La biblioteca pública integral (VI): eBiblio, entre parches y desaguisados

BRUCELEE-

El pasado 8 de septiembre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte presentó eBiblio, la plataforma de préstamo bibliotecario digital promovida por el Estado español que deberá ser gestionada por las Comunidades Autónomas. Si bien debemos felicitarnos por la puesta en marcha de una iniciativa tan necesaria, también debemos lamentar los diferentes desaciertos, incoherencias, caprichos y privilegios que han trufado el proyecto. En eBiblio hay más trampas que en una película de chinos.

Todo proyecto público sometido a concurso abierto experimenta una rigidez estructural que hace imposible su modificación una vez iniciado el procedimiento. Si está bien planteado y el proceso no lo maneja un chimpancé al final la administración pública dará a la sociedad un instrumento útil. Si está mal planteado no importará quien lo pilote y el resultado irá desde un discreto parche –en el mejor de los casos– al más clamoroso de los desaguisados. En este abanico debemos encuadrar a eBiblio.

eBiblio no está todo lo bien planteado que debería. Que se puede plantear mejor lo demostró el Gobierno Vasco antes del verano. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio pero, analizando ambos planteamientos, eBiblio adolece de una serie de desaciertos, incoherencias y caprichos que Liburuklik parece no sufrir, al menos no de forma tan clamorosa.

El documento que nos permite conocer el planteamiento inicial del proyecto es el pliego de prescripciones técnicas contenido en el anuncio de licitación publicado el 30 de mayo de 2013 en el Diario Oficial de la Unión Europea. Dicho pliego describe un concurso abierto para un proyecto de una duración de un año formado por nueve lotes que se adjudicarán de forma independiente. Esto significa que diferentes empresas pueden ganar diferentes lotes, que es lo que finalmente ha sucedido. Los lotes del uno al siete son de libros, el octavo es para audiolibros y para todos ellos se indica la cantidad de títulos a proveer tal como muestra este cuadro:

ESPECTEC-

En total, unos mil quinientos títulos. No son libros físicos y es importante conocer el número de licencias. El pliego estima que según el tamaño y el número de usuarios de la red de bibliotecas serán necesarias unas 200.000 licencias.

También se menciona que las licencias serán no concurrentes excepto para los audiolibros, con una concurrencia de hasta cien usuarios para cada una. Se exige a los candidatos que presenten una oferta para el 150% de títulos por categoría, de modo que se pueda realizar cierta selección. En la puesta en marcha del sistema deberá estar disponible el 75% de los títulos contratados mientras que el 25% restante se definirá en los tres o cuatro meses siguientes para mantener cierta actualización. Finalmente, los libros digitales podrán ser en formato EPUB o PDF mientras que los audiolibros deberán ser en MP3, todos en lengua castellana.

El noveno lote consiste en, y cito textualmente, “[…] la implantación de un sistema de gestión informática que facilite y permita los préstamos de las licencias de libros electrónicos”, disponible las 24 horas todos los días del año, capaz de albergar un mínimo de 300.000 objetos digitales y soportar un mínimo de 5.000 operaciones diarias. También se añade algo muy importante que garantiza la neutralidad del servicio:

Permitirá […] la integración con gestores de contenidos y repositorios de distribuidores externos, posibilitando el acceso a sus contenidos mediante sistemas DRM o streaming, según las posibilidades de cada formato y via de integración de las obras en la plataforma. La plataforma permitirá el almacenamiento y gestión de las licencias de libros electrónicos adquiridas en virtud del presente procedimiento, pero también la incorporación de otros contenidos digitales aportados por el órgano de contratación y por las entidades participantes en la gestión del servicio.

La dotación presupuestaria para los diferentes lotes es de 2.064.000 € (impuestos incluidos) desglosados de la siguiente manera:

  • Lotes del 1 al 7: 1.540.000€
  • Lote nº8: 100.000 €
  • Lote nº9: 424.000 €

He separado los libros digitales de los audiolibros porque las condiciones son diferentes.

Problemas de planteamiento

El pliego de condiciones contiene varios problemas iniciales de planteamiento que viciarán todo el proyecto en su despliegue inicial y durante el primer año; quien sabe si también condicionará sus posterior desarrollo.

El primer problema es conceptual. Juntar en un mismo concurso los contenidos digitales con la plataforma de gestión no tiene sentido. Sería como mezclar la adquisición de libros de papel con el suministro del mobiliario de las bibliotecas; puede tener una relación funcional, pero no debe tenerla en el momento de su contratación más allá de asegurar la neutralidad de la plataforma y la compatibilidad de formatos. Una cosa es comprar contenido y otra muy distinta gestionarlo.

El segundo problema es el desajuste entre el número de títulos y el de licencias. 1.500 títulos (1.450 restando los audiolibros) es una cantidad ridícula si tenemos en cuenta la producción editorial anual en España. Aunque en el pliego de condiciones y en la presentación de eBiblio se ha argumentado que de esta forma se garantiza el acceso a todos los títulos adquiridos por parte de todos los usuarios, esta afirmación olvida o soslaya algunas cuestiones importantes. En primer lugar la función de cualquier sistema público de bibliotecas es poner a disposición de los ciudadanos tantos títulos como sea posible. En una red analógica eso supone comprar una montaña de ejemplares de una lista enorme de títulos. Llegará un día que esto también deberá ser así en una biblioteca digital pública y se traducirá en tantas licencias como sea posible comprar del máximo de títulos disponibles. Pero de momento estamos en fase de prueba, los lectores digitales en España todavía son pocos, los títulos seleccionados serán los de mayor demanda comercial; haciendo algunos números todo esto tiene pinta de subvención solapada a las grandes editoriales: según lo prescrito en el pliego de condiciones el precio medio de cada una de las 200.000 licencias será de unos muy razonables 7,7 €. Si dividimos dicha cantidad por los también razonables 28 préstamos de cada licencia, tendremos unos todavía más razonables 0,275 € por préstamo, algo menos de treinta céntimos. Por muy óptimo que nos parezca el coste por licencia y préstamo, la trampa llega cuando dividimos el presupuesto total entre los 1.500 títulos previstos. El resultado es un coste medio de 1.062€ por título. Si se mantiene el criterio de seleccionar los títulos con más éxito comercial –ya me contarán cómo se define si no la gran demanda a priori, antes de testarla en la misma eBiblio– la mayor parte del dinero irá a parar a tres o cuatro grandes editoriales. Un sistema de bibliotecas no debería servir para esto.

La comisión encargada de seleccionar a los ganadores de cada lote tiene un gran poder de asignación de recursos con criterios que no siempre son técnicos. Como ya sabemos este tipo de comisiones se forman mediante un secular sistema de gran arraigo en nuestro país:

DEDAZO-

Con la tendencia a crear redes clientelares de nuestra industria cultural, no seria raro que algunos miembros de la comisión llegaran de casa con los deberes hechos y la lección bien aprendida. Si se hubiera separado el contenido de la plataforma y se hubiera asignado un presupuesto a cada Comunidad Autónoma para que su comisión de bibliotecarios llevara a cabo la selección para su propia red no hubiéramos eliminado el problema pero lo hubiéramos mitigado bastante o, al menos, repartido. De paso se hubiera demostrado cierta sensibilidad por esas engorrosas lenguas diferentes al castellano que hablamos algunos de los habitantes del Estado. Pero parece que incluso eso era demasiado pedir.

Otro problema está en los formatos exigidos. En el pliego se dice que “las obras ofertadas estarán disponibles en formato EPUB o PDF, para los lotes 1 al 7 y en formato MP3 para el lote 8”. Dar a elegir entre EPUB o PDF es una muy mala idea; podría entender la mención al PDF si el número de títulos fuera cercano al total del fondo digital español pero ya hemos visto que no es así. Además el pliego incluye limitaciones a la antigüedad de los títulos. Es incomprensible, con las características señaladas en el pliego, que se siga promoviendo un formato como el PDF. Otra cosa es exigir que la plataforma sea capaz de gestionar también este tipo de archivos para no coartar las compras posteriores de cada Comunidad Autónoma, pero empezar comprando PDF es un error incomprensible por innecesario.

