Gritad ¡Traición! Y soltad a los perros de papel

PERRO-

La Fundación Germán Sánchez Ruipérez ha llegado a un acuerdo con Amazon para que ésta se instale en la Casa del Lector que la fundación tiene en el Centro Cultural Matadero Madrid. Los habituales rasgadores de vestiduras ya han echado mano de sus harapos y, con gran rechinar de dientes, han proferido negras jaculatorias contra un pacto que para ellos es con el mismísimo diablo.

El diario digital El Confidencial publica hoy una noticia –de la que me he enterado leyendo el blog Cambiando de tercio- en la cual se dice lo siguiente:

[…] Casa del Lector […] llega a un acuerdo con Amazon para que la empresa levante un espacio en el centro de Matadero de Madrid, llamado Zona Franca de lectura Kindle, en el que se permitirá el acceso gratuito a más de 100 dispositivos Kindle y Kindle Paperwhite.

Esta nueva iniciativa ofrece a los amantes de la lectura acceso fácil y gratuito a algunos de los títulos más populares disponibles en la Tienda Kindle española […].

Casa del Lector explica que el objetivo de la actividad es el “fomento de la lectura gratuita Kindle” y “acercar la lectura digital a todos los públicos”. […]

Antes de empezar, sendos tirones de orejas a Amazon y a la Fundación: en ninguna de sus páginas Web he encontrado ni rastro de nota de prensa que hable del asunto. Teniendo en cuenta que no hay que ser un genio de la opinión publicada para saber que un acuerdo como el mencionado es un bombazo en el gallinero editorial, servidor de ustedes echa en falta una gestión más inteligente de la noticia. También es lamentable que, a estas alturas de la tragicomedia digital del libro en España, empresas como Amazon e instituciones como Casa del Lector sigan mandando notas de prensa a los medios olvidándose del resto del webcindario. Hasta aquí mi pataleta.

Ahora les comentaré, de la mano del mismo artículo de El Confidencial, cómo se ha puesto el personal libresco más inamovible con una rarísima pero comprensible excepción. Vayamos uno por uno:

Juan Manuel Cruz, presidente de CEGAL afirma, entre otras cosas:

No podemos lograr entender cómo Casa del Lector, la casa de Germán Sánchez Ruipérez, se sienta a negociar y a acordar con este tipo de empresas. Han errado por completo el tiro, porque es una traición. Ni Germán ni nadie del sector del libro podría comprender un acuerdo de estas características, por más que la idea sea el fomento de la lectura digital.

Ramón Alba, vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Editores de Madrid y dueño de Ediciones Polifemo, dice:

La noticia es, sin duda, de escasa importancia económica, pero de muy alto contenido simbólico. Por decirlo con un titular amarillista: Amazon ocupa la Casa del Lector […] Como sucede en otras muchas áreas de la realidad política y social, quienes ocupan cargos de responsabilidad o tienen que tomar decisiones parecen a cada momento alejarse de la realidad con botas de siete leguas, ignorando las repercusiones simbólicas de sus actos. No es un crimen, pero sí un terrible error.

Ramiro Domínguez, coordinador de la comisión de pequeños editores de la Asociación de Editores de Madrid opina:

Es increíble. Me parece muy preocupante porque es tomar una posición muy clara por parte de Amazon. La fórmula para avanzar en el cambio digital no es aliarse con el monopolio […] Casa del Lector es la casa de todos los lectores, no de Kindle de Amazon.

Antonio María Ávila, director de la FGEE, ha salido de su órbita habitual para decir que no entiende tanto cabreo:

Si Casa del Lector actúa dentro de los márgenes legales, ¿por qué no lo van a hacer? […] Si todos y muchos [sic] contratan con Amazon de manera habitual lo hacen, por qué no lo va a hacer Casa del Lector. Me llama la atención que se escandalicen los libreros. Seguro que sólo es un sistema de préstamo bibliotecario.

Poca cosa puede decirse del bonito retrato que componen las opiniones de Cruz, Alba y Domínguez. La Casa del Lector, en una decisión que comprendo perfectamente, ha decidido que una buena forma de contribuir al avance de la lectura es acercar el libro digital a los ciudadanos. Para hacerlo sólo tenía dos candidatos: Casa del Libro y Amazon, imbatible con su Kindle. Su experiencia de compra y lectura es, sencillamente, la mejor. Eso es lo más importante si queremos ponerle las cosas fáciles a los usuarios. Por eso la Casa del Lector ha hecho lo que ha hecho. ¿Que han considerado aspectos económicos? No lo dudo. Es lícito.

Quien hable de traición por parte de Casa del Lector se equivoca. Amazon es una empresa que opera legalmente en España, con un producto que cubre las necesidades de lectura digital, con una abundante oferta de títulos cuyas eventuales violaciones de la Ley del Libro y su precio fijo no son muy diferentes de las del resto de actores de la cadena de valor en papel.

El ataque de pragmatismo de Antonio María Ávila también aclara el papel de la FGEE en todo esto: Amazon sirve bien a las grandes editoriales españolas –o esas son las ilusiones que ellas se hacen- y todas las acciones que perjudiquen a las pymes no les preocupan en absoluto, sean librerías o pequeñas y medianas editoriales.

Lo más triste es que los que lloran tenían suficiente con copiar bien –en Casa del Libro siguen progresando en ese aspecto- y les hubiera bastado ponerse las pilas un poco antes para copar un mercado que, hasta hace dos o tres años, era absolutamente virgen. Casa del Lector ha elegido a Amazon porque, en cuanto a lectura digital comercial, no hay (casi) nadie más. Por muchos recelos que despierte Amazon, mientras siga siendo el líder en tantos aspectos, deberemos aceptar que ocupe cada vez más espacios. Y conste que a mí no me gusta.

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No quiero registrarme, sólo quiero comprar un libro

Checkpoint-Charlie-Oct-1961-

Comprar un libro en una librería a pie de calle es algo muy, muy, muy sencillo: entras, eliges el libro que te gusta, pasas por caja y, en caso de pagar en efectivo, de tu paso por ahí apenas quedará el recuerdo. Ya hay algunos lugares en Internet donde comprar un libro de papel o digital es (casi) tan fácil. Pero otros siguen entendiendo el acto de compra como si se tratara de curzar el Checkpoint Charlie en plena Guerra Fría.

Hace un tiempo que participo en un club de lectura, relativamente informal, junto con un grupo de amigos. Somos más entusiastas que sistemáticos, nos unen una serie de afinidades, entre las cuales se cuenta la de darle a la mollera, el montañismo, la bicicleta y la gastronomía –y no siempre por ese orden. El libro propuesto para la siguiente reunión del grupo es Vidas sin fronteras, escrito por Bru Rovira y editado por Viceversa.

La mayoría de los miembros del grupo sigue leyendo en papel y les está costando mucho encontrar el libro. Bueno, de hecho no lo encuentran. He entrado en todostuslibros.com y, efectivamente, no se encuentra en ninguna de las librerías afiliadas a la web –y no son pocas. Esta tarde he decidido consultar la web de la editorial Viceversa para ver si el libro está agotado, descatalogado o en reimpresión. Esa información no aparece. Me ofrecen comprar el libro. No está mal, parece que lo venden ellos mismos. Mi gozo dura lo que tardo en darle a la cesta: tengo que registrarme, sí o sí. No hay opción. Mal. Muy mal. Fatal.

¿Alguien se imagina que al ir a pagar un libro en una librería a pie de calle antes me exigieran que me hiciera socio o, simplemente, me diera de alta en una lista cediendo un montón de datos? Habrá quien diga que en Amazon o Casa del Libro, para comprar libros digitales, debes registrarte. Es cierto pero no es lo mismo: Amazon, Casa del Libro y otros lugares similares ofrecen un servicio mediante el cual fidelizan a sus clientes. Venden un servicio y para ofrecertelo necesitan establecer una relación contigo.

