eches pero sólo tiene un problema. No es bonito. Bueno, no lo es si en vez de vender tractores, excavadoras o ladrillos tu negocio va de libros. Para dichos casos se inventó la moqueta ferial. Síganme.

La moqueta ferial es muy barata. Va en rollos de 120 metros cuadrados, cuesta alrededor de 1,53 € el metro cuadrado pero si compras una cantidad colosal la rebaja puede ser sustanciosa. De momento quedémonos con un precio de 1 € el metro cuadrado de coste entregado en feria. Otra cosa es la mano de obra de instalación, pero ya verán que eso no es un problema.

El pabellón 8 tiene una superficie de algo más de 19.000 metros cuadrados. Obviamente no todo se dedica a exposición: hay que descontar las áreas de recepción, prensa y salas de actos permanentes. A ojo, según el mapa de la feria, restamos unos 4.000 metros y nos quedan 15.000. Descontando superficies de servicio que no hay que enmoquetar y sabiendo que los stands siempre llevan moqueta –que paga el expositor–, exagerando mucho nos quedarán 10.000 metros cuadrados para cubrir de moqueta.

Ahora prestemos atención a esta imagen:

www.salonliber-

Estos son los que organizan y pagan. Descontemos las empresas privadas que suelen contribuir con fruslerías en especie y quedémonos con la cosa pública más la FGEE y el gremio local (es su fiesta): nueve instituciones públicas.

¿De veras nueve instituciones públicas son incapaces de juntar 10.000 € para adecentar el espacio y que la feria no fuera el pitorreo que fue por ese y otros detalles? El coste de instalación dejo que lo asuma la empresa Meeting y Salones del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, instalar moqueta ferial es tan fácil y rápido –lo sé por experiencia– que el coste es despreciable en comparación con los infames márgenes que cobran por cualquier tontería.

La moqueta como síntoma de una enfermedad mucho más grave

La moqueta sólo es un síntoma. El problema es de mentalidad. En primer lugar el problema lo tienen La Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Barcelona y su feria por destinar un pabellón cochambroso –luego verán unas fotos cautivadoras– a una feria editorial, una industria que se supone cultural, puntera, de interés nacional y blablablá, patatín-patatán…

Otro problema lo tiene el Estado español y su desvencijada Marca España. Las únicas marcas relevantes que vi en LIBER fueron las del suelo:

MARCA ESPAÑA-

Pero la desidia y desgana de las instituciones no son muestra de inquina y odio hacia el libro –a lo sumo pasotismo– sino la lógica respuesta a la ya tradicional negligencia con la que la Federación de Gremios de Editores de España ha ido tratando la que en su momento fue la feria profesional del libro más importante de la edición en castellano, una feria que, como remarca Manuel Gil – no se pierdan su artículo– llegó a ocupar tres pabellones enteros de IFEMA, duplicando o triplicando, fácilmente, la superficie actual. Si la propia FGEE pasa del asunto, ¿por qué debería ser distinta la actitud de la administración pública?

LIBER se muere por el desinterés de los grandes y la miopía de lo público, justo al revés que en Guadalajara, Bogotá o Buenos Aires; en esos países no tienen grandes grupos editoriales planetarios pero sus administraciones públicas y empresariales entendieron que había recorrido industrial y comercial y apostaron por ello. Cada vez les va mejor y compiten entre sí, olvidándose cada año un poco más de LIBER.

Ni Planeta ni Santillana necesitan LIBER para nada, ellos juegan en otra liga, pero dejando morir esta feria no se dan cuenta que perjudican un tejido editorial que sí necesitan. En una hipotética pirámide trófica de la edición ellos están arriba y se sostienen a merced de un tejido tupido e invisible de profesionales, técnicos, editores, autores, proveedores y lectores. La muerte de LIBER no será un problema para los grandes, no acabará con el tejido editorial, pero sí mandará un mensaje muy claro a todos: vuestra suerte nos es indiferente. Es como aquel millonario que cree poder vivir rodeado de miseria sin que le pase absolutamente nada. Líderes de otros países tratan bastante mejor a su tejido industrial. Estos días basta con mirar hacia Alemania. Siempre Alemania.