Problemas de adjudicación

Si el planteamiento contiene las semillas de las disfunciones que vendrán, la adjudicación nos muestra cómo se han venido haciendo y se hacen las cosas en España. En los medios se ha hecho hincapié en que Libranda había ganado el concurso. Esto es cierto sólo en parte. Como ya vimos el concurso contaba con 9 lotes y no todos los ha ganado Libranda. Este ha sido el reparto (las cantidades incluyen impuestos, ergo son brutas):

  • Lote nº 1. Ficción para público adulto. El presupuesto era de 590.000 € y ha sido adjudicado a Libranda (Distribuidora Digital de Libros, S.A.) por la misma cantidad.
  • Lote nº 2. Ciencia y tecnología. El presupuesto era de 45.000 € y ha sido adjudicada a Libranda por la misma cantidad.
  • Lote nº 3. Ciencias sociales y humanidades. El presupuesto era de 115.000 € y ha sido adjudicada a Libranda por la misma cantidad.
  • Lote nº 4. Salud, desarrollo personal, ocio, deporte e informática (menudo batiburrillo conceptual, será apasionante ver la selección). El presupuesto era de 270.000 € y ha sido adjudicada a Libranda por la misma cantidad.
  • Lote nº 5. Idiomas. El presupuesto era de 120.000 € y ha quedado desierta por exclusión de la única empresa candidata, que no era ni Libranda ni Odilo, por no cumplir con alguno o algunos de los criterios contenidos en el Anexo 1 del Modelo de pliego de cláusulas administrativas.
  • Lote nº 6. Ficción infantil y juvenil. El presupuesto era de 285.000 € y ha sido adjudicada a Odilo por la misma cantidad.
  • Lote nº7. No ficción infantil y juvenil. El presupuesto era de 115.000 € y ha sido adjudicada a Libranda por la misma cantidad.
  • Lote nº 8. El presupuesto era de 100.000 € y ha sido adjudicada a Odilo por la misma cantidad.
  • Lote nº 9. Implantación de un sistema de gestión informática. El presupuesto era de 424.000 € y ha sido adjudicada a Libranda por 84.700 €.

Excepto en el caso del Lote nº5, todos los lotes de libros han sido adjudicados “por presentar la oferta económicamente más ventajosa para la Administración”. Siendo las ofertas idénticas a las cantidades presupuestadas debemos suponer que el quid de la cuestión está en la mejor combinación entre licencias, número de préstamos y período de vida de las licencias. Una vez más hay que poner en duda aquello del precio fijo porque, a diferencia de las licitaciones para libros de papel, aquí no hay onerosos gastos de transporte y almacenamiento. Si suponemos que la mayoría de títulos serán de las grandes editoriales –insisto en que hay indicios para suponerlo– y las mismas editoriales eran las accionistas mayoritarias de Libranda en el momento en que esta presentó su propuesta podemos suponer, también, cierta componenda entre estas editoriales y la distribuidora digital. Es decir, es muy plausible –aunque por ahora indemostrable– que las mencionadas editoriales ofrecieran un trato mejor a Libranda que a Odilo, no en precio, pero sí en otros conceptos que pudieran hacer decantar la balanza a favor de la primera. Todo tan legal como… controvertido.

Para comprender el lote nº 9 debemos tener en cuenta varias cosas. Para empezar el precio es lo que, en este tipo de concursos, se conoce como baja temeraria. Los técnicos del Ministerio que confeccionaron el presupuesto están sobradamente capacitados como para hacer un trabajo riguroso. Pueden ajustarse más o menos, pueden decidir curarse más o menos en salud, pero la cantidad que definen no se alejará mucho de la real. Que Libranda presente una cifra cinco veces inferior y que ésta sea la oferta ganadora pone en entredicho la viabilidad del proyecto. Fuentes consultadas no creen ni de lejos que con 84.700 € (70.000 € netos) se pueda implementar y mantener un servicio con las características del descrito.

Aunque aquí también puede haber trampa.

El lote nº9 es lo que da nombre a la plataforma, la propia eBiblio, el sistema de préstamo. En 2011, cuando eBiblio empezaba a cocinarse en la mente de ciertos responsables ministeriales, Libranda solicitó una subvención al Plan Avanza del entonces Ministerio de Industria, Tecnología y Comunicaciones para la “creación de una plataforma tecnológica para la gestión del préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas” (Pag. 12 de este documento). Dicha plataforma se llama iBiblio –notarán el sutil parecido– y recibió la nada despreciable cantidad de 1.324.900 €. Sí, un millón trescientos veinticuatro mil novecientos euros, ese dinero de bolsillo con la que ni ustedes ni yo salimos de casa cada día. Es la misma plataforma que Libranda comercializa desde entonces a instituciones públicas y privadas con un éxito más bien discreto.

Resulta que una empresa privada, participada por grandes grupos editoriales multinacionales, que en su día recibió una montaña de dinero por poner en marcha una plataforma con ánimo de lucro, se presenta a un concurso público cuyo nombre sólo varía una letra de dicha plataforma, ofrece una baja temeraria y gana. Estoy seguro que es todo legal, pero también estoy seguro que esto tiene un aspecto muy feo y bastante opaco.

El día de mañana

No sabemos qué sucederá durante el desarrollo, implantación y uso de la plataforma. Si las Comunidades Autónomas están inspiradas en la gestión del regalo envenenado del Ministerio, apenas deberemos lamentar un leve y discreto parcheo del invento. Si el regalo contiene dosis letales de veneno nos encontraremos con una cutrez que habrá que rehacer de nuevo y para la que no valdrá parche alguno. Lo barato saldrá caro y alguna creativa partida se sacarán de la manga.

Este país sigue siendo este país y los hay en ciertos despachos que sieguen teniendo línea directa y barra libre con ciertos departamentos públicos, sean del color político que sean. Afortunadamente la gestión del día a día del sistema de bibliotecas cuenta con miles de profesionales de tanto talento como ideas claras. En ellos debemos confiar para que una buena idea mal concebida salga adelante sin demasiado estropicio.

Para saber más, tres artículos interesantes en prensa:

http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-09-09/el-prestamo-digital-que-inaugura-cultura-abastecera-a-menos-del-7-de-lecturas_188507/

http://www.eldiario.es/turing/industria_editorial/Ebiblio-proyecto-publico-prestamo-sombras_0_303420112.html

http://www.elconfidencial.com/cultura/2013/07/03/cultura-deja-a-amazon-fuera-del-futuro-de-las-bibliotecas-digitales-124206

Y el enlace al expediente completo de la licitación:

https://contrataciondelestado.es/wps/portal/!ut/p/b0/04_Sj9CPykssy0xPLMnMz0vMAfIjU1JTC3Iy87KtUlJLEnNyUuNzMpMzSxKTgQr0w_Wj9KMyU1zLcvQjTfy905NCk_KjynwDvY1CXNMi3Cu1HW1t9Qtycx0BlUr5jw!!/

Los límites de Kindle Unlimited

matrioska-

Que Jeff Bezos es un propagandista muy hábil lo comprobamos cada vez que Amazon anuncia una novedad. En su día nos hizo creer en una flota de drones repartiendo pedidos. Ahora ha conseguido asustar a la chiquillada libresca con Kindle Unlimited, un servicio de lectura en la nube que de momento sólo está disponible en los Estados Unidos. La decisión de Bezos es importante, pero su alcance es mucho más limitado de lo que su nombre sugiere.

Kindle Unlimited (KU) es una iniciativa reactiva. No es la primera decisión que emprende Jeff Bezos tras ver cómo otros lo intentan primero, pero en cuestiones de libro digital los de Seattle nos tienen acostumbrados a abrir camino, no a seguirlo. Lo realmente disruptivo de Amazon es la forma que le ha dado a todas sus propuestas porque en realidad (casi) no han inventado nada, pero Kindle Unlimited tiene muy poco de disruptivo tanto en la forma como en el fondo.

Lo que parece y lo que es: Kindle Unlimited existe desde 2011

Kindle Unlimited es el nuevo servicio de lectura en la nube de Amazon. Según nos cuentan en su nota de prensa, por 9,99$ al mes los suscriptores estadounidenses de KU pueden elegir entre 600.000 títulos disponibles mediante cualquier dispositivo y aplicación del ecosistema de lectura Kindle. Ofrecen acceso ilimitado a 2.000 audiolibros en la plataforma Audible, además de un acceso gratuito de tres meses al resto de la oferta de audiolibros –unos 150.000 títulos– y está integrado con Whispersync, X-Ray y Goodreads. Hasta aquí el bombo y el platillo.

Veamos ahora la letra pequeña. Una de las cosas que Amazon vende como gran ventaja de Kindle Unlimited es:

Kindle exclusives: Choose from hundreds of thousands of books only found on Kindle, including Brilliance by Marcus Sakey, The Hangman’s Daughter series by Oliver Pötzsch, War Brides by Helen Bryan, Ed McBain’s 87th Precinct and Matthew Hope books, When I Found You by Catherine Ryan Hyde, Whiskey Sour by J.A. Konrath, Chasing Shadows by CJ Lyons, and Sick by Brett Battles.

Tan cierto como sesgado. Esos cientos de miles de libros que sólo puedes encontrar en Kindle están incluidos en los 600.000 mencionados al principio más algunos miles que completan la cifra. Muy pocas editoriales han cedido sus títulos a KU y no lo ha hecho ninguna de las Cinco Grandes. A partir de aquí y para no perdernos debemos conocer cómo funciona el ecosistema de autopublicación de Amazon, que es de donde proviene el grueso de la oferta de KU.