Que la editorial Viceversa –no es la única- me obligue a perder el tiempo registrándome en su web a la que posiblemente nunca volveré –si no fuera por el mencionado club de lectura sus libros no me interesarian- es entender al revés el funcionamiento de la captación de datos en Internet. Los datos no son un requisito que alguien pueda pedirme a cambio de una compra aislada, son un valor que yo cedo a cambio de un servicio que puede manifestarse de maneras muy diversas, pero que se basa en mantener una relación.

Alguien podría argumentar que, en caso de comprar el libro, igualmente necesitaría identificarme de algún modo. Es posible. Pero una cosa es identificarse puntualmente y otra muy distinta registrarme en una base de datos.

No pienso comprar el libro en Viceversa por la misma razón que no me gusta volar en avión –aunque a veces no haya más remedio: el acceso al producto es antipático e incómodo. Señores de Viceversa: he entrado en su web con la compra decidida –¿saben lo que vale eso?- y ustedes me ponen ante una barrera que debo franquear. Sería muy fácil realizar la venta y mandar el libro a una librería próxima a mi casa para que yo pudiera recogerlo, a mí me bastaría con dejarles mi nombre y, a lo sumo, un teléfono y/o un e-mail. Ni siquiera es necesario que me lo manden a mi casa. ¿Es eso tan difícil de entender?

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Curso Libro 2.0: La nueva cadena de valor del libro

ABC-

Neus Arqués y Roger Domingo me han invitado a participar –junto a Lluis M. Abián y Antonio Adsuar- en la mesa redonda Críticos, influentials y lectores que formará parte del curso Libro 2.0: La nueva cadena de valor del libro. Este curso es una experiencia formativa muy intensiva mediante la que se adquieren muchos de los fundamentos de la edición digital.

Según reza la presentación del propio curso:

Libro 2.0 es un curso práctico basado en casos y cifras reales, para que los asistentes puedan incorporar y compartir los contenidos en su ejercicio profesional.

Y puedo decir que es cierto o al menos lo fue el año pasado cuando asistí como alumno. Además de su acertado enfoque, el curso también reúne a un elenco de expertos muy interesante. Además de los ya mencionados, participan:

  • Neus Arqués: escritora y analista digital. Socia directora de Manfatta. Autora de los manuales Marketing para escritores (Alba) e Y tú, ¿qué marca eres? (Alienta). Master of Arts por la Johns Hopkins University. Su blog es www.neusarques.com.

  • Jesús Badenas: Director General de Librerías. Grupo Planeta

  • Pau Centellas: Presidente de la Asociación de Agencias Literarias de España (ADAL). Agente asociado. Silvia Bastos agencia literaria.

  • Silvia Clemares: Kobo Inc. Senior Publisher Relations Manager España, Portugal e Hispanoamérica.

  • Luis Collado: Strategic Partner Dev. Manager Spain & Portugal. Google Books, eBooks, News & Magazines.

  • Antoni Daura: Presidente del Gremi de Llibreters de Catalunya.

  • Roger Domingo: Director de los sellos Deusto, Gestión 2000, Alienta y CEAC del Grupo Planeta. MBA por ESADE y Master of Science in Publishing por la Pace University de Nueva York. Su blog es
    http://rogerdomingo.wordpress.com/
    .

  • Carme Fenoll: Jefa del Servicio de Bibliotecas. Generalitat de Catalunya.

  • Ernest Folch: Director editorial. Ediciones B.

  • Claudio López de Lamadrid: Director editorial. Random House Mondadori.

  • Steve Tolliver: Socio director de Hooked, agencia especializada en la edición y la gestión de libros digitales.

  • David Trias: Director Editorial. Random House Mondadori.

Todo esto reunido en 20 horas lectivas, del lunes 10 hasta el viernes 14 de junio. Cuesta 420 € pero con la experiencia del año pasado los considero una buena inversión, no un gasto. La composición del alumnado también suele ser variada –sobre todo editores, pero también libreros y autores- y el intercambio de opiniones y experiencias es un buen aliciente. Ideal para quien tenga poco tiempo y muchas inquietudes.

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Mesa redonda: De la subvención de la cultura a la cultura de la subvención

8691796173_fa51a39066_b- Imagen: Biblioteca Eugenio Trias. Autor: Javier Torrijos (Zonaretiro.com) -

El Ayuntamiento de Madrid me ha invitado a participar en una mesa redonda titulada De la subvención de la cultura a la cultura de la subvención. Esta mesa redonda se inscribe en el encuentro profesional Reinventando la industria del libro que se llevará a cabo el próximo 7 de junio en la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trias, cuyo salón de actos funcionará como pabellón del Ayuntamiento durante la Feria del Libro de Madrid.

Mi participación incluye una exposición inicial de 15 minutos, mucho, muchísimo tiempo, para decir pocas cosas pero poco, muy poco, para profundizar en los temas. Todos aquellos que siguen este blog desde hace tiempo saben que he hablado de las subvenciones públicas varias veces. Me basaré en lo que ya he dicho en otras ocasiones y, posiblemente, en alguna más:

La contraparte estará representada por Mónica Fernández, Subdirectora General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas (al menos eso me comentó la organización, aunque en el link del acto no aparece…). Al terminar nuestras respectivas exposiciones se abrirá una conversación de unos diez minutos. Siendo este un tema polémico, creo que será un debate enriquecedor.

Estas son todas las actividades del mencionado encuentro profesional:

  • Conferencia. Librerías en las bibliotecas: el proyecto de Cataluña, por Carme Fenoll. 10:00 horas

  • Conferencia. El mundo del libro: ¿caminamos hacia un nuevo paradigma?, por Joaquín Rodríguez. 10:45 horas

  • Mesa redonda. De la subvención de la cultura a la cultura de la subvención, por Bernat Ruiz (el que suscribe). 12:00 horas

  • Mesa redonda. Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros, por Javier de la Cueva y Antonio María Ávila. 12:45 horas

Ah! es gratis hasta completar el aforo. No pienso perderme nada. ¡Será una mañana muy interesante!

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La FGEE, el cementerio donde mueren las ideas

CEMENTERIO- Imagen: HDW -

Hace años que la Federación de Gremios de Editores de España parece formar parte de los problemas de la edición, en vez de erigirse como uno de los impulsores de soluciones innovadoras. La FGEE no parece dispuesta a tomar el liderazgo que institucionalmente le corresponde. Asimismo, no parece que en el seno de la FGEE ni de los gremios y asociaciones que la componen se oigan voces discrepantes. Alrededor de la FGEE reina una calma siniestra.

Hoy la FGEE es el cementerio donde mueren las ideas del libro. Los problemas del sector son muy diversos, pero la falta de respuesta tiene mucho que ver con la morfología de sus instituciones. La edición española funciona de manera piramidal bajo el patronazgo de hombres fuertes con acceso (casi) exclusivo a recursos públicos gracias a los cuales extienden y controlan redes clientelares. Desde ahí todo sucede en cascada. Es una realidad común a otros sectores e incluso es el pan de cada día en incontables empresas, pero el mal de muchos no debe ser una coartada para tontos acomodaticios.

