Subvenciones a la edición 2012 (2): problemas

DOMUND3-

Las subvenciones a la edición de libros están concebidas para ser otorgadas a dedo, no inciden en la industria más allá de aportar un modesto volumen económico a la facturación total del sector, no incentivan su reconversión industrial, excluyen la autoedición y, como veremos, se conceden sin atender al tamaño de quien las solicita. A continuación, la lista de problemas observados.

A dedo

Comentaba en el anterior artículo que el meollo de la cuestión estaba en la forma de puntuar los proyectos presentados. Si tenemos en cuenta que el 70% de la valoración es a criterio de los miembros de la comisión –los 70 puntos otorgados por interés cultural- y que dos tercios de dicha comisión es designada por un cargo político, quedará claro que el sistema funciona a dedo. Eso no significa que la selección de proyectos subvencionados sea claramente sesgada, tal como podemos ver si comparamos los proyectos presentados con los finalmente agraciados, pero sí que deja la puerta abierta a la presión directa del ministro de turno para ver con mejores ojos unas u otras propuestas. Aquellos editores con acceso al ministerio pueden estar tentados de llamar preguntando aquello tan hispánico de qué hay de lo mío. Nunca es bueno dejar la puerta del gallinero abierta. Tampoco es bueno que los directores generales sean cargos de designación política, pero eso nos metería en un debate muy diferente.

Incidencia sobre la industria: falta de incentivos

La incidencia que sobre la industria tienen estas subvenciones se limita sólo a su volumen y van dedicadas a la producción de libros, es decir, de bienes de consumo. No se incentiva ni la modernización ni la reconversión industrial del sector, no se actúa sobre los medios de producción. No se exige que el libro a editar cuente obligatoriamente con una versión digital. Vagamente se otorgan dos puntos –de un total de cien- si la versión digital cuenta con hipervínculos, pero como no dicen cuántos es de suponer que con uno o dos bastará. También otorgan dos puntos si el ebook incluye ilustraciones y/o fotografías, como si eso fuera un alarde técnico digno de premio. Los puntos otorgados por digitalización parecen pues un par de parches añadidos para cubrir el expediente y no discriminar demasiado los proyectos digitales que no pueden beneficiarse de puntos extra por la calidad de la encuadernación o el número de páginas. Promover precisamente las encuadernaciones más caras, premiar que se sobrepase las 300 páginas o incluso las 500 –como si la calidad se midiera a peso- no es muy compatible con ediciones al alcance de la mayoría de la población. En vez de premiar la eficiencia en el proceso editorial –la calidad-, se premian los acabados caros y los libros gordos –la cantidad.

No hablemos de cultura cuando se trata de industria

De una forma sutil pero eficaz estas subvenciones dedicadas a la cultura acaban beneficiando especialmente a la industria, pues excluyen expresamente cualquier tipo de ayuda a aquellos autores que deseen autoeditarse o que quieran asociarse económicamente con su editor.

Lo que el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes tiene muy claro es que los autores no son nadie para enriquecer el patrimonio bibliográfico español y que eso debe ser exclusiva de la industria editorial (sic). Como he dicho en otras ocasiones, para este tipo de componendas nos sobra y nos basta con el Ministerio de Industria.

Si la comisión que valora y otorga las subvenciones realmente se basa en criterios de calidad literaria y bibliográfica, ¿qué más da de donde venga la propuesta, sea un autor o una editorial?

¿A quién se otorgan las subvenciones?

Las subvenciones se otorgan a proyectos editoriales, no a empresas, aunque lógicamente son estas las que reciben el dinero. No importa si se trata de grandes grupos o de medianas o pequeñas editoriales porque, teóricamente, lo que se valora es la calidad intrínseca de la obra. Es decir: se subvenciona a ricos y a pobres por igual; bueno, en realidad se subvenciona mucho más a los ricos, pues se presentan a las subvenciones cual hidra de siete cabezas. Pondremos un ejemplo con las editoriales pertenecientes al Grupo Planeta:

DEUSTO (Centro libros PAPF, SAU): 16.484,48€

Columna Edicions Llibres i Comunicació SA: 4.200,00€

Ediciones Destino SAU: 7.928,24€

Edicions 62 SA: 11.583,24€

Editorial Crítica SL: 29.279,55€

Editorial Planeta SA: 4.081,87€

Editorial Seix Barral SA: 21.803,97€

Círculo de Lectores (Galaxia Gutenberg SL)i29.593,55€

Grup Editorial 62 SL: 9.498,20€

TOTAL: 134.453,10€ 104.859,55€

Actualización: Galaxia Gutenberg SL fue adquirida en 2011 por Joan Tarrida a Bertelsmann y Planeta. Ver noticia en La Vanguardia. Gracias a José Antonio Millán por avisarme y a Jorge Portland por el enlace a la noticia.