Kindle Direct Publishing (KDP), es la plataforma de publicación que Amazon ofrece a todos aquellos que tengan un catálogo de hasta 200 libros digitales. No importa si es un autor que se autoedita o una pequeña editorial: para Amazon son lo mismo –aunque hay significativas excepciones en las que ahora no entraremos. Además de la herramienta de publicación y venta, KDP cuenta con una opción llamada KDP Select. Esta opción ofrece a los autores, entre otras muchas cosas, participar en la Kindle Owners’ Lending Library (KOLL). Esta es una biblioteca para usuarios Kindle a la que sólo tienen acceso los clientes Prime de Amazon. Todos los títulos incluidos dentro de la KOLL participan de un porcentaje del valor generado por dicha biblioteca. El cálculo de este porcentaje se realiza en función del número total de veces que un libro se prestó en relación con los demás títulos KDP participantes. Por ejemplo, si la cantidad del fondo global es de 1.000.000$ (700.000€) cada mes, el total mensual de préstamos aptos es de 300.000$ y dicho libro se prestó 1.500 veces, el beneficio será del 0,5% (1.500/300.000 = 0,5%), o 5.000$ = (3.855€) durante ese mes. La Kindle Owners’ Lending Library no está disponible para los clientes que compran desde amazon.es.

Todo libro que forme parte de KDP Select se publicará en exclusiva en Amazon; el autor o el editor debe comprometerse a no publicarlo durante ese periodo en cualquier otra plataforma digital, lo que significa que si ya lo ha hecho para participar en KDP Select deberá descolgarlo de cualquier otro sitio. El autor o editor puede decidir qué libros se acogen a KDP Select y por cuanto tiempo, es decir, no es necesario que todo el catálogo forme parte de él ni de forma permanente. La inscripción de cada título dura 90 días, transcurridos los cuales, si no se indica lo contrario, se renueva por 90 días más.

Como en un juego de matrioskas, el grueso de los títulos en Kindle Unlimited proviene de la KOLL, que a su vez proviene de KDP Select, que a su vez sólo puede provenir de Kindle Direct Publishing. La razón de tan alambicada estructura está en lo que Amazon puede imponer a sus autores autopublicados. A todos aquellos que hubieran publicado con Amazon antes de la fecha de lanzamiento de Kindle Unlimited, la empresa no podía imponerles nuevas condiciones como, por ejemplo, su inclusión en el catálogo de KU. Por el contrario, como la pertenencia a KDP Select es voluntaria y temporal, bastaba con cambiar las reglas del juego en determinado momento para convertir toda la oferta de la Kindle Owners’ Lending Library en el fondo de la nueva Kindle Unlimited.

Amazon ha decidido abrir a todo el público la exclusiva oferta de la KOLL –hasta ahora sólo accesible a los clientes Prime– por el módico precio de 9,99$ para sacar más jugo a una oferta que ya daba pingües beneficios desde 2011. Si queremos verlo de forma más clemente, podemos decir que Amazon ha convertido en abierta una plataforma de lectura en la nube que estaba cerrada y sólo disponible a unos selectos usuarios. Pero nuevo, lo que se dice nuevo, en Kindle Unlimited no hay nada.

En mi opinión Kindle Unlimited es mucho menos relevante de lo que parece. En primer lugar porque propuestas como Oyster o Scribd son ya mucho más atractivas, lo suficiente como para que pequeñas, medianas e incluso grandes editoriales hayan empezado a jugar con ellas, algo que Jeff Bezos no puede ni soñar a causa de su troleo continuado a las editoriales y sus precios. Pero en segundo lugar y casi más importante está el hecho que KU incurre en una incomprensible canibalización de clientes a la que Amazon no nos tiene nada acostumbrados: mientras en Estados Unidos ser miembro de KU nos puede costar 119,88$ al año, ser miembro de Prime nos cuesta 99$ e incluye servicios que van mucho más allá de lo ofrecido por KU. Ya supongo que la intención de Amazon es hacer madurar Kindle Unlimited hasta romper esta canibalización diferenciando adecuadamente la KOLL de KU, pero a corto plazo y si las relaciones de Amazon con la edición no mejoran, lo tienen un poco crudo.

También lo tienen crudo para reclutar autores; han salido con una oferta enorme porque llevaban más de 3 años construyéndola mediante KDP y KDP Select, pero si la dinámica de crecimiento de otras plataformas de lectura en la nube no disminuye, en poco tiempo se quedarán rezagados a causa de la arquitectura de la propia KU: si para formar parte de su oferta la obra de un autor debe estar en exclusiva en KDP Select eso implica que NO puede estar en ningún otro lado.

A corto plazo esa estrategia puede funcionar porque llevan años de ventaja reclutando autores. A medio y largo plazo no, porque sus competidores cada vez lo hacen mejor y tienen una baza que, a muy largo plazo y en igualdad o superioridad de condiciones, es ganadora: trabajan con formatos estándar o abiertos. Kindle Unlimited parece un parche para cubrir un flanco descubierto. Este tipo de parches no se improvisa, pero es el primer servicio de Amazon relacionado con el libro digital que huele peligrosamente –para ellos– a mediocridad.

La inevitable marginalidad de la lectura profunda

MARGINAL-

Leer se está convirtiendo en una actividad marginal. La lectura profunda como forma de adquirir conocimiento está pasando a ser cosa de minorías tras un siglo prodigioso y excepcional. Hablo de la lectura sin entrar a juzgar la calidad de lo leído. Me costaría un poco justificar la bondad de la lectura profunda de basura. No es el caso ni esa es hoy mi intención.

El siglo pasado fue una anomalía lectora. Nunca antes tantos leyeron tanto a tan pocos. El siglo XXI es otra anomalía; nunca tantos habían leído tanto a tantos pero la diferencia está en que éste no será el siglo del libro. Si el siglo XX fue el siglo del libro fue porque no había mejor objeto industrializable para la difusión en masa de la cultura que dio origen a la cultura de masas –el orden de los factores, aquí, es esencial– que el libro. Barato de fabricar y distribuir, fácil de almacenar y vender, el siglo XIX había creado una enorme masa de lectores que, hasta la llegada de la radio y el cine, apenas sí disponían de otra cosa que el teatro como espectáculo cultural organizado y el periódico como vehículo de información estructurada. No es casualidad que el siglo XX sea también el siglo de la prensa escrita, mucho más que el XIX.

Hay quien ha visto el ascenso del libro a la categoría de vehículo cultural por excelencia como el fin de un camino predestinado. Abunda esta impresión entre todos aquellos que creen que las nuevas lecturas y alfabetizaciones acaban con todo un mundo y una forma de entenderlo. Tienen razón pero se equivocan en un aspecto: la lectura siempre fue cosa de minorías. Los anómalos somos nosotros, no las generaciones precedentes ni las que nos sucederán.

Suecia es el país con mayor tasa lectora de Europa. Más del 80% de los mayores de 14 años dice haber leído al menos un libro el año anterior. Los países escandinavos alcanzaron la plena alfabetización a principios del siglo XIX por un motivo inesperado: toda persona que quisiera casarse debía ser capaz de leer la Biblia –para los protestantes siempre ha sido importante la interpretación personal de las palabras de su libro sagrado. El reverso de tan alta tasa lectora es que casi un 20% de suecos no lee nunca un libro. Uno de cada cinco. Ni siquiera en aquellos países en los que la lectura de libros ha disfrutado de todas las ventajas –incluidas el patrocinio del Estado mediante la protección arancelaria y una educación esmerada– el libro ha logrado imponerse de forma completa.

En la Antigüedad hubo comercio de libros, autores que no cobraban un duro por sus obras y copistas –para entendernos, editores– que producían copias en masa que se distribuían en tiendas de libros. Fue así en la koiné griega pero también en el Imperio Romano y en buena parte del primer Islam. Volvió a ser así en los burgos de la Baja Edad Media europea y todavía más en el Renacimiento y con la imprenta. La Europa del siglo XVIII asistió a la aparición de todo tipo de periódicos, diarios, revistas, libelos y panfletos, no siempre bien tolerados por el poder. Con el siglo XIX aparece la novela moderna y las nuevas clases medias toman el gusto de leer. Esta apresurada historia de la lectura podría hacernos creer que en cada uno de los momentos mencionados todo el mundo leía. Pero no, hasta el siglo XX, leer fue cosa de minorías. No fue nunca considerado marginal porque leer era una actividad relacionada con las clases cultas, clases que detentaban el poder o aspiraban a hacerlo. No tener en cuenta la historia de la vida cotidiana nos ha condenado a ver una progresión ininterrumpida desde la imprenta hasta nuestros días, una progresión –asociada a la idea de progreso– que ligaba el libro a la cultura y a ésta con la libertad del individuo. Esta visión no es incorrecta pero dista mucho de ser exacta.