Intangibles

El número de expositores y metros cuadrados es un indicador que mide la importancia de una feria. Su mengua sostenida indica decadencia. Hay otra decadencia que no suele aparecer en los titulares, la de actos, charlas, presentaciones y conferencias. Pasé tres días en LIBER, asistí a unos cuantos actos y conferencias y debo decir, decepcionado, que me aburrí un poco. Decepción me causó también ver las salas casi vacías pese al evidente interés de ciertos temas. Sólo vi llenos hasta la bandera y con público en pie en dos ocasiones: en la interesante charla de presentación del imprescindible estudio GLOBAL E-BOOK y en la conversación entre Nuria Cabutí y Jesús Badenes, moderada por Javier Santillán. A esta fui por puro morbo, a sabiendas que era la reposición de cualquier conversación entre cualesquiera directivos de Planeta y PRH desde hacía más de un lustro. Efectivamente, nada nuevo. El papel de Santillán como mamporrero fue un poco triste, eso sí.

Lo mejor de LIBER, como siempre, fue lo que no sucede en LIBER. Es una ocasión para encontrar amigos y profesionales de otros puntos de España y Latinoamérica, compartir impresiones, y también para dedicarse a lo que algunos llaman networking. Una feria también es para eso, pero no sé si sólo para eso hay que montar una feria.

Con todo, los pequeños y medianos editores cuentan que para ellos LIBER es rentable. Puede que no lo sea en lo directamente negociado en feria, pero sí lo acaba siendo al cabo de unos meses. Imaginemos cómo mejoraría la rentabilidad si la FGEE le pusiera ganas al asunto.

Impasible el ademán

Para la FGEE todo esto no tiene importancia. Fieles a su tradicional estilo de comunicación corporativa anclada en algún brumoso lugar de los años setenta del siglo XX, al finalizar la trigésimo segunda edición de LIBER la Federación emitió un comunicado al que sólo han podido acceder los medios oficiales, los de verdad, como por ejemplo La Vanguardia –no lo busquen ni en la web de la FGEE ni en la de LIBER, encontrarán la del año pasado. Según el diario del Grupo Godó “más de 10.000 profesionales del mundo editorial visitan la feria internacional Liber”. El diario, que es uno de los patrocinadores del evento, agrega:

El presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Xavier Mallafré, ha remarcado que 400 empresas editoriales han participado en la cita, y ha reivindicado el papel de la edición española como “motor económico y cultural del país”, ha informado Liber en un comunicado.

“El sector cultural ofrece oportunidades para la economía y el empleo que no se pueden desaprovechar”, ha dicho, si bien España aún tiene camino por recorrer si se compara con países del entorno, en los que el sector cultural representa una parte importante del PIB.

Entre los retos del sector, Mallafré ha señalado la necesidad de una Ley de Propiedad Intelectual que proteja la creación y recursos económicos para que sea “eficaz”.

Ignoro cómo contaron a los visitantes. Hace un par de años, en Barcelona, para entrar a LIBER había que pasar por un sistema de tornos mediante tarjeta magnética. De este modo sabían quién entraba y cuántas veces lo hacía. Este año ni había torno ni mucho menos tarjeta, había que traer la acreditación impresa de casa. Podría haber fotocopiado la mía para colar un autobús entero de japoneses y nadie hubiera dicho nada porque el código QR de la acreditación era más decorativo que otra cosa.

Sólo puedo entender lo de los 10.000 profesionales contando a todos los presentes cada día en LIBER, incluyendo la inauguración y multiplicándolos por los tres días de feria. Sólo así me creo los 10.000, mágica cifra que coincide con la del año pasado. En ningún momento de LIBER hubo allí dentro más de dos mil personas en total, eso siendo muy optimistas. Como el mismo Manuel Gil comenta en su blog, a media mañana del viernes empezó la estampida y por la tarde allí no quedaba casi nadie.