Federación de Gremios, o cómo crear una pirámide clientelar

Una federación de gremios es un sistema de partido único formado por una camarilla que intenta preservar las cotas de poder feudales y sus redes clientelares; eso no niega la posibilidad que, con las personas adecuadas, la estructura sea útil, pero si se falla en la “selección de personal”, se impondrán los vicios estructurales. En vez de actuar de forma lícita y lógica como lobby profesional, la FGEE actúa como asamblea de notables interesados en proteger sus prebendas, bloqueando cualquier innovación. Además, la composición de las consecutivas Juntas de la FGEE atiende a criterios geográficos y de representatividad de las majors de cada lugar, no se basa en méritos, propuestas o proyectos; el talento es algo que sólo se valora si viene de los grandes. Varios de sus miembros se perpetúan en distintos cargos, como por ejemplo su presidente: fue presidente de la Asociación de Editores de Madrid hasta 2012 y ahora compatibiliza su cargo en la FGEE con la presidencia de la Federación Española de Cámaras del Libro.

El nombre es elocuente si lo analizamos fríamente: Federación de Gremios. Que sean editores o fabricantes de escobillas de baño es lo de menos. Esta forma de organizarse nace de la histórica necesidad de crear un ente que represente, defienda y promueva los intereses de un sector institucionalmente atomizado en muchas asociaciones y gremios territoriales. La idea no es mala: por una parte se consigue un poder de influencia mucho mayor que el de la simple suma de las partes, se respeta la autonomía de cada entidad mientras que no es necesario montar una gran superestructura que sustituya a las más pequeñas. Teóricamente es una fórmula que garantiza lo mejor de ambos mundos: una atención próxima y personalizada a los asociados y un legítimo poder de influencia dirigido a las principales estructuras del Estado, teóricamente con unos costes contenidos. Pero claro… también puede garantizar lo peor de ambos mundos.

Lo que en su momento fue una buena idea concebida como herramienta, como medio para conseguir objetivos, ha devenido un fin en sí mismo. La FGEE tiene, entre sus principales objetivos, perpetuarse. Pese a que en el Artículo 3º de los Estatutos de la FGEE se establece claramente la vocación de servicio a los asociados de las entidades territoriales que la conforman, alguien decidió subvertir dicha vocación en la redacción de otros artículos, como por el ejemplo el 38º:

Cada año, la Asamblea General, a propuesta de la Junta Directiva, aprobará el porcentaje de participación de cada Gremio o Asociación al sostenimiento de la Federación, utilizando como base criterios objetivos.

Será obligación de cada Gremio y Asociación participar en los presupuestos anuales de acuerdo con estos porcentajes.

¿Verdad que suena exquisitamente democrático? Todos aquellos que estén familiarizados con la trastienda de asociaciones profesionales de este tipo saben que lo que la Junta Directiva propone a la Asamblea General suele aprobarse por mayorías propias de repúblicas bananeras. Asimismo, a esas Asambleas Generales suelen acudir muchos de sus miembros convenientemente cocinados por la Junta Directiva, que intenta asegurarse, por todos los medios a su disposición, una Asamblea dócil. A eso debemos añadir que los miembros de las asociaciones territoriales que conforman la FGEE –es decir, las editoriales- no tienen ni voz ni voto en la mencionada Asamblea, sólo la tienen sus representantes: entre los representados y los máximos representantes no hay un nexo democrático.

Pongamos un ejemplo: los editores pertenecientes a la Asociación de Editores de Madrid eligen democráticamente a su Junta Directiva. Dicha Junta, en virtud de sus propios estatutos y de los de la FGEE, manda a una serie de representantes a la Asamblea de la Federación y ocupa, también en virtud de dichos estatutos, las sillas que le tocan en la Junta de la FGEE. Una vez allí deciden, junto con el resto de miembros de la Junta, qué cantidad de dinero le toca aportar a su propia Asociación en una proporción que viene determinada por los estatutos de la FGEE, una proporción que nunca se modifica y que es reflejo del poder –número de votos- que la AEM tiene en la FGEE. En 2012 esta cantidad fue de 203.370 € y para este 2013 el presupuesto de la AME –al que he tenido acceso gracias a la gentileza de un topo muy discreto- prevé una cifra similar, 206.186 €. Eso significa que el 38% aproximado de las cuotas de los editores madrileños van destinadas directamente a la FGEE. Y nadie tose. Nadie se queja, al menos públicamente. Mientras la AME soporta la mayor parte de los servicios directos a los editores madrileños, un porcentaje muy significativo de las cuotas de sus afiliados va a la FGEE, que no rinde (casi) ningún servicio directo a los editores; otras partidas de la AME son igual de elocuentes, pero en eso entraremos otro día. Lo mismo sucede en todas las asociaciones que conforman la FGEE: una cantidad desproporcionada de recursos se destina a usos que escapan al control directo de los editores y que no les reporta nada en absoluto.

Así es como se crea y se perpetúa una pirámide clientelar,

Una disidencia muy silenciosa

¿Por qué nadie se queja? ¿Por qué nadie dice en público lo que a menudo afirma en privado? Porque sabe que el sistema de ayudas y subvenciones al libro depende del sistema clientelar en el que está metido. Los criterios de selección de las comisiones que conceden las subvenciones son una fachada tras la cual todo sucede a dedo: sólo se subvenciona lo que el ministro (o el secretario de cultura) y el presidente de la FGEE (representado por un obediente testaferro) quieren que se subvencione. Ni siquiera es necesario vetar a nadie, como el 70% de la valoración de la obra es subjetiva, basta con inventarse abstrusos motivos académicos para descartarla o, más sencillo y artero todavía, hacer que no puntúe lo suficiente y no pase el primer corte, el más decisivo (ver la primera, la segunda y la tercera parte de un artículo que dediqué a la cuestión). Con las subvenciones autonómicas pasa algo muy similar, porque la pirámide arranca en ese nivel de administración pública. Aunque esos ámbitos parecen más alejados de la FGEE, las asociaciones y gremios de cada lugar son su correa de transmisión. Eso sí, todo lo anterior es exquisitamente legal. Nadie comete ningún delito ni falta. No lo digo con sorna, es rigurosamente cierto.

Todo se sostiene por las subvenciones y otros recursos a dedo, que es la calderilla que las majors del sector dan a los pequeños para que no se muevan demasiado. Los mismos editores que, en privado, se indignan con la FGEE –algunos se sientan en las juntas directivas y las comisiones de trabajo de las asociaciones-, en público callan porque, por ejemplo, tienen pendientes de concesión las subvenciones anuales al libro. Una vez concedidas tampoco dirán absolutamente nada, porque ya cogen tanda para las del año siguiente.

A partir de ahí los editores se posicionan de diferentes maneras ante la FGEE:

  • Agremiados afectos: apoyan de forma militante a sus asociaciones, gremios y a la FGEE porque, desde una concepción corporativista de la profesión y del sector, se creen lo que dice la FGEE. Me atrevo a decir que son los más conservadores. Posiblemente entre estos están las majors.

  • Agremiados indiferentes: están en el gremio de turno porque un día les pareció bien, porque hay que estar, porque algún beneficio marginal sacan y, o les compensa un poco, o no les molesta en absoluto.

  • Agremiados desafectos: están porque para tener acceso a ciertas ayudas y subvenciones hay que pasar por el tubo. No les gusta su asociación ni la FGEE, preferirían no estar, pero tampoco critican a nadie para no perder lo poco que reciben.

  • No agremiados: no forman parte de las estructuras del sector posiblemente porque no perciben ninguna ventaja de pertenecer a ellas o, directamente, son refractarios. Ahí hay muchos innovadores que no temen el nuevo paradigma. Paradójicamente son la mayoría del sector, aunque no en facturación.

Hay otra cuestión a tener en cuenta: los gremios están pensados para acoger editoriales. Puede parecer una perogrullada, pero eso significa que su carácter es empresarial, no profesional. Eso les confiere su proverbial tendencia proteccionista y conservadora, y condena a decenas de miles de profesionales de la edición a la simple irrelevancia, a no poder intervenir en el gobierno de la edición aunque tengan una idea clara de qué debería hacerse; actualmente se agrupan en plataformas como Ediciona y hacen ruido en redes sociales, pero siguen sin tener voz.