El libro es un vehículo neutro que sirve tanto para adoctrinar, controlar y manipular a las masas –la Biblia, el Corán, el Libro Rojo de Mao, el Mein Kampf– como para promover su raciocinio –si otorgamos dicho poder a la cultura y al acceso a la información. La lista de libros culpables sería muy larga si no fuera porque quienes perpetran de veras los desaguisados son los seres humanos. Incluso la narrativa es señalada a veces con el dedo como sucede con “El guardián entre el centeno” en Estados Unidos, al parecer lectura preferida de más de un asesino.

La panoplia con la que hoy contamos para meter ideas en la mente de la gente –o para que ellos solos se las metan– va mucho más allá que de las herramientas editoriales tradicionales. La misma idea de edición ha saltado por los aires cuando cualquiera, casi en cualquier lugar, puede publicar algo que seguimos llamando libro, ser reconocido como tal por el público, aceptado, comprado y consumido. Accedemos al conocimiento y a la información a través de fuentes tan variadas que dejan en ridículo la capacidad del libro como principal vehículo y objeto de cultura. El libro ya no es dueño y señor del conocimiento porque hemos inventado muchas otras herramientas.

El corolario a todo esto es que el público lector de libros de lectura profunda –no todos los libros la exigen– se ha reducido tanto como opciones de acceso a la cultura han aparecido. El público en general sólo recurrirá a los libros cuando sean la forma más eficiente de acceder a información de su interés; ese público será casual, inconstante, voluble y se nutrirá de otras muchas fuentes si puede evitar un libro. Es un público que ha existido siempre, ese lector de frontera que en las estadísticas afirma haber leído un libro el último año y que lo hacía porque no había alternativa mejor.

Luego estaremos nosotros, aquellos para los que la lectura es una elección consciente entre muchas más opciones. El lector empedernido no lo será porque no tenga más opciones sino porque será su decisión. Un público militante, más comprometido con cierta forma de entender la cultura, más exigente. Pero mucho más reducido.

La lectura profunda retrocede hasta su núcleo anterior a los medios de masas. Deberemos abandonar todo el enorme imperio conquistado brevemente en el siglo XX porque muchos lectores lo abandonarán y nosotros como industria también debemos hacerlo. El negocio editorial no sólo encoge por el cambio de paradigma, es que el cambio de paradigma implica un mercado mucho más pequeño, sea de papel o digital. Los pocos que siempre han leído mucho, seguirán leyendo. Los que han leído sólo a veces, sólo a veces lo harán o dejarán de hacerlo ¿Debemos prepararnos para un mercado muy pequeño pero de muy alto valor añadido?

Editrain se ha hundido y sólo Jaime Brull sabe cómo ha sido

TAKE THE MONEY-

A mediados del pasado mes de Julio, mientras conducía, recibí una llamada un tanto extraña. Pude detenerme y coger el teléfono. Al otro lado de la línea una voz nerviosa, que más tarde supe era Jaime Brull, me decía que no me preocupara de nada, que lo que se me debía se me abonaría en septiembre u octubre. Lo cierto es que hasta ese momento yo no estaba preocupado, mis facturas pendientes con Editrain apenas habían vencido y ya conocía la crónica demora en los pagos.

Al cabo de pocos días una profesora de Editrain me mandó un e-mail preguntándome si sabía algo del cierre de la empresa y del despido de la mitad de la plantilla. Le respondí que no sabía nada, que me parecía muy raro pero que en un par de días –el 17 de julio– debía asistir a la presentación de los proyectos del máster en el que impartí clase el pasado abril y que preguntaría qué pasaba. No hizo falta preguntar: la sede de la empresa en Barcelona había cancelado toda la programación de aquellos cursos que no hubieran empezado, habían echado sin indemnización a casi todos los trabajadores –también en Madrid– y los que quedaban estaban sin aliento. Ahí también supe que éramos muchos los que habíamos recibido esa extraña llamada.

El de Editrain –no busquen su web, ya no es accesible– es un final traicionero y tramposo, perpetrado con veraniega desfachatez. Ha dejado colgados de la brocha a entre cien y doscientos profesores, con deudas que, en algunos casos, alcanzan los quince mil euros; el global puede sobrepasar los doscientos mil euros de deuda. Ninguno de los profesores ha cobrado nada de lo impartido en 2014 y muchos todavía tenían pagos pendientes de 2013. A los trabajadores los han mandado al FOGASA, ese limbo en el que si tienes suerte la espera de una escuálida indemnización se alarga meses. El número de despedidos en julio estaba en el límite de la presentación de un ERE, escenario aterrador para Jaime Brull, propietario de la empresa, pues eso le hubiera obligado a un strip-tease ante el Departamento de Trabajo. Según el Estatuto de los Trabajadores (Artículo 51. Despido colectivo) no podrá echar a más empleados hasta pasados noventa días si no quiere exponerse a un ERE o a la nulidad de los despidos, con lo cual la sociedad no puede disolverse hasta finales de septiembre o principios de octubre si no quiere complicarse mucho más la vida. La sede de Madrid, en la Casa del Lector, ya fue abandonada en julio pasado –con rumores de impago del alquiler al propietario, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez– y se largaron a las instalaciones de Pozuelo de Alarcón. La de Barcelona está cerrada.

El hundimiento de un buque (casi) insumergible

No hay mal que cien años dure ni barco insumergible, pero tanto la magnitud como el modelo de negocio de Editrain hacían a la empresa tan robusta como difícil de hundir en tan corto lapso de tiempo. El culpable del desastre no es la gran crisis cual enorme iceberg despanzurrando el casco de la nave en una fría noche; aquí el iceberg toma la forma de algo más siniestro, más concreto y más humano. Una pequeña parte será achacable a la crisis con el concurso necesario de una buena ración de incompetencia pero para hundir una empresa que iba bien en 2012 –y, como veremos, tenía que ir bien en 2013– es necesaria cierta dosis de… cómo decirlo… gestión voluble y moral distraída.

Para entender lo que ha pasado no podemos echar mano de las explicaciones de Jaime Brull porque las que ha dado son pueriles –“crisis, deudas, blablablá…”– y porque no ha respondido a ninguna pregunta concreta. El que suscribe le mandó un e-mail a finales de julio invitándole a dar su versión del caso, pero no hubo respuesta. Tampoco podemos echar mano de lo que han dicho algunos de sus principales clientes como la Federación de Gremios de Editores de España, porque se limitaron a responder, desde su rincón mental a mediados del siglo XX, que “En estos momentos estamos de vacaciones y no podemos contestar a su e-mail”. Poco podemos hacer con la respuesta del Gremio de Editores de Catalunya, que tras glosar lo muy comprometidos que están con la formación se despacharon con un lacónico:

En aquests moments, no disposem d’informació suficient sobre la situació econòmica d’EDITRAIN i, per tant, no podem fer judicis precipitats que poden resultar injustos o erronis.

De lo cual no dudo en absoluto porque me consta que tuvo que ser el personal de la empresa en Barcelona quien les comunicara el cierre del chiringuito. En los periódicos no ha salido nada, y eso que la Asociación de Editores de Diarios Españoles, la Asociación de Prensa Profesional y la Asociación de Revistas de Información eran clientes de Editrain.

Deberemos entender lo que ha pasado mediante aquello que sí conocemos: el modelo de negocio, el modelo de ingresos y las cuentas publicadas en el Registro Mercantil hasta 2012 con estimaciones de 2013.

Modelo de negocio e ingresos

Editrain está inscrita en el CNAE con el epígrafe 8559, que corresponde, literalmente, a “Otra educación n.c.o.p.” o traducido al habla vulgar, educación y enseñanza que no puede asignarse a un nivel determinado, normalmente por estar fuera de plan académico reconocido u otra enseñanza reglada. Eso no fue problema para que Editrain consiguiera ofrecer formación reglada mediante la adscripción a universidades como la de Alcalá, como hacen muchos otros centros formativos del mismo tipo. Como objeto social constaba:

La edición, comercialización, importación y exportación de toda clase de libros y publicaciones en general, así como la prestación de servicios de enseñanza y formación profesional.

Aparentemente este es un sector con un riesgo apreciable pues depende de las inscripciones de los particulares a los cursos. La realidad es más compleja pero también más estable, segura y previsible, al menos en el caso de Editrain. La empresa vivía de vender e impartir formación, pero el modelo de ingresos contaba con una serie de mecanismos que (casi) aseguraban la rentabilidad. Veamos cómo:

Exclusividad: era vox pópuli en el sector editorial que Editrain contaba con la exclusividad, explícita o implícita, total o parcial, de la Federación de Gremios de Editores de España y de otras instituciones del sector. Esto aseguraba, año tras año, un caudal relativamente estable de dinero. Según fuentes fiables en 2013 y 2014 no hubo cambios sustanciales en los tratos con estas instituciones y la facturación con ellas se mantuvo estable. Al parecer todas ellas estaban al corriente de pago.