Risa floja me ha entrado cuando he leído lo del motor económico, las oportunidades que no se pueden desaprovechar y el camino que todavía queda por recorrer. Este último aspecto me ha hecho recordar un viejo chascarrillo castrense: “el Ejército español nunca se retira; gira 180 grados y sigue avanzando”. Hace muchos años que la FGEE y LIBER decidieron dar la vuelta en redondo y seguir avanzando quién sabe si hacia un glorioso pasado que sólo existe en su mente.

Lo mejor que nos podría pasar sería que la FGEE se desentendiera de LIBER y lo dejara en manos de aquellos a quien de veras interesa, los pequeños y medianos editores y todo el resto de profesionales para quienes este certamen sigue teniendo sentido. No puede ser muy difícil hacerlo igual de bien –el listón está francamente bajo– y a poca ilusión que se le ponga el resultado mejorará ostensiblemente. Lástima que, institucionalmente, no tengamos recambio. El sector necesita auto organizarse de otra manera si pretende contar con una feria decente. Le va la supervivencia en ello.

Bonus Track: Mad Max LIBER

Conscientes del estado comatoso en el que se encuentra el certamen, Fira de Barcelona pensó en un lugar desastrado, cochambroso y postapocalíptico que no desentonara, el pabellón 8 que mencionábamos al principio. A continuación veamos –y comentemos– algunas interesantes instantáneas (todas ellas se han hecho en espacios a los que podía acceder cualquiera. Pueden hacer clic para ampliar, pero no sé si es muy recomendable):

1-ENTRADA BUNKER

Esta era la entrada al pabellón, cual bunker postapocalíptico destinado a la supervivencia de los más aguerridos editores.

2-SALA MATUTE

Hace falta mucha imaginación para llamar “sala” a un espacio como este. La calidad ambiental dentro de la sala era algo peor que la de cualquier vestíbulo de aeropuerto. Ana María Matute no se merecía este trato.

3-CASTELLET

No, Josep Maria Castellet tampoco se merecía esto, aunque lo peor no era la entrada, sino…

4B-CASTELLET

… lo que se podía ver justo antes de entrar a la sala. Al menos los contenedores están alineados. Por decir algo.

4-EBOOK

Esto fue lo más parecido que vi a un e-reader o una tablet. Ya saben, el origen de la escritura, Súmer, arcilla, cuneiforme… o no.

5-DESESPERACIÓN

Los caminos del Señor son inescrutables pero los del LIBER eran un poco así…

6-PUTAS CERVEZA Y EDITORES

…o un poco asá. El efecto de sordidez está muy conseguido. El tono magenta le da un aire puteril remarcable.

7-CONMISERACIÓN

La salida del lavabo era un poco esto. Lo cierto es que, al menos, no olía mal. Esto estaba justo delante del “Corner Digital”, en dramática tensión entre la pureza de la tecnología y la autenticidad de lo arcaico. Supongo.

8-IDEAS FGEE

Sin duda, mi rincón preferido. Creo que resume el estado mental de ciertos jerarcas de la FGEE. Como escenario de teatro tiene su cosa. Como feria del libro pues… supongo que también, pero yo no sé verlo.

10-ALCANTARILLAS DEL SECTOR

Claro que, si no te gusta lo que ves, siempre puedes intentar husmear en las alcantarillas del sector. En los pasillos de LIBER encontré unas cuantas como estas. Habrá que probar, ¿no?

Señores del Gremi d’Editors de Catalunya y de la FGEE: conmigo no cuenten

VIA MUERTA- Imagen: Wikipedia -

Esta misma tarde tenía que empezar el curso de Comercialización y Distribución de libros por Internet del Gremi d’Editors de Catalunya. Dicho curso no dará comienzo porque tras unas semanas de duda me he negado a impartirlo. Aquí quiero exponer mis motivos y pedir disculpas a los afectados.