Todo tiene cierto aire de Ancient Régime, de absolutismo francés dieciochesco. Si contamos los no agremiados (unos 1.500) y los agremiados desafectos (imposible saber cuántos son, pero pongamos un tercio del total) tenemos unos 1.800 profesionales a los que actualmente no se está atendiendo o no están contentos con el trato que reciben. En cuanto a facturación son unos enanos (aunque su valor agregado es enorme), pero representan las tres cuartas partes de las empresas del sector. La FGEE y sus asociaciones pueden sobrevivir sin contar con ellos porque monopolizan la teta del Estado y de las CCAA, pero si surge una alternativa, un banderín de enganche para inquietos, cabreados y outsiders, la existencia de la federación y las asociaciones puede ponerse en cuestión, especialmente si las nuevas estructuras son más horizontales y aprovechan todo el potencial de conocimiento compartido, que es enorme y actualmente se pierde en gran parte.

Mi conclusión es la siguiente: si no hay contestación es porque no hay ninguna alternativa, no hay a dónde ir. Eso no quiere decir que no haya toda una serie de manifestaciones alternativas a las que cada vez acude más gente, como por ejemplo la primera edición del Book Machine Barcelona, que murió literalmente de éxito con una gran asistencia de un público muy inquieto y dispuesto a hacer muchas cosas o la FLIC! de Santander que este año celebrará su segunda edición. Este tipo de profesionales, junto con nuevas editoriales que ya han nacido en el siglo XXI, no necesita del sistema de subvenciones porque, o bien nunca ha tenido acceso a ellas, o nunca se ha planteado depender de ellas para sobrevivir. En cambio pueden ser muy afines a cosas como el crowdfunding, que no es nada más que un sistema de subvención descentralizado en el que el poder lo tiene el público y cada editorial puede batirse el cobre sin intermediarios, padrinos, favoritismos ni red clientelar alguna con la que congraciarse a cambio de un mendrugo.

A partir de ahí: no hay que reformar la FGEE ni las asociaciones territoriales; no porque no sea deseable, sino porque ni tan siquiera es necesario. De hecho creo que una FGEE resucitada sería un grave problema para el sector, pues estructuralmente no cambiaría y volveríamos a estar en las mismas al cabo de poco tiempo. Si tenemos en cuenta que hay más fuera que los que están dentro… ¿exactamente quién tiene un problema?

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La FGEE, LIBER y su carta a los Reyes Magos

LIBER-2-

Queridos Reyes Magos: me llamo Javi y llevo casi un añito presidiendo la Federación de Gremios de Editores de España. Como he sido muy bueno y me he portado muy bien quiero que me traigáis muchas cosas. Lo primero que quiero es una nueva feria profesional para jugar con mis amiguitos, porque la que tengo se me ha quedado vieja, rota y no me gusta. Quiero que funcione sin pilas pero que lo haga todo solita, sin que yo tenga que hacer nada. No quiero que sea digital, me lio mucho con los numeritos y las lucecitas, aunque a algunos niños raritos les gusta mucho […].”

Este es un fragmento de la carta que Javier Cortés Soriano mandó a los Reyes Magos en vísperas de las pasadas Navidades. Hace unos días el señor Cortés mandó a la parentela editorial una carta donde explicaba cuál había sido el resultado de su navideña misiva; sus mágicas majestades son muy poco de fiar y nunca lo traen todo, de modo que más de uno se ha sentido asaz contrariado –por decirlo suavemente- con el nuevo LIBER. Como soy un descreído dispuesto a desvelar a la chiquillada libresca que los reyes son los padres, haré una lectura descarnada de las palabras de Cortés. Me saltaré la introducción y pasaré directamente a los puntos tratados. He aquí el primero (aquí puede leerse la carta completa):

LIBER tendrá lugar en las instalaciones del MADRID ARENA en la Casa de Campo de Madrid, un espacio más recogido, cercano y con muy buenas comunicaciones.

Es importante que una feria sea recogida, todos los que van a Frankfurt lo dicen año sí, año también: la feria mola, pero molaría más si fuera más recogida. Los alemanes, diligentes pero poco imaginativos, insisten en organizar una feria enorme y, claro, se les llena de gente haciendo negocios, un verdadero dislate, oiga. Hasta ahí la broma: en una escena propia de No me grites que no te veo, la FGEE ha decidido hacerle un favor al Ayuntamiento de Madrid usando una desacreditada instalación que nadie quiere. El consistorio le devuelve el favor a la FGEE cediéndolo a precio de saldo. Fin de las ventajas, porque lo que no se sostiene de ninguna de las maneras es aludir a la cercanía: a parte de la pintoresca proximidad a las putas, yonquis y otros distraídos de la Casa de Campo, el Madrid Arena está lejos del aeropuerto de Barajas, lejos de cualquier zona hotelera digna de tal nombre y lejos de la mayoría de medios de transporte de Madrid. Lejos, en suma, de todo aquello con lo que es recomendable contar si uno quiere organizar una feria internacional que se precie.

Estamos terminando de valorar la posibilidad de abrir LIBER al público ese fin de semana, desde el viernes por la tarde hasta el domingo al mediodía. En cuanto tengamos decisión al respecto os la comunicaremos.

La organización de una feria profesional no tiene nada que ver con la de una feria del libro abierta al público. Para empezar, ni los stands están preparados para poner a la venta una cantidad apreciable de libros ni su superficie suele ser suficiente para hacer frente al trasiego sostenido de dos días de ventas. Todos esos detalles tienen un coste y empieza a ser muy tarde, insensatamente tarde, como para estar dudando de si se abre o no la feria al público, porque la planificación comercial, la compra y configuración de los stands ya ha comenzado.

No habrá LIBER Digital sino CÓRNER DIGITAL donde todas las empresas podrán programar la presentación de sus productos en este soporte. Queremos que todos los editores en sus propios stands, hagan presentes sus ofertas digitales.

Qué forma tan refinada de retorcer lo que no es más que una renuncia. Si algo bueno tenía el LIBER de los últimos años era el LIBER DIGITAL, donde los proveedores de servicios digitales podían ofrecer sus productos y soluciones de forma comprensible y segregada. El invento propuesto me suena a Speakers’ Corner, sin duda muy baratito pero en ningún modo eficaz.

Tratar lo digital como un simple soporte pone de manifiesto que la FGEE vive en el siglo XX, demuestra que no están entendiendo que lo digital no es una simple versión del papel, del mismo modo que la imprenta de Gutemberg no era una simple solución para copiar libros más rápido. El libro digital se basa en un ecosistema tecnológico diferente y sus prestaciones van mucho más allá de un libro de papel con esteroides. A estas alturas tener que decir esto es… en fin, es cuestión de Weltanschauung, de la cosmovisión que uno tenga del libro. Dicha cosmovisión puede ser acertada o no, pero incluso cuando es equivocada es capaz de armar un corpus intelectual coherente y defendible. La FGEE hace tiempo que dejó de tener una cosmovisión del libro, si es que alguna vez la tuvo, y se limita a tapar agujeros y apagar incendios. O a encenderlos.

Queremos también concentrar las Jornadas Profesionales sobre los temas clave de nuestro sector apostando por ponentes significativos en el ámbito nacional e internacional.

¿Ah, pero, esto no se hacía ya? ¿Cuáles son los temas clave? ¿Qué es un ponente significativo? ¿Qué se entiende por nacional e internacional? ¿Quién va a coordinar todo esto? ¿Quién les va a seleccionar, proponer, invitar, seducir?

Vamos también a organizar dos grandes mesas redondas sobre la edición. Una de ámbito más internacional y otra más del ámbito iberoamericano con el fin de hacer de LIBER un lugar de reflexión y diálogo con proyección social.