Cursos bonificados y subvencionados: una parte muy importante del negocio de Editrain provenía de los cursos bonificados y subvencionados. En palabras de la Fundación Tripartita, organización estatal sin ánimo de lucro que gestiona los recursos públicos destinados al efecto y en la que están representadas empresas y sindicatos, los cursos bonificados consisten en:

[…] una ayuda económica que se hace efectiva mediante bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social.

La empresa puede decidir qué formación necesita, cómo y cuándo la realiza y organizarla bien por sí misma, bien agrupándose con otras empresas delegando todos los trámites en una entidad organizadora [la FGEE realizaba este papel organizador entre los editores].

Esta iniciativa incluye los Permisos Individuales de Formación (PIF) que la empresa autoriza a un trabajador para que curse estudios con acreditación oficial, incluidos los títulos y los certificados de profesionalidad.

Mientras que la formación subvencionada:

La formación de oferta o formación subvencionada apoya a las empresas en la mejora de su competitividad y cumple con las aspiraciones de promoción profesional y desarrollo personal de los trabajadores, quienes mejoran sus competencias y habilidades para el desempeño de su ocupación o para su paso a otros sectores emergentes en los que se crea empleo.

Los cursos de formación los ofrecen, de manera gratuita, las organizaciones empresariales y sindicales, las de economía social y trabajadores autónomos, y los centros y entidades de formación debidamente inscritos y acreditados.

El resultado es un sistema con el que empresas, trabajadores y parados pueden beneficiarse de una formación gratuita cuya gestión está supervisada por el Estado y las Comunidades Autónomas. Para entendernos, los cursos que Editrain organizaba por encargo de la FGEE o el Gremio de Editores de Catalunya estaban financiados con este sistema y los cursos que encargaban empresas como Planeta también, aunque en este caso su gratuidad era indirecta vía descuentos equivalentes en cuotas de la Seguridad Social. Ni a la FGEE, ni al Gremio ni a Planeta estos cursos les costaban un duro –cosa que no obsta para que encargaran otros cursos de pago a otras entidades.

Todo esto es legal y, si se gestiona bien, no tiene ningún problema. Estos cursos tienen el cobro asegurado, si no se alcanza un número mínimo de alumnos no se realiza la formación y, por lo tanto, sólo se realizan aquellos cursos cuyo coste ha sido cubierto y generan el margen esperado. Lo importante, en este caso, es que quien está detrás del dinero es el Estado y otras instituciones sectoriales, públicas o privadas, que reciben el dinero público para gestionar la formación. Editrain estaba al final de la cadena y es quien se lucraba con ese dinero. Tener pérdidas con un mecanismo como el descrito no es imposible, pero hay que hacerlo mal para pillarse los dedos.

Cursos no subvencionados ni bonificados de rentabilidad previsible: Editrain también impartía formación no subvencionada ni bonificada que debían pagar los alumnos, pues no entraba dentro de los criterios de formación pagada por la Fundación Tripartita. Tampoco en este caso había demasiado riesgo pues, una vez más, sólo se impartían aquellos cursos con suficientes alumnos inscritos con el añadido que el pago se realizaba con anterioridad a la formación. Por lo tanto sólo empezaban aquellos cursos que ya hubieran cubierto costes y generado rentabilidad. El único peligro era quedarse sin alumnos con los que llenar los cursos pero no era el caso. Una vez más, hay que ser lerdo para perder dinero.

Liquidez y flujo de caja constantes: dos cosas gustan a los bancos, las propiedades con las que garantizar un préstamo y los flujos de caja abundantes y previsibles porque, aunque no dejen un gran margen, aseguran cierta liquidez y, con ella, la satisfacción de los compromisos adquiridos por el empresario. Puede que Editrain no tuviera propiedades –al parecer estaba de alquiler en todas partes– pero lo que sí tenía era un flujo de caja constante y abundante, un grifo que no dejaba de manar en todo el año y, más importante todavía, la garantía del dinero del Estado. Las Administraciones Públicas pagan tarde y mal, pero la Fundación Tripartita, por su particular funcionamiento, paga cada año lo que toca. Música para los oídos de un banco, música que permite que ciertas pólizas de crédito sigan abiertas a su adecuado ritmo.

Show me the money

Las cuentas presentadas ante el Registro Mercantil respaldan la visión de un modelo de negocio e ingresos robusto. Veamos la evolución de las ventas en 2010, 2011 y 2012 más una estimación de 2013 (extraído de un informe financiero elaborado con información del Registro Mercantil y otras fuentes de rating):

EVOLUCIÓN DE VENTAS-

Entre 2011 y 2012 hay una leve disminución de la facturación, pero nada que pudiera presagiar ninguna catástrofe si tenemos en cuenta la rentabilidad de la empresa:

ANÁLISIS PÉRDIDAS GANANCIAS-

Puede que no fuera un negocio con el que hacerse millonario pero ya les gustaría a muchas empresas contar con un margen estable de entre el 9 y el 10% de beneficios en plena crisis. No parece que 2013 fuera mucho peor y, en cualquier caso, Editrain hubiera tenido oxígeno suficiente como para buscar una solución negociada que asegurara la viabilidad a medio plazo. Si lo comparamos con el resto del sector, compuesto por 75 empresas en total, Editrain marchaba mejor que la media:

PÉRDIDAS_GANANCIAS_EDITRAIN-

Sólo el porcentaje de ventas es levemente inferior a la media. Para el resto de conceptos, Editrain estaba por encima o muy por encima y casi doblaba el porcentaje de beneficios sobre ingresos totales de explotación. La mayor diferencia estaba en el EBITDA (beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) superior en veinte puntos a la media del sector.

El informe financiero al que he tenido acceso habla de incidencias menores pero el panorama general era bueno:

SITUACIÓN FINANCIERA GENERAL-

Puede que Jaime Brull mintiera reiteradamente en la presentación de sus cuentas. De ser así estaría incurriendo en un delito de falseamiento de cuentas –¿algún abogado en la sala?– como también es punible una insolvencia que no se deba a la marcha normal del negocio sino a jugar de forma temeraria con los recursos de la compañía. Ninguna empresa que vaya bien se hunde de forma tan súbita sin ayuda, del mismo modo que ningún barco en buen estado se hunde sin aporrear el casco. El hundimiento de Editrain no se explica por causas del mercado ¿Cómo es posible que un negocio estable, que ha dado beneficios durante veinte años gracias a un modelo de negocio previsible, se hunda de un año para otro sin causas externas relevantes?

La importancia de Editrain

El hundimiento de Editrain deja un agujero enorme en la formación editorial española, un hueco que se tardará entre meses y años en cubrir. Su oferta formativa tenía nubes y claros, era de calidad irregular pero cumplía un papel sistémico; la desaparición de cualquier actor sistémico debilita la estructura de la que forma parte pero también la retrata. Tal como Manuel Gil escribía en un reciente artículo sobre el tema:

Surge así una reflexión, ¿todas las instituciones del sector que tenían confiada la formación de su gremio a esta empresa no deberían decir algo? ¿Ninguna de estas instituciones está entre los afectados de impago? Lo que parece obvio es que hay muy poco interés en que el tema se divulgue. La formación en España ha sido un caldo de cultivo de chanchullos, enredos y mamoneo diverso, cuando no un entramado de corruptelas, como puede verse en la prensa diaria.

Editrain desaparecerá tras veinte años de historia. Con ella debería desaparecer toda una manera de trabajar y gestionar la edición de este país aunque supongo que nada, nunca, es tan sencillo. Debemos erradicar el clientelismo que ha regido la gestión de los grandes asuntos, un clientelismo heredado de épocas en las que lo importante era contar con un amiguete en el ministerio del ramo, un hombre de paja en la silla de la institución correcta y el beneplácito de algunos conseguidores.

Jaime Brull ha dejado con el culo al aire a tanta gente y lo está haciendo todo tan mal –o tan bien, dependerá del punto de vista– que no creo que pueda seguir trabajando en el sector editorial. Quizás se jubile o se esconda en algún remoto islote. Cuando la empresa haya cerrado, los trabajadores y profesores se hayan recuperado del shock, las acciones legales avancen, Brull se declare insolvente, los medios decidan hablar del asunto y las instituciones del libro se den por aludidas, puede que sepamos qué ha sucedido, por qué y a quien ha beneficiado todo esto.

Jaime Brull ha hundido Editrain por motivos y causas que algún día conoceremos. Posiblemente el dinero de muchos ya estará perdido. Yo no tengo (casi) ninguna esperanza de cobrar porque soy plenamente consciente del país en el que vivo pero me daría por satisfecho si tras tan deprimente espectáculo conseguimos adecentar un poco el sector del libro, tan ilustre de cara a la galería, tan pestilente en según que rincones. Sic transit gloria mundi.