En primer lugar, las disculpas. Ninguno de los dieciséis alumnos ya inscritos tiene la culpa que yo haya tardado tanto en tomar esta decisión. Tampoco tiene ninguna culpa la persona encargada de organizarlos. A todos ellos les ruego que sepan entender mi decisión aunque posiblemente no la compartan.

Durante mi etapa como profesor en Editrain impartí cursos para empresas privadas, para el Gremi d’Editors de Catalunya y, directa o indirectamente, para la FGEE. He decidido no impartir ningún curso más para el Gremi d’Editors de Catalunya ni para la FGEE por diversas razones:

  • Ninguna de estas entidades se ha pronunciado públicamente acerca del cierre de Editrain, un cierre que afecta a decenas de trabajadores, más de un centenar de profesores y miles de alumnos. Ese silencio les hace colaboradores implícitos de Jaime Brull que necesita de su amparo para salirse con la suya; yo no puedo colaborar con dicho encubrimiento.
  • El cese de actividades de Editrain a medio curso perjudica al Gremi y a la FGEE al poner en peligro la ejecución del calendario de cursos; si se incumple dicho calendario la Fundación Tripartita, cuya función es conceder las subvenciones a la formación, podría recortarles o retirarles completamente dichas ayudas. No comprendo como tal perjuicio no merece un comunicado público denunciando dicha situación.
  • Cada vez me es más difícil colaborar con entidades cuyo comportamiento es y ha sido decisivo en el estado de parálisis, anquilosamiento y oscuridad del sector editorial español.

Es posible que los abogados de ambas instituciones les hayan recomendado prudencia y silencio; no es excusa. El hundimiento de Editrain ha causado y causará muchos problemas al sector, dejando al pairo una parte muy importante de la formación editorial durante la última mitad de 2014 y a saber cómo afectará a la de 2015. Una afectación sistémica como esta exige algo más de firmeza y claridad que la mostrada hasta ahora tanto por el Gremi d’Editors de Catalunya como por la FGEE. A veces uno debe mojarse.

No espero que estas instituciones cambien en absoluto su proceder. Cada vez queda más patente que apenas se representan a sí mismas y que una gran mayoría de profesionales de la edición trabaja sin contar con ellas ni esperar nada. La representación del sector es algo más que la defensa corporativista de los intereses de algunas pocas grandes empresas. Si llegado el momento de salir en defensa de los profesionales de tantas pequeñas editoriales su inacción es absoluta, ¿puede decirme alguien para qué sirven?

Más datos sobre la trama entre Red.es y los e-readers de Casa del Libro para las bibliotecas extremeñas

ARMA HUMEANTE-

El pasado 30 de septiembre publiqué un artículo acerca del concurso público que Red.es puso en marcha para surtir de e-readers a las bibliotecas de Extremadura. Entre las variadas reacciones que suscitó el mencionado artículo hubo una, en forma de comentario, que me sorprendió. Decía lo siguiente:

En el enlace que hay al principio se pueden ver los resultados del concurso.

http://perfilcontratante.red.es/perfilcontratante/busqueda/DetalleLicitacionesDefault.action?idLicitacion=554&visualizar=0

Casa del Libro no ha ganado el concurso. ¡Ni siquiera ha participado en él!

Como investigación es un poco rara…

¡Ah! ¡Ya lo ven! ¡Cazador cazado! Eso es lo que debió pensar alguien que sólo se identificaba como DF y dejaba una peculiar dirección de e-mail. Pero no es tan sencillo. Como decía DF, dos son las empresas que han participado en la licitación:

TABLA 092-14-SV-

Quien crea que en los pasteleos con dinero público siempre salen retratados todos sus protagonistas con nombre y apellidos e incluso con un sonriente selfie está muy equivocado. No es raro participar mediante empresas interpuestas, intermediarios, proveedores y subcontratas. Es legal.

Si tiramos del hilo de ambas empresas nos encontramos con cosas muy divertidas. Ambas empresas están inscritas en el directorio de empresas del IDAE, el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, pues entre sus muchas actividades figura la de servicios energéticos. En el mencionado directorio (aquí y aquí) ambas empresas aparecen domiciliadas en el mismo sitio: calle Bahía de Pollensa nº13, de Madrid.