¿El ámbito iberoamericano no es nuestro ámbito internacional por excelencia? ¿No se trata del primer y más importante mercado global al que hay que dirigirse, aquél en el que debemos concentrar la mayor parte de nuestros menguados recursos para impedir que otros la emprendan con una rediviva Doctrina Monroe? ¿Una mesa redonda –por muy grande y sesuda que sea- es lo mejor que podemos hacer para ejercer el liderazgo industrial para el que estamos capacitados? ¿Cuándo entenderemos que por muy bellos que sean nuestros discursos lo que se necesitan son acciones efectivas, eficaces y bien encaminadas?

Hasta ahora la gestión de LIBER recaía tanto en Ifema como en la Fira de Barcelona. Con el fin de revitalizar el proyecto hemos contratado los servicios de una empresa especializada en este tipo de eventos, Barcelona Meeting Point (www.bmpsa.com).

Este es el punto más controvertido de la carta de la FGEE y el que pone más de manifiesto que la gestión de LIBER ha tenido siempre los pies de barro. Barcelona Meeting Point no es una simple empresa de eventos, es la organizadora de un reputado salón internacional inmobiliario que lleva su mismo nombre, patrocinado por los periódicos La Vanguardia (Grupo Godó) y La Razón (Grupo Planeta). Lleva celebrándose desde 1997 y se ha diversificado internacionalmente, siempre dentro del ámbito de la inmobiliaria y la logística, además de algunos otros saloncitos de incierto futuro y mediocres resultados. Barcelona Meeting Point está relacionada con el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, una institución que, a su vez, también se dedica a la promoción de iniciativas inmobiliarias, urbanísticas, logísticas e industriales. Tanto el Consorcio como BMP tienen una nutrida participación política multicolor en sus Consejos Generales y de Administración. Para que nos hagamos una idea: el presidente del Consorcio es el alcalde de Barcelona, el convergente Xavier Trias, y el vicepresidente siempre lo nombra el Estado, en este caso se trata del dirigente del Partido Popular Jordi Cornet –presidente, a su vez, del comité ejecutivo del Consorcio y consejero de Barcelona Meeting Point. El presidente y consejero delegado de Barcelona Meeting Point es el ex político del PP Enrique Lacalle que, a su vez, forma parte, como “observador” –es decir, una silla de toma pan y moja-, del plenario y del comité ejecutivo del Consorcio y, desde hace tiempo, es consejero del Grupo Godó. Cierran el elenco varios concejales socialistas, verdes, republicanos, convergentes y populares del Ayuntamiento de Barcelona, así como representantes de UGT, CCOO y otras instituciones. No sé si nos vamos entendiendo…

Ahora que ya estamos todos presentados intentaremos entender la decisión de la FGEE. No sé por qué la FGEE encarga la gestión de LIBER a una empresa especializada en salones y eventos inmobiliarios, porque si algo no tiene BMP es experiencia en ferias y salones dedicados al libro o a la cultura. De hecho, tanto IFEMA como Fira de Barcelona tienen mucha más experiencia, como mínimo la que les da el haber organizado las ediciones anteriores de LIBER, por no mencionar otros salones que sí están relacionados con la cultura. Pero claro… si te llevas el invento fuera de IFEMA, a ver quién es el guapo que les pide que, ya si eso, lo monten igualmente. Por cierto, en IFEMA todavía no saben, al menos oficialmente, que ellos no van a organizar el próximo LIBER.

No sé cómo BMP va a revitalizar una feria de la que lo desconoce prácticamente todo en un momento especialmente delicado; si tomara su gestión en momento de calma chica y vacas gordas se podría entender –incluso aplaudir- el cambio, pero no ahora. La FGEE tampoco ha explicado en qué se diferenciará el nuevo LIBER ni qué ventajas concretas ofrece el nuevo gestor; es de suponer que una de las razones sea económica, pero tampoco dice nada al respecto. Tampoco presenta un plan a medio o largo plazo para reconducir LIBER, necesario si debemos creer que este es el inicio de una nueva etapa.

Junto a estas nuevas iniciativas seguimos apostando por la vertiente comercial de LIBER tan importante para nuestras editoriales.

¡Faltaría más! Gracias por no olvidarse de para qué montamos todo esto. Gracias por tener en cuenta algo obvio: LIBER es importante por su vertiente comercial. Para comer canapés, tomar copas y dedicarnos al cotilleo tenemos excusas mucho mejores, especialmente teniendo en cuenta que las majors del sector pasan olímpicamente del certamen. Siendo así: ¿estamos seguros que el viejo LIBER y el nuevo LIBER han servido, sirven y servirán a los medianos y pequeños editores? Manuel Gil lo tiene muy claro: no.

Basta con echar un vistazo a quién se sienta en la Junta Directiva de la FGEE para ver que la mayoría no debe tener ningún interés en apoyar a los pequeños y medianos editores. Las majors del sector tienen herramientas de internacionalización mucho más eficientes que una feria como LIBER, tanto es así que ni siquiera se molestan en ir. A partir de ahí el círculo vicioso está servido: LIBER pierde interés para sus potenciales compradores, a la vez las editoriales más o menos grandes pierden interés en LIBER porque ni es negocio ni el negocio se hace allí… y suma y sigue. Ninguna junta de la FGEE que se precie puede permitirse el descrédito de cerrar LIBER, pero si se limitan a administrar la miseria acabarán abocando al certamen a un fin oscuro e ignominioso.

Este cambio va acompañado también con un esfuerzo añadido de comunicación y un cambio de logo, que os adjunto, y una página web propia (www.salonliber.es). Como ves, se trata de algunos cambios que pretenden reforzar los valores actuales de LIBER y que buscan también situarlo más definidamente en el panorama de las ferias del libro en español.

Parece que lo cambien todo para que nada cambie. El cambio no añade nada, no aporta nada, no mejora nada. Simple cosmética. La cosa se cierra con el siguiente párrafo:

Todo cambio produce inquietud. Creemos que estas propuestas no ponen en peligro ninguno de los objetivos prioritarios de LIBER sino todo lo contrario. Por eso os pedimos desde la Junta apoyo, cada uno en nuestro nivel, para situar LIBER como una voz de la edición en español que se corresponda con la importancia económica de nuestro sector. En estos tiempos de dificultades y transformaciones tenemos que responder al reto de presentarnos a la sociedad como agentes culturales comprometidos e innovadores.

Todo cambio produce inquietud, pero hay cambios que, además, producen ilusión. No es este el caso. Las nebulosas propuestas contenidas en la vergonzosa carta de la FGEE no sólo ponen en peligro los objetivos prioritarios de LIBER, sino que abocan al certamen a una agonía que espero que sea breve, sólo así será posible que otros, desde otros foros, creen algo realmente constructivo. Su petición de cierre de filas tiene algo entre lo clerical y lo castrense, un insulto a la inteligencia para un sector con gente lo suficientemente ilustrada como para no entregarse a adhesiones joseantonianas. Lo de presentarse ante la sociedad como agentes culturales comprometidos e innovadores… ¿a qué especie de imbéciles creen que hablan?

Creo que debemos de dejar de sorprendernos por este tipo de despropósitos y empezar a montar una alternativa a tanta parálisis, tanto miedo y tanta incompetencia. La FGEE y sus cómplices necesarios ya no son el problema, pues quien crea en sus postulados quedará descolgado. Nos basta con dejar de creerles. Nos basta con inventarnos otras instituciones, otras herramientas, otros foros. Nos basta con crear algo que realmente sea útil. Si tenemos en cuenta el caos del que partimos, no puede ser tan difícil.