Nota: todos los aludidos en este blog tienen derecho a réplica. También tienen derecho a rectificación si se demuestra que lo que se afirma es erróneo. Pongo a su disposición este blog, ya sea mediante los comentarios o mediante el envío de aclaraciones a mi e-mail (1mes1iguala3@telefonica.net) para el ejercicio de los mencionados derechos. También está a disposición de todos aquellos, afectados o no, que tengan nueva información sobre el caso. Quien quiera disponer del informe citado en este artículo que se ponga en contacto conmigo vía e-mail y se lo mandaré.

Seebook, cuando el libro digital se hace tangible

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Cada año me gasto una cantidad indecente de dinero en libros. Como no quiero darle la razón a Luciano de Samosata pasando por burro ilustrado, me los leo. Hace tiempo decidí que todo lo que pudiera lo leería en digital por dos razones prácticas: es más barato y no ocupa espacio –con lo cual también me ahorro la compra de nuevos muebles.

El problema habitual de la edición digital es que ni todas las novedades salen en dicho formato ni se está editando el fondo con la alegría deseable. A dicho problema debemos añadir la casi completa desconexión entre ambos formatos y sus formas de comercialización: a pesar que en muchas librerías digitales ya puedo comprar la edición en papel y la digital, en las librerías y ferias del libro españolas sólo puedo comprar la edición en papel. Esta es una asimetría que no tiene sentido.

Cada vez que visito una feria del libro –algo que cada vez sucede con más frecuencia– vuelvo a casa cargado de papel; hoy sigo con parecido número de lecturas pendientes que hace un año. Teniendo en cuenta la importancia que las ferias tienen en la supervivencia de libreros y editoriales independientes, esta es una situación anómala y, a largo plazo, incluso peligrosa.

Seebook es una empresa que hace poco cumplió un año de edad. Su objetivo es cubrir la brecha entre lo digital y lo tangible facilitando que editores y libreros dispongan de un formato físico de venta de libros digitales acompañado de un sistema de descarga directa. Seebook edita, imprime y también puede distribuir en librerías unos dípticos o tarjetones del tamaño de una postal con la información básica del libro y un sencillo modo de descarga al alcance de cualquier lector con una conexión a Internet.

Cada tarjetón reproduce la portada del libro en cuestión y también suele reproducir el texto de la contraportada. En el interior encontramos una ilustración que ellos llaman exlib como homenaje al ex-libris y que es personalizable para cada editorial, incluye un código QR –para la descarga en smartphone, tanto en Android como iPhone– y un código alfanumérico para aquellos que no puedan escanear códigos QR o prefieran descargarse el libro usando un ordenador.

El escaneo del código conduce al lector a una página en la que lo único que se le pide es la introducción de un e-mail mediante el cual se le mandará el enlace de descarga. Tres formatos están disponibles: PDF, EPUB y MOBI. Al parecer al principio no creyeron necesario incluir el PDF, pero algunos usuarios, desconocedores de las herramientas básicas de lectura digital, pensaron que les habían vendido un libro defectuoso cuando no pudieron abrir los EPUB o los MOBI. Desde hace unos meses Seebook recomienda a los editores que ofrezcan una versión del libro en PDF.

La experiencia de compra del díptico es la misma que con cualquier libro de papel mientras que la de descarga es tan fácil como la compra en cualquier librería digital independiente. El coste de diseño e impresión de los dípticos lo asume la editorial en el precio del libro digital y sería recomendable tener en cuenta esta forma de distribución antes de ponerle precio. Cada díptico está numerado, es un objeto único y Seebook recomienda guardarlo para descargarse el libro en cualquier otra ocasión. Para evitar que el robo del tarjetón implique la descarga de un libro digital que no ha sido pagado el código de descarga sólo se activa en el momento de hacer efectiva la compra.

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Saltando la brecha digital

Cualquier entorno físico tiene una limitación que el digital no tiene: la severa limitación de espacio. En una caseta de cualquier feria del libro puedo tener pocos centenares de libros, en una librería puedo tener varios miles –decenas de miles si es grande– mientras que en una librería digital puedo tener millones. Paradójicamente las ferias de libros atraen una gran cantidad de personas en un espacio relativamente concentrado y en unas fechas limitadas, personas que puede que no encuentren lo que buscan –o lo que no saben que buscan– entre la limitada oferta de los libreros y editores feriantes. Con las librerías pasa lo mismo, sólo que repartido durante el año. Yo puedo pasar por casualidad por una feria o una librería, pero a una librería digital debo ir expresamente. ¿No deberían libreros y editores aprovechar mejor las ocasiones en las que entran en contacto con el público?

Siempre me he negado a hacer showrooming, no porque tenga reparos morales sino porque no es el modo que tengo de comprar y porque siguen gustándome mucho los libros bien hechos en papel, pero es una costumbre cada vez más extendida entre los lectores digitales. Si editores y libreros no ofrecen un modo de saltar la brecha entre lo digital y lo tangible no podrán competir de forma eficiente con el entorno puramente digital. Obviamente, para que los libreros puedan disponer de este formato de venta los editores deben atreverse a utilizarlo y viceversa, los libreros deben pedirlo. Es posible que al principio cueste abrir mercado para esta forma de vender libros, pero su carácter estratégico debería impulsar a editores y libreros a adoptarla.

Los tarjetones son tan útiles para la venta directa en ferias por parte de libreros y editores como para la venta en librerías. También se pueden utilizar para el envío de ediciones digitales a periodistas y críticos literarios o bien para regalarlos con los ejemplares de papel –aunque una interpretación restrictiva de la Ley del Libro puede complicarlo. Su coste reducido los pone al alcance de los autores que se autopublican en digital y quieren disponer de un objeto físico que les represente mejor. Ahorran espacio dando salida a la compra digital de aquellos que, como yo, de otro modo debemos comprar en papel. Amplían la oferta de títulos a disposición del librero; puede darse el caso que un librero opte por vender el tarjetón con el libro digital de un título pero que no quiera o no pueda –por razones de espacio– vender su equivalente en papel.

Seebook es barato, sencillo y cubre una necesidad transicional básica que el sector deberá atender al menos durante unos cuantos años. Ofrece a editores y libreros más herramientas de venta digital y les permite formar parte del cambio, lo que hoy en día es formar parte de las soluciones necesarias para una transición lo menos accidentada posible entre lo tangible y lo digital.

Winding, en tu casa en menos de una hora (si quieres)

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Damos por sentado que cualquier compra realizada por Internet no tardará más de dos o tres días en llegar a casa. Nos hemos acostumbrado a recibir los pedidos en 24 horas. Hemos oído hablar que en los Estados Unidos Walmart, Amazon y Google compiten por remitir los pedidos dentro del mismo día, incluso en domingo. Ahora puede que podamos recibirlos en menos de una hora.

Todos aquellos que tuvimos nuestro primer ordenador avanzada ya la adolescencia asociamos lo de recibir un pedido en menos de una hora a comercio de proximidad. En el mundo analógico en el que crecimos –y en el que mentalmente tenemos todavía un pie– rapidez y proximidad iban inevitablemente unidos, más por limitaciones de logística y organización que por una simple cuestión de medios. Hace veinte años a nadie se le había ocurrido –más allá de los servicios urgentes en farmacias y similares– montar servicios de entrega en menos de una hora. Ni siquiera era necesario. No es que ahora sea una cuestión de vida o muerte, es que ahora forma parte de la oferta viable de servicios, de la experiencia de compra posible. Ahora, por mucho que nos sorprenda, puede ser normal. Tan normal como recibir, en cuestión de segundos, mediante e-mail, un documento desde Nueva Zelanda.

Winding es una nueva empresa de servicios que este septiembre inicia sus actividades. Su objetivo es optimizar la relación entre las tiendas on-line, sus clientes y los mensajeros, en tiempo real. Cuenta con un software de gestión que funciona del siguiente modo:

  • La tienda on-line añade Winding como una de las opciones de mensajería mediante un plugin –un pequeño programa– en el portal de venta del establecimiento.
  • Cuando un cliente escoge Winding como opción de entrega se le muestra una parrilla con tiempos y precios en función del mensajero mas eficiente para la entrega.
  • Mediante esta parrilla el cliente puede contratar el servicio más rápido dentro de la siguiente hora, otro momento dentro del mismo día o programar la hora y la fecha que le vaya mejor. Los precios varían en función de las opciones.
  • El pago a Winding corre por cuenta del cliente, no del establecimiento on-line, quien lo cargará en la factura de los productos que haya adquirido.
  • Una vez contratado el servicio, el mensajero indicado se hará cargo del pedido y lo entregará en el momento y forma señalados.
  • El cliente recibe un email con un enlace a una web desde donde podrá seguir el recorrido de su compra.