¡Ahí no terminan las casualidades! El e-mail de contacto también es el mismo. No es que una persona trabaje casualmente en ambas empresas y, también muy casualmente, aparezca como persona de contacto, es que es el mismo e-mail: mariaj.diaz@aldesa.es.

Resulta que la rimbombante Aeronaval de Construcciones e Intalaciones, S.A. forma parte del mismo grupo empresarial de la no menos rimbombante Agrupación de Empresas, Automatismos, Montajes y Servicios, S.L. El grupo Aldesa así lo afirma en su página web corporativa:

Tiene su foco en el desarrollo y mantenimiento de infraestructuras mecánicas y eléctricas bajo distintas modalidades de contratación (llave en mano, instalación, etc.) en entornos que requieren un alto grado de especialización, y opera con las marcas de ACISA y Grupo AMS.

E incluso contiene un esquema de las empresas del grupo donde salen todas retratadas (ACISA es la Aeronaval mientras que el Grupo AMS es la Agrupación, para entendernos):

Aldesa construcciones grupo-

¡No se vayan todavía, aún hay más! De momento no he demostrado vínculo alguno entre ambas empresas y Casa del Libro. Aldesa es proveedora de Espasa Calpe, S.A. tal como muestra esta relación de clientes del Grupo AMS:

Aldesa - Grupo AMS-1-

Espasa Calpe, S.A. es la denominación legal de Casa del Libro que sólo es una marca comercial, como ellos mismos nos cuentan en su web. Los servicios que presta Aldesa a Casa del Libro son de bienes de equipo y pueden estar relacionados con la adaptación a España de los e-readers Onyx, pues la empresa editorial no dispone ni del personal ni de los medios necesarios para ello.

Una vez más, recapitulemos y recapacitemos…

Este es el resumen de hechos probados hasta ahora:

  • Red.es promueve un concurso público de adquisición de e-readers bajo un pliego técnico que expulsa a todos los modelos menos los de Casa del Libro (ver mi anterior artículo para más detalle).
  • A dicho concurso sólo se presentan dos empresas que poseen idéntico domicilio, idéntico e-mail de contacto y pertenecen al mismo grupo empresarial, Aldesa.
  • Una de las empresas mencionadas es proveedora de Espasa Calpe, S.A. como cliente, denominación legal de Casa del Libro, que forma parte del Grupo Planeta.
  • Espasa Calpe, S.A., cuenta con la exclusividad de comercialización de Onyx en España.
  • Las actividades de ambas empresas del grupo Aldesa incluyen los servicios de bienes de equipo necesarios para poner a punto los e-readers de Onyx en el mercado español.

A todo esto sólo me queda añadir, apreciado señor DF, que su despiste no sólo no ha dado resultado sino que ahora tenemos todavía más claro el pasteleo. Puede usted seguir afirmando que la investigación es un poco rara. A mi lo raro me parecería afirmar que todo esto no es más que un inaudito cúmulo de casualidades que han dado lugar a un desafortunado malentendido. Lo hemos entendido todo, señor DF. Y una vez más afirmo que no, que no cuela. Señor César Miralles Cabrera, Director General de la Entidad Pública Empresarial Red.es; Félix Fernández de Gabriel, Director General de Casa del Libro; Jesús Badenes, Director General de la División Editorial de Librerías del Grupo Planeta, ¿tienen ustedes algo que decir al respecto?

Nota: todos los aludidos en este blog tienen derecho a réplica. También tienen derecho a rectificación si se demuestra que lo que se afirma es erróneo o inexacto. Pongo a su disposición este blog, ya sea mediante los comentarios o mediante el envío de aclaraciones a mi e-mail (1mes1iguala3@telefonica.net) para el ejercicio de los mencionados derechos.

