Financial Times: desintermediando, que es gerundio

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Recientemente el periódico británico Financial Times abandonó las aplicaciones para iPad y iPhone, concentrándose en su aplicación web desarrollada sobre HTML (visto en Actualidad Editorial). Es un paso en la dirección de la eficiencia, del sentido común y de la desintermediación bien entendida.

Hace años que sigo con recelo la creación de aplicaciones para la compra y lectura de publicaciones. Pienso que es un callejón tecnológico sin salida por la proliferación de dispositivos y sistemas operativos, y porque sólo cambia un intermediario como la imprenta, por otro como el proveedor de aplicaciones, cuando HTML ofrece soluciones universales. Era cuestión de tiempo que los medios empezaran a darse cuenta de la irracionalidad de esta estrategia y decidieran desintermediar de verdad.

Desintermediar e internalizar para poder contraerse

El mercado del libro digital será, al menos al principio, más pequeño que el del libro de papel a igual número de títulos. Posiblemente a la prensa le pase lo mismo. Como ya he comentado otras veces, habrá que tratar mejor a los autores compartiendo algo más del pastel; los precios percibidos por el público como justos son ya un 30% más baratos que sus correspondientes en papel y tienden a seguir bajando. Tampoco debemos soslayar la creciente oferta gratuita, cuya calidad a menudo es competitiva. Estos factores serán, entre otros, los que menguaran los márgenes de las editoriales. Pero en esta destrucción creativa tan schumpeteriana la misma tecnología que amenaza al sector brinda las herramientas para superar el reto.

La digitalización exige que una editorial sea capaz de internalizarlo casi todo. En caso de los grandes grupos es posible que puedan hacerlo adelgazando a la vez sus estructuras, aprovechando su escalabilidad de procesos; el libro digital bien gestionado necesita menos mano de obra que el libro de papel. Los editores de mesa deberán poder dar salida a los libros listos para su venta con muy poco asesoramiento. Deberán tener nociones de posicionamiento en buscadores (SEO) y ser capaces de entender cómo funciona un archivo EPUB o AZW, aunque creo que no será necesario que sepan escribir código. En las editoriales pequeñas el incremento de habilidades digitales redundará en una mayor productividad por persona a iguales costes estructurales.

Esto pone de manifiesto ciertas necesidades que el sector no está cubriendo de manera resolutiva:

  • Formación: las principales instituciones del sector no están haciendo casi nada en este aspecto, más allá de organizar conferencias y mesas redondas en las que se repite casi lo mismo desde hace un par de años. Eso redunda en un panorama de profesionales autodidactas, entusiastas, pero bastante despistados.
  • Tecnología: (casi) no existe ningún software capaz de agrupar todas las tareas de edición digital mediante una interfaz cómoda, intuitiva y gráfica, aunque hay iniciativas interesantes como la de Inkling Habitat, por ejemplo. Algunos programas gratuitos cubren una parte importante del trabajo, como Sigil o Calibre, entre muchos otros. Otros archiconocidos, como InDesign, ofrecen una ayuda razonablemente buena, especialmente en la conversión de libros pensados para imprenta, pero no rematan del todo el trabajo y es necesario purgar los archivos mediante Sigil.

El sector editorial español es perezoso en formación y en tecnología. En formación porque la inercia provoca que en másteres y post-grados se siga enseñando casi lo mismo que hace 10 años. En tecnología porque las principales instituciones y empresas no se han preocupado por innovar en herramientas de edición, cuando sí lo han hecho en las de distribución (SINLI) y algo menos en gestión de librerías. Alguien podrá argüir que no es su problema y que para eso están empresas como Adobe; opino exactamente lo contrario: si una industria renuncia a marcar sus propios estándares tecnológicos –y la industria editorial española renuncia a ello desde hace muchos años- vendrán otros e impondrán los suyos. A finales del siglo pasado los programas digitales de edición (Quark XPress, por ejemplo) permitieron a la industria editorial incrementar considerablemente su eficiencia. Puede que eso llevara a algunos a pensar que las herramientas digitales no eran su problema y que siempre habría un proveedor listo para servirles lo que necesitaban.