Este sistema tiene varias ventajas para los tres actores implicados:

A las tiendas on-line les permite ofrecer una mejor experiencia de compra, adaptándose a las necesidades de sus clientes sin tener que llevar a cabo ninguna inversión. Todos los comercios on-line, sean del tamaño que sean, se benefician igual de las prestaciones de este nuevo servicio, de manera que todos tienen las mismas oportunidades de competir sin importar otros factores de escala. Es un servicio neutro que no privilegia ninguna tienda on-line en particular, ninguna marca, como tampoco a ningún colectivo ni empresa de mensajería. No exigen exclusividad y las tiendas on-line pueden ofrecer su servicio como la única opción de entrega de los pedidos o como una más, junto con la mensajería convencional y el correo postal. Los clientes de la tienda on-line siguen siendo suyos porque Winding es un intermediario transparente, un facilitador.

A los mensajeros autónomos y a las pequeñas empresas de reparto les ofrece la posibilidad de complementar su negocio convencional con ingresos adicionales sin tener que realizar ninguna inversión. De este modo pueden sacar mejor provecho de días flojos y recursos infrautilizados como si formaran parte de una flota más grande.

El cliente de la tienda on-line –el consumidor– tiene un modo seguro y flexible de recibir sus pedidos que se adapta a sus necesidades. En el e-commerce la percepción de seguridad es fundamental y Winding incide precisamente en esa percepción, mejorándola.

Winding, librerías y editoriales

Hace poco dije que las librerías independientes difícilmente podían competir con Amazon en términos de plazo de entrega. Solas no pueden pero si utilizan servicios como los de Winding cubren el tramo final que les separa de la experiencia de compra de Amazon. No podrán competir en precio –al menos a corto plazo– pero debemos recordar que competir en calidad descarta reñir con uñas y dientes por el precio y hay un segmento de público que lo sabe y lo valora.

Otro detalle comercial menor pero importante en términos morales es el trato que Amazon y Winding dan a aquellos que hacen posible su sistema. Mientras Amazon necesita someter a sus trabajadores de centros logísticos a un trato draconiano, Winding ofrece un trato flexible a profesionales que ya trabajan y ya tienen otras opciones. Mientras Amazon crea escasez de manera artificial para llevar el agua a su molino, Winding confía en la inteligencia distribuida entre las tiendas on-line, los mensajeros y los clientes, tanto es así que Jeff Bezos ya está construyendo sus propias flotas y redes de reparto y adquiriendo participaciones en empresas de mensajería.

Servicios como Winding también son una buena noticia para las editoriales; cualquier herramienta que permita competir a las librerías independientes será útil, directa o indirectamente, para las editoriales independientes.

El servicio de Winding es inevitablemente algo más caro que el resto de opciones de mensajería y correo pero añade valor a las tiendas on-line sin coste para ellas. Cualquier librero que quiera competir con Amazon en plazo de entrega ya puede hacerlo. Sus clientes sólo podrán agradecérselo. Los editores independientes, también.

Ocaso en el imperio editorial español (IV): PRISA, Planeta y Libranda

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Jesusito de mi vida, que me quede como estoy. Eso es lo que debe pensar Juan Luis Cebrián cada vez que le llama alguno de sus acreedores y se acuerda del gigante que Jesús de Polanco puso en sus manos. Mientras, en Planeta no acaban de poner del todo las barbas a remojar y Libranda, uno de los buques insignia del libro digital en España, cada vez es menos español. Malos tiempos para un imperio cultural en el que se va poniendo el sol.

PRISA está quebrada, acumula una deuda aproximada de tres mil millones de euros y su situación es tal que todos sus activos, sean buenos, malos o peores están disponibles para la venta. Hay quien dice que valoran venderse la cadena SER, líder de radio privada en España. Otros dijeron en su momento que el siguiente paso era venderse Santillana. Algunos objetan que siendo los dos negocios más rentables del grupo eso no tiene mucho sentido; al contrario, lo más jugoso, lo que más liquidez aportará a PRISA será la venta, total o parcial, de sus mejores activos.

PRISA ya vendió a precio de saldo los sellos literarios de Santillana. En caso de no vender una parte de su negocio radiofónico le tocaría el turno al lucrativo negocio del libro de texto, líder en España y en América Latina. Una parte ya pertenece a un fondo de inversión, Victoria Capital Partners, que en 2009 –cuando éste se denominaba DLJ South American Partners– adquirió un 25% por 250 millones de euros, por lo que podríamos suponer que el 75% restante rondaría los 750 millones si no fuera por la inevitable devaluación que los activos han sufrido con la crisis, el estado comatoso del grupo y porque, en estos casos –como ya sucedió con la calderilla que le dieron por los sellos literarios– los posibles compradores presionan a la baja. Si tuviera que hacer de pitoniso –tarea en la que he demostrado históricamente una casi total incompetencia– yo diría que antes de fin de año empezaremos a oír hablar de Pearson y que una hipotética operación podría cerrarse, a más tardar, a principios de 2015. Los fondos de inversión no quieren ruido pero tampoco quieren pérdidas y, a largo plazo, lo que quieren es vender con sustanciales beneficios. Es posible que ese 25% en manos de VCP presione para que Santillana se venda a tiempo.

Este mes de agosto PRISA ha recomprado algo más de cuatrocientos millones de deuda tras conseguir que los bancos que todavía no habían vendido su deuda a fondos buitre aceptaran una quita del 25% –no lo intenten con sus hipotecas– pero eso sólo aleja un poco la quiebra técnica. PRISA necesita vender y venderá, la pregunta es qué, cuándo y por cuánto. Una PRISA saneada será siempre una buena noticia, pero también será un grupo cada vez más pequeño y más irrelevante.

Algo mejor está Planeta, aunque los bancos ya le han dado un aviso muy serio: tiene que vender activos para reducir una deuda que ya supera los mil millones de euros. Lo más vendible está en el audiovisual porque el negocio editorial arroja pérdidas desde 2012 y no se prevé que 2013 y 2014 sean mejores, al contrario. Aunque el Grupo Planeta pierde dinero editando y vendiendo libros, recientemente compró el 50% que le faltaba para controlar totalmente Círculo de Lectores en España mientras Bertelsmann cerrará – ojo, no venderá, cerrará– su club de compra y venta directa en Alemania, Austria y Suiza a finales de 2015, lugares en los que, como ustedes saben, vive gente que lee más bien poco. No sé qué oráculo consulta José Manuel Lara, pero debe ser mejor que el que tienen en nómina los alemanes.

¿Qué hará Planeta con el 100% de Círculo de Lectores? Misterio, aunque lo cierto es que el grupo es fuerte en coleccionables y venta directa mediante Planeta DeAgostini, de la cual controla el 50% –el otro 50% está en manos de la italiana DeAgostini. El 100% de Círculo también le permite ejercer un control más firme sobre Nubico, aunque el control de tan modesto negocio no impresionará a sus acreedores.

Hablando de lectura en la nube, Planeta Corporación –vehículo de inversiones de la familia Lara– llegó a controlar un 25% de las acciones de Grupo ZED –actualmente sólo el 12,5% a causa de la dilución de las participaciones por la entrada del banco Santander, aunque creo que entre estos dos hay algo personal. Si esto tiene cierta importancia es porque desde hace unos meses Grupo ZED es socio de referencia de 24symbols, la otra plataforma española de lectura en la nube, a quien el Grupo Planeta siempre se ha negado a vender contenidos –no son los únicos, Penguin Random House también se ha negado– pese a tener un modelo de negocio más desarrollado que el de Nubico, más usuarios dados de alta y más títulos en oferta. No sé si han oído hablar del perro del hortelano.

De quien seguro que sí han oído hablar es de Libranda, el gran líder español en la distribución de contenidos digitales en castellano. Nació bajo toda la pompa y circunstancia de la que nuestro periodismo cultural fue capaz. Con el tiempo su tratamiento en prensa ha disminuido hasta la desaparición. La comunicación sobre el distribuidor digital es de perfil tan bajo que en ninguno de los grandes medios españoles encontrarán la noticia más importante sobre Libranda desde su fundación: el pasado 22 de julio la canadiense De Marque, distribuidora de contenidos digitales en lengua francesa e inglesa, compró una participación indeterminada de la empresa española y a cambio Libranda se integrará en la plataforma Cantook Hub. Al parecer en la pasada Feria de Frankfurt la cosa estaba ya bastante madura pero han preferido firmar el acuerdo a finales del mes de julio por aquello de irse de vacaciones con los deberes hechos y los periodistas –los de verdad y los culturales- mirando hacia la playa.

Éste no es un trato paritario pues De Marque es mucho más grande que Libranda; mientras la distribuidora española gestiona el catálogo de unos 200 sellos, la canadiense trabaja con unos 650 y un total de 100.000 títulos.