Las Red.es del pasteleo en la compra pública de e-readers

ATRACO A LAS 3-

El pasado 23 de junio de 2014 la Entidad Pública Empresarial Red.es publicó la licitación para la “Adquisición de ereaders para bibliotecas y otros centros culturales de Extremadura” mediante procedimiento abierto y número de expediente 092/14-SV. Tras leer el montón de papel que rige cosa tan sencilla no me cabe duda que estamos ante un clamoroso pasteleo.

Qué se compra y cuánto cuesta

Este concurso público se resume en unos pocos parámetros: Red.es pretende destinar 519.421,49 € para la compra de entre 700 y 2.095 e-readers con un plazo de ejecución de doce meses y con una garantía de 5 años.

La horquilla establecida en el apartado 2.3 del Pliego de Condiciones Particulares permite a Red.es elegir la cantidad final de dispositivos que se quedará el ente con destino a las bibliotecas extremeñas. Es por esa razón que la cantidad de dinero mencionada se transforma en un tope de 247,93 € por e-reader (519.421,49 / 2.095) tal como establece el capítulo número 5 del mencionado pliego:

El valor estimado del presente procedimiento asciende a QUINIENTOS DIECINUEVE MIL CUATROCIENTOS VEINTIUN EUROS CON CUARENTA Y NUEVE CÉNTIMOS (519.421,49 €) Impuestos Indirectos Aplicables excluidos.

El importe de la oferta no podrá exceder de la cantidad de DOSCIENTOS CUARENTA Y SIETE EUROS CON NOVENTA Y TRES CÉNTIMOS (247,93 €) (impuestos indirectos aplicables excluidos).

Es decir, aunque la cantidad presupuestada para el concurso es ese medio millón de euros, en función del número de unidades que se quede Red.es, la cantidad final desembolsada podría ser muy inferior. Si se quedara sólo con 700 unidades el coste para el erario público sería de 173.551 € (700 x 247,93). ¿Verdad que parece un planteamiento orientado al ahorro de dinero público? Pues no, estos y otros muchos detalles convierten este concurso en un ejemplo de cómo no deben hacerse las cosas.

Un planteamiento tan torpe como sospechoso

La primera de muchas dudas aparece al ver la mencionada horquilla de entre 700 y 2.095 unidades. A uno le gustaría pensar que el equipo de técnicos que elaboró las condiciones del concurso se basó en la realidad territorial extremeña que viene definida por el número de usuarios de sus 211 bibliotecas y sus 240 centros de lectura. Esos 451 establecimientos públicos repartidos por Extremadura deberían dar una cifra óptima de e-readers a partir de la cual construir un presupuesto. Pues no es así. Alguien, no sé si en Red.es o en la Red de Bibliotecas de Extremadura, ha decidido que lo óptimo era dejar en manos de una mesa de contratación decidir si es mejor que cada uno de esos centros disponga de una media de entre 1,55 y 4,64 e-readers. ¿Se imaginan decidir de esta manera la contratación de otros muchos bienes públicos? La cosa sería más o menos así: “tenemos X millones de euros para equipar el pueblo de Villabajo con entre uno y cinco dispensarios; presenten sus ofertas y ya decidiremos”. Poco serio. O muy hispánico.

Por si la ligereza en el establecimiento de ciertos parámetros no fuera suficiente, la documentación del concurso dice lo siguiente:

Los licitadores presentarán una única oferta sin alternativas ni variantes.

Esta simple línea impide que los licitadores adapten su oferta al número de e-readers que decida comprar Red.es. No es lo mismo vender 1 que 3; el triple de unidades permite ofrecer unos mayores descuentos pues el margen acumulado puede ser considerable. El articulado del Pliego de Condiciones Particulares lo impide, de manera que, aunque Red.es se quede con 2.095 unidades acabará pagando por ellas un precio unitario más cercano a si lo hiciera por 700 pues los licitadores se curarán en salud. Hubiera sido mucho mejor pedir un número concreto de unidades y confiar en que los competidores ofrecieran un precio óptimo.