El Grupo Planeta consigue más de ciento treinta mil euros para unos veintiséis proyectos repartidos en las mencionadas nueve editoriales. No dudo que los proyectos presentados sean merecedores de una subvención vistos caso por caso. No dudo que todos cumplan todos los requisitos exigidos. Pero no tengo claro que haya que subvencionar a grandes grupos editoriales y de comunicación mediante unas ayudas que dicen ser a la cultura, no a la industria. Según la letra de la ley todas ellas caben, según su espíritu no lo tengo tan claro.

Planeta no es el único gran grupo que se presenta. Tenemos a Random House, Wolters Kluwer, Santillana, entre otros. Aunque ninguno de ellos presenta tantos proyectos como Planeta, el monto total concedido a todos los grandes grupos es muy significativo.

Torpeza de las editoriales

Finalmente hay un problema que cae del lado de las editoriales. Dos millones de euros, bien repartidos, permiten financiar parcialmente un buen número de proyectos. Esa es una de sus bondades. Bien, parece que los editores no aprecian esas bondades, y eso por dos motivos:

  • Pocas candidaturas: en un país que en 2011 contaba con 2.138 editoriales activas de todo tipo (ver datos), sólo solicitaron ayudas 388 –y ya hemos visto que algunas pertenecen a grandes grupos. Es cierto que muchas editoriales son de género, pero dudo que solo el 18% de todas las editoriales españolas tenga obras susceptibles de recibir subvenciones.
  • Propuestas poco preparadas: de las 388 editoriales que presentaron proyectos, 51 incurrieron en causa de exclusión ya de entrada por no cumplir con algún requisito fundamental, 94 presentaron sus expedientes completos y sin errores, mientras que las 243 restantes presentaban algún defecto subsanable dentro del plazo establecido. Que solo el 24% de las editoriales pudiera presentar sus proyectos a la primera sin ningún problema es significativo.

Todos los datos invitan a pensar que se trata de subvenciones a la industria camufladas de ayudas a la cultura. Este es un tipo de ayudas públicas impensable en el caso de bienes de consumo como electrodomésticos y automóviles, ayudas directas que, además, la UE sanciona duramente; el manto cultural es el santo y seña que permite al Gobierno y a la industria editorial mantener estas subvenciones a dedo.

No dudo que otras industrias, como la cinematográfica, funciona de manera parecida y que esto pasa en otros países de la UE. Pero que sea un mal de muchos no tiene por qué consolarnos. En la siguiente y última entrega propongo la reforma de las subvenciones: Subvenciones a la edición 2012: reformas (y3)

iGalaxia Gutenberg es el sello de Círculo de Lectores para librerías, el 50% pertenece a Grupo Planeta y el otro 50% a Bertelsmann, por eso se incluye en este listado, pese a no estar controlado totalmente por Planeta.

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Acerca de Bernat Ruiz Domènech

Interesado en la edición digital y en todos aquellos aspectos que afectan al cambio de paradigma del libro, en especial al libro como extensión de las facultades intelectuales humanas, es decir, el libro como fenotipo extendido.
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11 respuestas a Subvenciones a la edición 2012 (2): problemas

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  3. Excelente análisis. Pero una nota al pie: Galaxia Gutenberg, hasta donde yo sé, es desde hace un par de años una editorial privada, que resulta que coedita sus títulos con Círculo, éste sí de Planeta y Bertelsmann.

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  5. Elena Rius dijo:

    Presentar la solicitud de subvención supone un considerable papeleo, recopilación de documentos, etc. No es extraño que las pequeñas editoriales, que tienen poco personal y pocos medios, sean reacias a dedicarle esfuerzos que luego quizás no obtengan rendimiento. Tampoco es extraño que haya tantas editoriales que presenten las solicitudes incompletas o con defectos; lo dicho, la burocracia no lo pone fácil. En cambio, los grandes grupos cuentan con personas casi especializadas en este tipo de trámites, de ahí que se lleven una buena parte del dinero otorgado por el Ministerio. Otro sesgo de este tipo de ayudas; más oculto que los que tú mencionas, pero igualmente efectivo..

    • Hola Elena,

      Es cierto, el papeleo tiene su complejidad, pero no es insuperable. También es cierto que las grandes editoriales tienen equipos que pueden dedicarse en exclusiva a cuestiones legales como esta. Pero la documentación solicitada, tanto la relacionada con el proyecto como con la fiscalidad, es la mínima indispensable para comprobar que todo está en regla. En ese sentido dudo que el papeleo se haya pensado como barrera, especialmente porque toda la información está reunida en un solo lugar y es fácilmente comprensible. ¿La FGEE y otras asociaciones gremiales no brindan apoyo legal para este tipo de cuestiones? Lo pregunto porque no lo sé.

      Gracias por la visita y tu aportación!

      Bernat

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