Bonus track: no se pierda El gran despropósito, el artículo que Manuel Gil ha escrito sobre el mismo tema. Le aseguro que es mejor que el que acaba de leer.

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Amazon, ese conveniente enemigo público

PUBLIC ENEMY-

Se lo dijimos y no quisieron escuchar. Les avisamos y nos lanzaron a la cara sus eternos e inmarcesibles valores del libro de papel. Les advertimos y tomaron nuestras palabras por la medida de nuestra insignificancia. Hoy ponen el grito en el cielo por aquello que su hibris ni supo, ni quiso prever. Pudieron, pero no quisieron hacer nada.

Amazon es el enemigo perfecto, el Hombre del Saco del libro, la coartada ideal para todo aquel que no hizo los deberes cuando tenía tiempo ni se puso al día cuando faltaban años. Amazon es el sospechoso habitual a quien culpar cuando algo se rompe en el barrio libresco, cuando le roban la cartera al apuesto escritor, cuando tiran del bolso de la vieja editorial. Las cosas son muy diferentes de cómo las pintan los periódicos y otros medios afines, para los cuales el pasado sólo existe si antes lo han puesto ellos por escrito. Lo que va mal en la edición española es culpa de los grandes popes que, henchidos de soberbia y sumidos en su autismo intelectual se han dedicado a empujar despreocupadamente el tiempo a puntapiés como si el mañana fuera una simple fotocopia del presente.

Llora la Asociación de Escritores en Lengua Catalana que, tras ceder a Amazon su base de datos de traductores, ahora se enfrenta con la multinacional por las condiciones que ésta ofrece –impone- a sus asociados. ¿Qué esperaba su presidente, Guillem-Jordi Graells, cuando rindió sin condiciones unos datos que, por otro lado, están a disposición de cualquiera en la web de la AELC? ¿Por qué se queja del trato que Amazon dispensa a los traductores y no sale en su defensa cuando las grandes –y no tan grandes- editoriales los maltratan del mismo modo desde hace lustros?

Clama al juzgado y a la Secretaría de Cultura la CEGAL porque Amazon transgrede la Ley del Libro con sus precios durante todo el mes de abril –and what I will court you, brunette woman, dicen en Seattle. ¿Esperaban sus prebostes que el gigante de Jeff Bezos se acobardaría ante nuestra gallardía y nuestras leyes indígenas? ¿Acaso pensaban que los americanos pedirían permiso a todos nuestros hidalgos del libro para poder entrar en lo que creían su cortijo? ¿Por qué se grita tanto cuando Amazon pisotea la Ley y tan poco cuando lo hacen sus amiguetes? ¿Cómo se pueden poner tan serios cuando la propia Ley contiene un párrafo de risa (Artículo 11, punto 1. c.) que dice que sus mayores beneficiarios podrán torearla cuando les convenga y se pongan de acuerdo?: Mediante acuerdo entre editores, distribuidores y libreros, podrá establecerse una oferta anual de precios para fondos específicos, periodos concretos y delimitados en el tiempo.

Se desgañita ante sus palmeros de la prensa la FGEE por una piratería fantasmal, con un discotequero baile de cifras, con tonterías como las que dijo hace poco Javier Cortés, su presidente, según el cual:

Es indignante. Esos 350 o 400 millones de euros que se pierden con la piratería es también dinero que deja de recaudar Hacienda. Cada vez que alguien compra un libro electrónico, un iPad u otras tabletas baja libros, lo cual funciona como un inhibidor de la compra. Y eso es la marca España.

Hace más de un lustro se les dijo, se les avisó, que de no disponer de suficientes contenidos para los e-reader y tabletas que se pondrían a la venta, los lectores los buscarían por todos los medios a su disposición. Aunque las cifras de piratería mencionadas por la FGEE salen de un chiste malo del Club de la Comedia, lo que sí es cierto es que, sea cual sea la piratería del libro en España, la causa de su volumen hay que buscarlo en la torpeza y soberbia de los editores. La mayoría empezó a tomárselo en serio demasiado tarde y han digitalizado demasiado poco.

Tras años de jugar con el tarro de las esencias; tras tanto tiempo mirando por encima del hombro a todo aquél que mencionaba los problemas de la edición española; tras conseguir desmovilizar a los editores, despistar a los libreros y acojonar a los autores, su tinglado se agota. Ahora necesitan que el culpable de todo sea Amazon para que todos sigan bailando su fúnebre música. Hoy se sorprenden cuando alguien canta otra canción:

Y en eso llegó Amazon, se acabó la diversión, llegó Jeff Bezos y mandó a parar.

Muchos no la cantamos, porque ni es cierta ni hace justicia a tantos profesionales que hace mucho tiempo que hacen bien las cosas. Esos de los que nunca se acuerdan. Esos que tanto necesitan. Esos que tanto siguen despreciando. Amazon no es la fuente de todos los problemas ni el espantajo a quien colgarle todos los males, por muchos problemas que su presencia cause. Es mejor, más inteligente, tomar Amazon como reto, que como mal.

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Mail Books For Good, una idea feliz

MAILBOOKSFORGOOD- Imagen: BMF -

Las ideas felices no abundan, por eso cuando nos tropezamos con una la reconocemos al instante. Una idea es feliz cuando te hace sonreír, cuando es sencilla, fácil, cuando parece tan evidente, obvia y a la vez tan improbable. Mail Books For Good, una idea de la agencia australiana de publicidad BMF para Random House Australia, es precisamente eso: una idea feliz.

La idea que hay detrás de Mail Books For Good es muy sencilla y la resumen ellos perfectamente (traducción propia a partir del original):

Al compartir un libro, compartimos algo más que un montón de papel manchado de tinta. Compartimos la oportunidad de aprender, de descubrir y de sentirse atendidos.

Mailbooks For Good es una innovación editorial que permite donar libros directamente a los que lo necesitan.

Al terminar el libro, lo único que deben hacer los lectores es darle la vuelta a las cubiertas para convertirlo en un paquete postal con franqueo pagado. Una vez enviado llegará directamente a las instituciones de beneficencia que se encargarán de su distribución a aquellos que los necesiten.

Mail Books For Good vende sus libros en la cadena Gleebooks, en Sydney; en el precio del libro ya se incluye el franqueo. Las cubiertas vienen preparadas para poder enviar los libros directamente a The Footpath Library, cuyo lema es enriquecer la vida dando libros. La historia de esta organización sin ánimo de lucro merece que le dediquemos unas letras. En 2003 Sarah Garnett fundó The Benjamin Andrew Footpath Library; hacía poco tiempo de la inesperada muerte de Benjamin Andrew, un joven de veintisiete años, amigo de Sarah, apasionado por los libros y la lectura. Ella respondió a la pérdida uniéndose, como voluntaria, a una ONG australiana que sirve comidas a personas sin hogar en Sydney. Cierto día, Sarah se fijó en un hombre que esperaba la llegada de la furgoneta con la cena. Estaba sentado, a la luz de una farola, leyendo una novela. Sarah empezó a llevarle algunos libros; ese fue el comienzo de la actual The Footpath Library, que ya dispone de 39 puntos de distribución en Sydney, 20 en Melbourne y 8 en Brisbane. Benjamin Andrew sigue siendo recordado gracias al premio de poesía que lleva su nombre. El siguiente vídeo es un buen resumen de qué es Mail Books For Good:

Hay un detalle muy elocuente: The Footpath Library no acepta todo tipo de libros. Son conscientes que hay temas delicados para personas que, o bien están en la calle, o atraviesan dificultades económicas, por no decir que viven en la miseria. Por eso no aceptan libros que hablen de crímenes reales, guías de restaurantes, finanzas –rechazando especialmente los dedicados a hacerse rico fácilmente-, decoración, moda, los que hablen de suicidio, depresión o drogas, manuales informáticos –obvio-, revistas –con algunas excepciones-, enciclopedias, callejeros y libros de religión.