Ahora el estándar tecnológico lo ha marcado otro y, con él, el funcionamiento del mercado; la industria editorial debe tirar a la basura una parte muy importante del aprendizaje tecnológico adquirido. Aun así, la industria parece seguir negándose a innovar por su cuenta y a invertir en I+D+i en su propia casa. El resultado empieza a ser tristemente evidente: para leer un libro digital hay que cargarse de indulgencia. Los libros suelen configurarlos programadores con pocas nociones editoriales y no parece haber controles de calidad por parte de las editoriales. El problema es preocupante cuando afecta a grandes grupos editoriales con capacidad de acceder a conocimientos tecnológicos. Resultado: los libros digitales dejan mucho que desear pese a ser elaborados por proveedores –que se jactan de especialistas- como los que aparecen en los créditos de dichos libros; que eso pase en Amazon es más preocupante, pues el formato es cerrado y los dispositivos son muy pocos, ergo el control de calidad es más fácil.

Curiosa industria: externaliza la producción digital de su core business, añadiendo intermediarios y costes, para conseguir un resultado peor que el que ella consigue en papel. Alguien se está equivocando mucho y desde hace mucho tiempo pero, ¿por qué? Creo que todo tiene una explicación muy sencilla; el problema está en la alta dirección de aquellas empresas sometidas a un cambio de paradigma tecnológico. Lo vengo observando desde hace más de diez años en distintas empresas, sean grandes o pequeñas y en diferentes contextos. Podemos formular tres principios muy sencillos cuya combinación es devastadora:

a/ La capacidad de aborregamiento de un directivo es directamente proporcional a su ignorancia en asuntos tecnológicos.

b/ La capacidad de influencia de un técnico cualificado en una decisión técnica es inversamente proporcional a la ignorancia tecnológica del directivo de quien depende la decisión.

c/ La tendencia a externalizar una función, servicio o producto es directamente proporcional a la ignorancia tecnológica de un directivo acerca de dicha función, servicio o producto.

Por aborregamiento entendemos la capacidad de seguir tendencias dominantes escasamente fundamentadas, léase iPad y todo el montón de aplicaciones basura dedicado a contenidos que ha generado. El desprecio al técnico de la casa es algo tan hispánico y tan instalado que no necesita explicación. Hoy se tiende a aligerar estructuras por el expeditivo procedimiento de dar una patada en el culo a departamentos enteros que pasan a convertirse en empresas de servicios o son comprados por otras empresas que, al cabo de un tiempo, echan a toda la antigua plantilla ofreciendo, a cambio, un servicio pésimo. Pese a obtener un servicio peor del que ofrecía el anterior departamento integrado en la empresa, si lo externalizado es algo más o menos accesorio al core business, puede ser un error de concepto y de estrategia a medio o largo plazo, pero tendrá un pase a efectos de gasto. El problema es cuando las editoriales externalizan el core business dejando a otros la producción de sus contenidos digitales.

Muchos editores piensan que la digitalización es como la impresión: sólo es la salida de un proceso productivo que ellos controlan. Ya no es así: hoy el libro digital tiende a convertirse en un servicio y el prestador de dicho servicio –la editorial- debe controlar todos los aspectos de la experiencia de uso que brinda a sus clientes. Debemos internalizar porque el negocio de la editorial está en asegurarse que los contenidos que ofrece salen con unos estándares mínimos de calidad que garantizan una experiencia de usuario óptima para cada público; dichos estándares deben ser supervisados internamente y el núcleo del negocio no puede depender de un proveedor externo.

Tampoco se trata solamente de controlar íntegramente el proceso: si uno depende de empresas como Apple y su AppStore, estará sujeto a sus reglas de funcionamiento y deberá pagar un peaje, económico y tecnológico, que con HTML puede ahorrarse. Sus clientes dejarán de ser suyos y pasarán a ser de Apple, con lo que dependerá de proveedores externos para las aplicaciones y de una relación absolutamente asimétrica y desventajosa en la distribución.