Hasta aquí las torpezas del concurso. Veamos ahora lo más sospechoso: las especificaciones técnicas de los e-readers susceptibles de presentarse a la licitación contenidas en el capítulo 2 del Pliego de Prescripciones Técnicas. Las más relevantes son éstas (el Pliego siempre indica que se valorará mayores capacidades):

  • Memoria RAM: 256 MB
  • Capacidad de almacenamiento interno: 2 GB.
  • Capacidad de almacenamiento externo: 32 GB mediante tarjeta SD o similar.
  • Pantalla:
    • Tamaño mínimo de 9”.
    • Tamaño máximo de 10.1”.
    • Resolución mínima 1024×758
    • Tecnología E-ink
  • Formatos soportados: EPUB, PDF, TXT, HTML, RTF, JPG, PNG, BMP, MP3.
  • Batería: duración de al menos 6.500 pasos de páginas.
  • Wireless: cumplimiento de estándar 802.11 b/g/n.
  • Conectividad: mini o micro USB.
  • Audio: minijack 3.5mm audio.
  • Peso: menos de 600 gr.
  • Funcionalidades: posibilidad de anotar y subrayar en los libros de lectura para personalizarlos, o, alternativamente, se incluyan aplicaciones de notas o pinturas que se incluyan.

Aquellos que estén más familiarizados con los e-readers disponibles en el mercado habrán captado un par de detalles un poco raros. Para añadir algo de mosqueo al asunto, atención a lo que apostillan en el caso de la pantalla:

Se valorará tamaños superiores al mínimo (Criterio cuantificable), siempre que el valor se sitúe en el rango establecido anteriormente.

Qué curioso. Pueden participar e-readers con prestaciones mucho mejores en cualquier aspecto técnico EXCEPTO en el de la pantalla, para la cual se restringe la horquilla a algo más de una miserable pulgada.

El tamaño de pantalla requerido en el Pliego es inadecuado. Del mismo modo que los libros que encontramos en las bibliotecas son los mismos que los que podemos comprar en una librería, los e-readers disponibles en las bibliotecas deberían parecerse tanto como fuera posible a la mayoría de los disponibles en el mercado. Se supone que una de las funciones de la biblioteca es fomentar las alfabetizaciones múltiples y una de ellas es la alfabetización digital.

La mayoría de e-readers disponibles en el mercado se mueven en el rango de las 6 pulgadas aproximadamente; es el caso de Amazon, de Kobo, de Barnes&Noble, de BQ y del resto de fabricantes. Algunos pocos llegan a las 8 pulgadas. Otros, como el carísimo DPTS1 de Sony –el único que la marca japonesa salvó de la quema– alcanzan las 13,3 pulgadas, pero está destinado a empresas.

Se da el caso que los e-readers con más salida comercial son también los más baratos, con precios que pueden llegar a ser el 50% o hasta el 70% más bajos que lo presupuestado en el concurso de Red.es.

No tiene mucha lógica valorar que en los e-readers se pueda tomar nota mediante un stylus, pues dichas notas suelen ir unidas al dispositivo y/o al contenido. Si anoto un libro y luego debo devolver ese libro y el e-reader que lo contenía, pierdo las notas o, en caso de conservarlas, pierdo cualquier relación con el contenido. No parece muy buena idea.

Tampoco parece muy atinado prescindir de la retroiluminación que ya incluyen las pantallas de los principales fabricantes, una capacidad que mejora mucho la experiencia de lectura. Estoy seguro que a los bibliotecarios les preocupa ese aspecto.

Cuando uno se encuentra con estas cosas rasca un poco y se da cuenta que sólo uno de los modelos disponibles en el mercado entra en el estrecho rango de las especificaciones del Pliego de Prescripciones Técnicas. El afortunado es el BOOX M96 de Onyx que tiene este bonito aspecto:

BOOX M96- Fuente: Onyx International Inc. -

¡Es bonito hasta por detrás!