El libro es un objeto

Es una perogrullada, pero el libro es un objeto. Es un contenedor universal de conocimientos cuya forma ha sido modificada por el hombre durante mucho tiempo y mediante diferentes tecnologías. Eso significa que, del mismo modo que no sabemos exactamente cuándo nació la actual versión formal del libro –una serie de hojas unidas por un mismo lado- tampoco podemos estar seguros de cuál será su evolución futura. Como usuarios, como lectores, puede parecernos obvio que no hay nada que mejorar en el libro de papel o con objetos tan prosaicos como la fregona, que sólo cuenta unas pocas décadas de existencia o la milenaria silla. Si así fuera los creativos de la agencia australiana BMF no hubieran tenido nada que hacer –y los avispados creadores holandeses de los Dwarsligger / Librinos, nada que patentar.

La idea que subyace a Mail Books For Good es que el libro sólo es un vehículo, pero sobre todo es un vehículo, y no tiene por qué quedar aparcado, tomando polvo, en los estantes de nuestros hogares. No solemos releer mucho y lo cierto es que aquellos que padecemos bibliofilia acumulamos grandes cantidades de libros a los que raramente volvemos.

El libro de papel no lo ha dicho todo todavía; está mucho más cerca del incierto final que de sus desconocidos inicios pero sigue siendo un buen vehículo con el que distribuir conocimiento. Mail Books For Good demuestra que se puede dotar al libro de papel con características más propias del libro digital. En este caso han conseguido que un objeto como el libro tome las propiedades virtuales, la facilidad en su envío, de un archivo digital. Y, además, con un giro altruista. Un proyecto redondo.

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Releyendo la librería (2): +Bernat, el caos organizado

LOGO+BERNAT-

En el primer capítulo de esta serie veíamos un viejo planteamiento renovado hasta en los más mínimos detalles; el caso de +Bernat es algo distinto: partiendo de un tipo de negocio ya existente –la librería y papelería de barrio- más que renovarlo se ha llevado el concepto hasta sus últimas consecuencias. El resultado es un delicioso caos organizado.

En Barcelona hay –y ha habido- todo tipo de librerías: librerías con cafetería, con restaurante, con sala de exposiciones, con sala de presentaciones, con sala de conciertos, librerías pegadas a museos e incluso librerías a secas. En +Bernat mezclan la cafetería, la sala de conciertos, el restaurante, la tienda de productos gourmet, el pequeño quiosco, el club de lectura y la sala de exposiciones en unos 160 metros cuadrados. Aquí las cosas no van con, están en. Y consiguen que todo tenga sentido.

En la +Bernat es imposible decir donde empieza o acaba un espacio; lo mejor será echar un vistazo a las fotos del local, aunque sin su bullicio habitual es difícil entender de qué va el asunto (imágenes: web de +Bernat):

+BERNAT1-

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Casi todo el interiorismo de la librería se articula a partir de un solo tipo de módulo de madera con el cual se construyen buena parte de los estantes. Parecen sueltos y fácilmente removibles; estos bloques, junto con otros pocos módulos complementarios diferentes, dan al espacio cierto aire de provisionalidad, la sensación de que pueda suceder cualquier cosa: el espacio sirve perfectamente a la función.

Almacén de cultura

En +Bernat se definen a sí mismos como magatzem de cultura –en catalán magatzem significa almacén- y eso habla tanto de lo que son como de lo que fueron. La historia del establecimiento es importante y los libros sólo son la excusa. En 1978 Montse Serrano, su propietaria, compró la pequeña librería-papelería que tenía justo delante de su casa, un pequeño local de unos nueve –sí, 9- metros cuadrados de superficie comercial. Ya sabemos que la librería-papelería es el colmado, el quiosco y el chiringuito de playa del negocio del libro; nadie se toma muy en serio la selección literaria de un local en el que se venden carpetas, bolígrafos, libretas, lápices de colores y hasta chuches –de ahí que algunos libreros puristas hayan jurado hundirse antes que diversificarse. +Bernat demuestra que una opción de supervivencia pasa por la diversificación a ultranza, siempre alrededor de la cultura.

¿Cómo se pasa de una caja de cerillas a un almacén de cultura? Hace tres años el sex shop que ocupaba el local adyacente al de la pequeña librería-papelería quedó libre y Montse Serrano se hizo con él. En eso de la cultura hay mucho lletraferit de metáfora facilona y vestidura rasgada cada vez que un McDonald’s ocupa el lugar de una librería –ya saben, McDonald’s y su pérfida cruzada contra la cultura y el libro. Me gustaría verles ahora, fatuos, vanagloriarse de cómo el placer carnal cede ante el placer intelectual y cultural, como si en sus platónicos sesos la coincidencia de ambos mundos fuera anatema. Puede que por entenderlos contrapuestos su punto de vista sea siempre tan amargo. El espíritu de papelería de barrio, la vocación de servicio y cercanía, de ofrecer de todo a todos, de diversificar al máximo la oferta para atraer a tanta gente como sea posible, de seguir aceptando sugerencias de sus clientes para ver si todavía se puede ofrecer algo más, encontró el lugar perfecto en un antiguo sex shop.

+Bernat es la librería papelería elevada a la enésima potencia. Para que el nuevo proyecto fuera posible Montse Serrano enroló a unos cincuenta socios, entre ellos Mercedes Milá o el ya desaparecido Oriol Regàs. Es la notoriedad e influencia social de algunos de ellos lo que ha ayudado a que +Bernat trascienda el barrio al que sirve y sea célebre más allá de la ciudad de Barcelona. Pero uno no se gana la confianza de esas patums de un día para otro: hay ahí un trabajo de zapa, de día a día, una vocación de servicio que acaba cristalizando en un proyecto cuando surge la oportunidad. Sin toda la labor realizada entre 1978 y 2009 esos cincuenta socios no hubieran depositado su confianza en la +Bernat ni miles de clientes seguirían haciéndolo. Aquellos que se rompen los sesos pensando en cómo rentabilizar económicamente lo del social media deberían aprender de casos como éste y el de muchas otra librerías.

Sin esa red social de carne y hueso –la de toda la vida- +Bernat no existiría, pero sin las nuevas redes sociales le sería mucho más difícil sobrevivir. Su actividad se articula en torno a su web –en realidad, un blog muy bien aprovechado- y su página de Facebook, ambas complementadas por una cuenta en Twitter bastante bien llevada. Eso permite trasladar e incluso coordinar perfectamente la actividad en la librería.

Servicios complementarios

Casi sería más fácil decir qué no sucede en +Bernat que enumerar sus actividades complementarias. De hecho creo que lo complementario aquí son los libros; tentado estoy de considerarlos un simple decorado si no fuera porque, efectivamente, la selección está hecha con criterio y te permiten comprarlos. Resumamos la agenda prevista para este mes de mayo como ejemplo de la frenética actividad que se vive en la librería (aquí se puede ver completa la del mes en curso):

  • Presentaciones de libros
    • Ruperta”, jueves 2 de mayo, 19.30 h.
    • Mujer y taxista, anécdotas”, viernes 3 de mayo, 19:30h.
    • La geometría y el ensueño”, posterior coloquio con el autor y con el editor Malcom Barral. 17 de Mayo, 19:30h.
    • Asesinato en el club de bridge”, martes 21 de mayo, 19.30h.
    • “Tienes talento ” de Christian Gálvez, miércoles 22 de mayo, 19.30h
    • Viaje virtual a la Antártida”, martes 28 de mayo, 19.30h.
  • Club de lectura: “El cuerpo humano de Paolo Giordano”
    • Miércoles, 8 de mayo, 20.30h
    • Cena y tertulia: 15€