No nos devanemos más lo sesos: la plaga de aplicaciones centradas en el iPad y el iPhone para todo tipo de publicaciones y libros se debe a comportamientos directivos de manada. Que era económicamente ruinoso ya lo sabíamos muchos desde el principio. Que además era tecnológicamente innecesario y que el público no hubiera distinguido cualitativamente entre una app y una solución web HTML lo demuestran decisiones como las de Financial Times. Sirva todo esto para dejar de invertir montones de dinero en tonterías y empezar a invertir, de una vez por todas, en soluciones tecnológicas que brillan muy poco pero pueden devolver a las editoriales el centro de su propio negocio. Es necesario desintermediar e internalizar para recuperar el control de la edición.

 

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Acerca de Bernat Ruiz Domènech

Interesado en la edición digital y en todos aquellos aspectos que afectan al cambio de paradigma del libro, en especial al libro como extensión de las facultades intelectuales humanas, es decir, el libro como fenotipo extendido.
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6 respuestas a Financial Times: desintermediando, que es gerundio

  1. todavía son muy pocos los que se atreven a decir lo que has dicho líneas arriba de una forma tan clara y contundente. Aunque sólo fuera por el ahorro de generar una solución independiente de sistema operativo y dispositivo, la versión de una publicación en HTML5 gana por goleada a las tan mentadas apps.

    Hace tan sólo unos meses lo que has dicho no es que fuera atrevido, sino que habría sido considerado o bien como una herejía o bien como una estupidez desinformada. Sin embargo, el tiempo da y quita razones y lo único que hay eterno en tecnología es que el ritmo de cambio y de sustitución de las modas es siempre mucho más rápido de lo que le gustaría a quienes apuestan el todo por el todo por una de las múltiples modas pasajeras.

    Me parece evidente que editoriales y empresas de comunicación de todo tipo que quieran sobrevivir cobrando por su trabajo sólo tienen como salida realista a la que comentas. Ya no es sólo que las apps logran el sorprendente efecto que tus clientes pasen a ser clientes de Apple, sino que se pierde el control una y otra vez sobre lo que publicas, llegándose a dar casos chuscos como el que sufrió Muy Interesante. Como recordarás, esa veterana de la divulgación en España se tuvo que zampar hace no mucho tiempo una bonita e innegociable censura con motivo de publicar una fotografía de un desnudo. Si encima tenemos que dividir nuestros menguantes recursos en mantener las publicaciones en las plataformas principales (que en 2013 van a ser iOS, Android y Metro, como mínimo), me parece que la cosa no tiene mayor discusión

    Uno de los motivos iniciales del éxito del iPad en 2010 fue el bombardeo mediático por saturación. Los principales grupos mediáticos del primer mundo apostaron desmesuradamente por el iPad como medio para mantener los ingresos por venta de contenidos. Luego se fueron acumulando otros motivos, pero me parece que sólo hay que hacer un breve ejercicio de memoria o tirar de Google para recuperar unas decenas de titulares áulicos. Eran los tiempos en los que, como siempre, parecía inevitable un triunfo duradero del nuevo formato. Pero tanto la pérdida de control como la mordida son tan grandes que ahora también resulta inevitable que algunos de los grandes y con más margen de maniobra se hayan replanteado las cosas. eso, y sobre todo que las previsiones infantiles de ventas se han revelado como eso, como infantiles, como un wishful thinking pueril.

    Hace no mucho, el “there is an app for that” parecía eterno y de crecimiento ilimitado. Vistas las cosas,me parece razonable asumir que ha habido una burbuja de expectativas por parte de los grandes medios y empresas de comunicación respecto a esta fórmula.