BOOX M96 3- Fuente: Onyx International Inc. -

Onyx International Inc. es una empresa china que fabrica y vende e-readers. Los vende directamente o bien lo hace mediante la colaboración con comercializadoras de otros países que a veces lo venden con su propia marca. Vean el aspecto que presenta el modelo que ofrece una de las mencionadas comercializadoras:

MAGNO1- Fuente: casadellibro.com -

¿Notan el aire de familia?

MAGNO2- Fuente: casadellibro.com -

Es el Tagus Magno de Casa del Libro, el mismo modelo de Onyx. Casa del Libro lo vende al precio de 299,90 €. No parece que hayan vendido muchos.

No terminan aquí las risas. Onyx vende el mismo modelo en su web europea al precio de 309 $, que al cambio a 30 de septiembre de 2014 son, aproximadamente, unos 244 €. Qué casualidad, sólo tres euros menos que el precio máximo del concurso de Red.es, nada que no pueda soportar la fluctuación habitual entre el dólar y el euro. ¡Ah! que nadie crea que la relación entre Onyx y Casa del Libro es una simple elucubración. El fabricante chino lo presenta como su partner en España.

Recapitulemos pero, sobre todo, recapacitemos:

  • Red.es, un organismo del Estado que se gasta dinero público, convoca un concurso para dotar a las bibliotecas extremeñas con un montón de e-readers.
  • En vez de fijar una cantidad óptima de dispositivos pide una horquilla incomprensible pero impide presentar diversas ofertas en función de la cantidad que finalmente se quede Red.es.
  • Mediante el Pliego de Prescripciones técnicas Red.es expulsa implícitamente del concurso a todos los e-readers menos a uno, el Onyx BOOX M96.
  • La única empresa que vende el Onyx en España es Casa del Libro / Tagus mediante la marca Tagus Magno, del que han vendido muy pocos.
  • El precio máximo que Red.es establece en la documentación del concurso es de 247,93 €, mientras que Casa del Libro vende su Tagus Magno a 299,90 € y Onyx vende su BOOX M96 en Europa a 244 € aproximadamente (309 $).
  • En comparación, los mejores modelos de 6 pulgadas de otros fabricantes cuestan 189 € (Kindle Paperwhite y Kobo Aura H2O), 119 $ (NOOK Glowlight), 129 € (BQ Cervantes) y los 119,90 € del Tagus Lux, otro Onyx tuneado por Casa del Libro.

En Red.es y en Casa del Libro nos toman por tontos

Hace poco ocurrió algo similar en la licitación de los viajes del Congreso de los Diputados. Una de las empresas concurrentes reclamó ante la mesa de contratación por considerar que el concurso incluía cláusulas que beneficiaban a Viajes El Corte Inglés. La mesa de contratación estimó la reclamación, eliminó las mencionadas cláusulas y continuó con el proceso.

Siendo un caso muy claro no era tan feo como el que aquí exponemos porque, aunque El Corte Inglés partía con cierta ventaja, los pliegos no estaban redactados de forma que fuera la única opción posible. Ignoro qué empresas se han presentado al concurso de Red.es, pero espero que alguna de ellas recurra ante la mesa de contratación que corresponda.

Está claro que alguien en Red.es y en Casa del Libro nos toma por tontos. Alguien con mucho poder de decisión cree que puede gastarse medio millón de euros manipulando un concurso público para que se lo lleve una empresa que necesita colocar desesperadamente unos equipos que sabe que no venderá mediante los canales comerciales habituales.

Creo que está todo dicho. Me gustaría que César Miralles Cabrera, Director General de la Entidad Pública Empresarial Red.es, nos diera a todos una explicación que disipara las fundadas sospechas de tongo y pasteleo; también serían de agradecer unas palabras de Félix Fernández de Gabriel, Director General de Casa del Libro, pero intuyo que sólo recibiremos el habitual silencio y ninguneo como respuesta. ¿Sabe algo de esto Jesús Badenes, Director General de la División Editorial de Librerías del Grupo Planeta, matriz de Casa del Libro? Conste, al menos, que esta vez nos hemos dado cuenta y que no, que no cuela.

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