  • Sant Ponç puja a l’eixample, sábado 11 de mayo, por la mañana
  • Toros y cultura, 14 y 17 de mayo, 19.30h
    • Proyección de la película “Torero” de Carlos Velo.
    • Coloquio con Paco March y Jordi Bernadó, fotógrafo. Durante todo el mes de mayo tendremos expuestos los dibujos del pintor Javier Montesol.
  • Conferencia: Cómo nos manipulan los medios de comunicación, jueves 16 de mayo, 19:30h.
  • Los clowns de la Bernat, actividad infantil. Sábado 18 de mayo, 12.00h
  • Concurso de micro cuentos con Tea Stilton, viernes 24 de mayo, 18.30h
  • Talk about, debate en inglés (Ziggurat English Services) jueves 30 de mayo, de 19.30h a 21.00h (15€).
  • Talleres

    • English breakfast: todos los jueves de 10 a 11h. 10€ / por clase
    • 3º Taller de poesía: “Del siglo XX a nuestros días” con Teresa Martín. Todos los miércoles de 19.30h a 21.30h (del 15 de mayo al 10 de julio)
  • Exposición de pintura de Javier Montesol: del 13 al 30 de mayo

Hay que tenerlos muy bien puestos para organizar, en una ciudad tan anti taurina como Barcelona, un par de jornadas a hablar del asunto. Esta muestra de carácter también explica por qué, para complicarse todavía más la vida, +Bernat se ha puesto a editar libros. El primero, que no está nada mal, se titula Mentre el meu cap sap que no tornaràs, el meu cor segueix esperant-te, que en castellano significa Mientras mi cabeza sabe que no volverás, mi corazón sigue esperándote, es de muy reciente aparición y sólo se vende en la librería.

Si el concepto que veíamos en Re-Read es fácilmente seriable gracias a su pulcritud y sencillez, el de +Bernat es irreproducible. +Bernat no es una librería, es una red social inspirada por Montse Serrano y creada alrededor de un concepto de cultura, tan amplio y tan vivo, que no deja a (casi) nadie fuera. Estoy seguro que +Bernat crea lectores, personas que, sin haber leído casi nunca, han empezado a hacerlo tras participar en alguna de las actividades o, simplemente, comer en su restaurante metido entre libros. Esta es otra de las muchas formas de enfrentarse a la crisis del libro desde una librería. Iremos viendo más.

P.D: esta serie se irá ampliando con el tiempo. Si alguien conoce alguna librería que merezca estar aquí, ruego me lo comunique. ¡Gracias!

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Releyendo la librería (1): Re-Read, el diablo está en los detalles

REREAD-Todas mas imágenes de este artículo proceden de la página de Facebook de Re-Read

La librería tradicional está en crisis. La crisis también es oportunidad. Este es el primero de una serie de artículos en los que veremos libreros y librerías que saben releerse para reinventarse, para dar una vuelta más a una actividad tan antigua como sólida: la venta profesional de libros de papel y, en suma, la venta profesional de cultura.

Re-Read es una de las respuestas a la crisis de las libreras Laura Garriga y Mercedes Zendrera. La intención inicial de las propietarias de la librería Baïbars era trasladarse al centro de la ciudad para aumentar su clientela. Decidieron hacer algo radicalmente diferente. Se presentan como una librería low cost, la librería de viejo de siempre. Hasta ahí no parece nada nuevo y lo cierto es que no lo es. Pero lo han repensado todo.

El local de Re-Read no tiene nada de especial: 80 metros cuadrados, unos 5.000 libros, un mostrador diminuto, paredes blancas, iluminación sencilla y unas sobrias estanterías blancas que también son de segunda mano. A muchos barceloneses les resultarán familiares porque hasta octubre del año pasado formaban parte de la desaparecida librería Catalònia. Un detalle de justicia poética. Casi un guiño para los gastasuelas de las grandes librerías de la ciudad.

En Re-Read los libros no son viejos ni antiguos, son usados. Pueden ser de edición bastante reciente –unos pocos años- o contar décadas en sus amarillentas páginas. A tenor de lo que dicen en su página de Facebook la rotación es muy alta, pues en las últimas tres semanas han renovado el 64% de los títulos, unos 3.200 aproximadamente. Teniendo en cuenta la naturaleza del negocio y que acaban de empezar, no está nada mal.

El diablo está en los detalles

Re-Read no sería noticia si no fuera por los detalles, tratados y combinados con esmero. Han cuidado diversos aspectos importantes: la imagen de marca, el sistema de precios, las secciones en las que se divide la librería y la comunicación con sus clientes:

Imagen de marca: el primer aspecto importante de una marca es el nombre, en este caso Re-Read –releer, en inglés. Fácil de recordar, universal, descriptivo y breve. Se ha desarrollado una sobria imagen interior; las diferentes secciones se distinguen con libros ficticios las cubiertas de los cuales exhiben su identificación gráfica, como en los ejemplos que se muestran a continuación:

portfolio_ofertasportfolio_policiacaportfolio_novela_historicaportfolio_novela_clasicaportfolio_filosofia

Sistema de precios: un libro cuesta 3€, dos libros se venden a 5€ y cinco libros a 10€, sean cuales sean, sin importar título ni extensión. También suele haber ofertas de libros a 1€. El estado de los libros es entre satisfactorio y bueno y los precios son muy atractivos.

Secciones: la librería se divide en secciones temáticas como Teatro, Novela clásica, Policíaca y de acción, Novela histórica, Economía, Ciencias, Filosofía y ensayo, y Arte. También hay otras secciones no temáticas como Ofertas a 1€, Acaban de llegar, y Oportunidades.

Comunicación con los clientes: uno de los puntos fuertes es la fluida comunicación con los clientes, mantenida especialmente desde su página en Facebook, siempre actualizada, siempre con novedades e información de interés. También es destacable su sistema de alertas de novedades, que permite fidelizar y rentabilizar la relación con los clientes.

Cambiarlo todo para que todo siga siendo posible

Re-Read no ha inventado nada, lo que han hecho es dotar el proyecto con varias características propias del comercio electrónico. Sin acabar con la incertidumbre inherente a toda librería de segunda mano –es imposible saber qué llegará el mes que viene, la semana próxima o simplemente mañana mismo- ordenan el producto de tal manera que hacen la compra fácil. Se pierde la sensación de rebuscar entre el caos, pero se gana en sorpresa agradable. Si a eso sumamos el trato directo mediante redes sociales, la experiencia de visita, compra y lectura no puede ser mejor.

El aspecto más sutil y el que ha pasado más desapercibido es para mí el más importante: el concepto de negocio es tan sencillo y la imagen gráfica es tan eficiente que todo parece concebido para abrir una cadena de tiendas y/o franquiciar el concepto. Cualquier ciudad con una mínima actividad librera puede acoger una tienda Re-Read. Importa poco, al menos de momento, que la crisis del libro afecte a las librerías tradicionales, porque Re-Read está concebida para competir con la oferta digital, especialmente en aquellos títulos para los cuales el tiempo importa poco o, a la inversa, el tiempo forma parte de la historia.

Destacar, finalmente, que Garriga y Zendrera se han puesto en manos de buenos profesionales para solucionar aquellos aspectos en los que han necesitado ayuda: la acertada imagen es obra del estudio Talking, mientras que en las redes sociales se dejan asesorar por Kimind. Un librero no sabe, no puede, ni debe, hacerlo todo.

Re-Read demuestra que el libro de papel está muy vivo si se le permite competir con imaginación y amplitud de miras. Obviamente no todo es trasladable a la librería tradicional, pero apunta un futuro muy interesante a la transición al nuevo paradigma, una transición que puede ser más larga y fructífera para el papel con soluciones como ésta.

 

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