    Finalmente, a esta situación hay que añadir un factor más: La evolución de la cotización de las acciones de Apple. Nunca deja de fascinarme como siempre hay gente que cree que cierta burbuja va a ser diferente a las anteriores, y que tras una subida desmesurada se va a alcanzar cierta estabilidad, meseta o como se quiera llamar. Pero no hay más que abrir un gráfico con la evolución de las acciones de Apple desde 2008 para encontrarnos que desde diciembre del año pasado estamos en pleno momento de euforia en la evolución de esta burbuja

    El artículo mítico del NYT sobre la burbuja inmobiliaria se titulaba “las burbujas duelen cuando explotan (bubbles hurt when burst, o algo así). Cuando explote esta burbuja, le va a doler exactamente al mismo al que le dolió la explosión de la burbuja anterior o de todas las burbujas anteriores: al que, llevado por la irracionalidad, se ha empecinado en pensar que esta vez va a ser diferente. Y al frente de esa persona y de sus imaginadas gallinas de huevos de oro se encuentra el habitante auténtico, el superviviente de la jungla bursátil: el que ha pasado por decenas de situaciones como ésta, conoce a la perfección la dinámica y está cada vez más cerca de querer cosechar sus beneficios.

    • Hola Juan Luis,

      Hace unos meses ya me atreví a decirlo, siempre me ha parecido una memez por una simple cuestión de experiencia de usuario: ¿se supone que debo descargarme 50 apps, y una nueva por cada cosa que consuma? parece que los gestores de los medios de comunicación piensan que el suyo es el único medio del mundo. Cuando el fenómeno pasó al libro la cosa ya era de risa, no sólo porque provoca la pérdida de los clientes sino porque los márgenes editoriales no dan para eso -con la actual estructura empresarial muchos no dan ni para EPUB.

      Tu alusión a la burbuja es acertada. Si, como en este caso, la burbuja viene patrocinada por el “gurú de guruses”, vemos como personas hechas, derechas y que se afeitan a menudo, pierden los papeles y el dinero en pos de una tierra prometida en la que los medios de comunicación mantienen sus privilegios industriales y comerciales sin despeinarse. El caso de Muy Interesante es de esos que ilustran de manera eficaz los problemas. Me duele por ellos, especialmente porque muestran una valentía que a muchos otros les falta, pero fue muy didáctico.

      Al mencionar el artículo del NYT acerca de la burbuja y como ésta también estallará, he recordado a Rupert Murdoch y su convencimiento que el iPad era el salvador de la industria periodística. Sentí pena. Tuve la sensación que chocheaba. Entonces recordé que seguía siendo el dueño de un imperio y que, los imperios, en su ocaso, provocan muchas víctimas inocentes.

      Gracias pot tu larguísimo comentario!

      Bernat

  2. Pingback: Financial Times: desintermediando, que es gerundio | verba volant, scripta manent « Valor de Cambio

  3. Jaume dijo:

    Ufff, a la de clientes que les insisto que hagan ebooks, basados en estándares, antes que apps. Pero quieren Apps, y ya está aunque non les sirva de nada y cuesten 10 veces más…

    • Hola Jaume,

      Creo que sólo el tiempo y el dinero les convencerán de lo contrario, claro que la decisión de alguno de Los Grandes les aclarará alguna idea. Comportamiento de manada, para lo bueno y para lo malo. El problema es el comportamiento en sí, especialmente en personas que se supone que han recibido la mejor formación y han gozado de muchas oportunidades.

      Gracias por tu comentario!

      Bernat

  4. las artes dijo:

    Si, además, como sostiene con gran acierto Arantxa Mellado , en el mencionado número de Texturas , en el artículo “La evolución de las especies (editoriales)”, las tecnologías digitales están favoreciendo modos de desintermediación inusitados que generarán nuevos tipos de autores más allá del literato tutelado, que sepan valerse de los recursos y tecnologías que la web les da para crear, distribuir y llegar a sus públicos potenciales valiéndose o no de los servicios que les proporcionen los editores, nos encontramos ante lo que lo irreversible: “la cadena de valor del libro”, dice Mellado, “se está transmutando en una red de valor; va a dejar de ser lineal para transformarse en reticular, con nuevos agentes, nuevos oficios, nuevos canales de distribución, nuevos canales de venta, nuevos lectores, nuevos consumidores y nuevos productos editoriales enlazados entre sí formando las ramificaciones que conforman la Red”.

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