De los actores de la trama sólo De Marque ha publicado una nota de prensa en la que no consta qué porcentaje de participación ha adquirido, nota de prensa que ha sido reproducida por medios especializados. No busquen ninguna referencia en la web de Libranda, como es habitual no la encontrarán –la última noticia es del 12 de junio. De Marque acompaña su nota con una foto donde se ve a todo el mundo muy sonriente:

demarque-libranda-agreement-signature- Imagen: De Marque -

Cuando el que compra no dice qué compra y el comprado ni siquiera dice qué parte le han comprado es que la operación tiene algo de vergonzante para el segundo y hay suficiente buen rollo con el primero para que éste no saque la banda de música al completo.

¿Qué ha comprado De Marque? Una participación lo suficientemente sustanciosa como para meter la cuchara en el negocio y sentar a alguien en el Consejo de Administración. Dudo que haya comprado menos de un 15% y, aunque ahora la participación sea minoritaria su objetivo a corto o medio plazo debería ser el control efectivo de la compañía mediante la compra de un paquete mayor, operación que, de realizarse, tendría lugar dentro de 2015 –barrunto que en el primer semestre. No tendría mucha lógica industrial –o yo no la veo– ceder tecnología integrar a Libranda en Cantook Hub para limitarse a una posición financiera. El objetivo, a medio plazo, es tomar una buena posición en el mercado digital en castellano. El resultado, a largo plazo, es que el que nos vendieron como campeón español de la distribución digital en castellano dejará de ser español, o lo será bastante menos. A mí me la trae al pairo, pero es una muy mala noticia para los adictos a la Marca España y sus alharacas editoriales.

El que no desaparece pierde dinero y, el que no –o también- vende. Los de siempre no permiten que la realidad les estropee un buen titular y hace poco publicaron delirios triunfalistas como éste:

LIBROG-

No se pierdan la disección que hizo la Patrulla de Salvación y entenderán por qué la gran edición española y buena parte de la industria cultural de este país no se entera de qué sucede ni tiene ni idea de qué hacer, cual gato paralizado ante los faros del autobús que se le echa encima en pleno crepúsculo.

La biblioteca pública integral (V): derechos de remuneración, mala fe y malas soluciones

PANDERETA-

El 2 de agosto entró en vigor el Real Decreto 624/2014, de 18 de julio, por el que se desarrolla el derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras realizados en determinados establecimientos accesibles al público. Es una norma que aborda con mala fe un problema muy sencillo y lo hace con muy malas soluciones.

Antes de analizar lo más relevante del texto legal –breve a excepción del estomagante preámbulo con el que el legislador suele obsequiarnos– debemos separar varios conceptos para poder tratarlos de forma separada. Estos conceptos son tres:

  • El derecho de los autores a ser remunerados por el préstamo de sus obras
  • El modo de cálculo de dicha remuneración
  • El procedimiento de pago

El Real Decreto es impecable en el primer punto pues se acoge a lo dispuesto en normas anteriores como la Ley de Propiedad Intelectual, texto refundido aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, además de la Ley 10/2007, de 22 de junio y la 49/2002, de 23 de diciembre. También cita la Directiva 2006/115/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 12 de diciembre de 2006, pero lo que no dice es que esa directiva es también un tirón de orejas al Estado español por haber ignorado una norma europea cuya trasposición estaba pendiente desde 1992. Su lejano origen no está en la salvaguarda de los derechos de los autores, sino en la protección de la cultura escrita y la industria editorial de algunos países nórdicos, tal como Manuel Gil expone en un imprescindible artículo sobre la cuestión:

Algunos países nórdicos estaban seriamente preocupados por las importaciones de libros de lengua inglesa, lo que les llevó, en un intento de proteger la creación intelectual autóctona, a plantear la necesidad de una tasa compensatoria de sus autores nacionales. Veían con claridad que su propia lengua y su industria editorial corría muchos riesgos. Pero no olvidemos que ni esos países, ni sus sistemas bibliotecarios, nivel de población, renta, cultura, tasas de lectores, etc, son ni remotamente parecidos a los países del sur, ni los sistemas bibliotecarios son comparables, y mucho menos al español. […]

Derecho a remuneración por préstamo

¿Los autores tienen derecho de remuneración por el préstamo de sus obras en bibliotecas públicas? A día de hoy la respuesta sólo puede ser afirmativa porque la ley les ampara, pero toda ley es discutible y modificable. Los autores ya cobran el porcentaje que les corresponde cada vez que un editor vende un libro a una biblioteca, por lo tanto no es cierto que hasta ahora no cobrasen nada. Desde 2007 los autores también cobraban un importe adicional fijo de 0,2 euros –veinte céntimos– cada vez que una biblioteca pública compraba uno de sus libros, importe gestionado por CEDRO, con la confianza que eso les genera a muchos autores. No está claro que este importe se haya pagado debidamente.

Sí es cierto que hasta ahora no veían un duro cada vez que una biblioteca prestaba un libro; Julián Marquina, director de RecBib, argumenta que cobrar por la venta del libro a la biblioteca y volver a cobrar por el préstamo es un repago ilegítimo. Que es un repago es literalmente cierto, la administración está pagando dos veces al autor por el mismo concepto y yo ahí veo un problema. Una de las principales funciones de un sistema público de bibliotecas es el fomento de la lectura. De su labor se acaban beneficiando indirectamente todos los autores porque se supone que cada nuevo lector es un potencial comprador. Querer cobrar dos veces me parece cuestionable.

La directiva europea que reconoce el derecho de remuneración a los autores data de 1992. En esa época la World Wide Web acababa de nacer –Internet ya existía pero su uso se circunscribía a entornos universitarios y empresariales– y era (casi) imposible saber cómo afectaría al libro. Hace veintidós años un libro de papel podía tener una vida útil tan larga como permitiera su estado de conservación –como ahora– y el derecho a remuneración por préstamo podía ser una forma (imperfecta) de compensar al autor por presuntas ventas perdidas. Hoy los sistemas de licencia de préstamo digital, de los que ya hablamos en su momento, limitan técnicamente el alcance del préstamo de las obras digitales y, por lo tanto, limitan el número de veces que una obra puede ser prestada, tras las cuales dicho título debe ser recomprado generando una nueva remuneración para el autor.

La digitalización de la biblioteca pública abocará a los autores a tener que elegir: o bien cobrar el porcentaje ya previsto en el PVP por cada título vendido y renunciar a cobrar por los n préstamos previstos en la licencia, o bien cobrar sólo una parte por cada préstamo realizado. Trasponer el mismo sistema a los libros en papel, con la tecnología a nuestro alcance, es fácil. En cualquier caso, querer cobrar dos veces por lo mismo a un sistema público de fomento de la cultura es cicatero y corto de vista por muy legal que sea. Las percepciones son muy importantes y los autores pasan por alto que cobrar dos veces por lo mismo puede percibirse de forma inesperada, por decirlo suavemente.

Un torticero modo de cálculo

El Artículo 7, que establece el procedimiento de cálculo de la cuantía de la remuneración, dice los siguiente:

  1. La cuantía global en concepto de remuneración por préstamo en los establecimientos incluidos el artículo 2 se determinará por la administración o entidad titular del establecimiento en los términos previstos en los apartados siguientes, en función de la suma de una cantidad calculada en relación con el número de obras sujetas a derechos de autor puestas a disposición con destino al préstamo, y de una cantidad derivada del número de usuarios efectivos del servicio de préstamo.
  2. La cuantía global en concepto de remuneración por préstamo se calculará anualmente, y se hará efectiva a lo largo del primer semestre del año siguiente. Los datos a utilizar para estos cálculos serán los correspondientes al ejercicio anual precedente.
  3. La parte de la cuantía que toma como base el número de obras sujetas a derechos de autor puestas a disposición con destino a préstamo, se obtendrá multiplicando por 0,004 euros el número de obras que han sido objeto de préstamo en cada establecimiento en el año correspondiente.
  4. La parte de la cuantía relativa al número de usuarios efectivos del servicio de préstamo se obtendrá multiplicando por 0,05 euros el número de usuarios inscritos anualmente en cada establecimiento que hayan hecho uso efectivo del servicio de préstamo en el año correspondiente.

Esto no será plenamente válido hasta el 1 de enero de 2016, tal como establece la Disposición transitoria incluida al final del Real Decreto:

1.El cálculo de la cuantía que toma como base el número de obras sujetas a derechos de autor puestas a disposición con destino a préstamo, conforme al artículo 7.3, se aplicará a partir del 1 de enero de 2016. Hasta esa fecha el cómputo se obtendrá multiplicando por 0,16 euros el número de obras adquiridas anualmente a tal efecto en cada establecimiento.

[…]

Volvamos al mencionado Artículo 7: lo que establece el punto 1 es que no se pagará directamente a cada autor por cada préstamo realizado de cada uno de sus libros sino que a partir del total efectivo de obras prestadas y el total de usuarios de cada biblioteca pública se calculará un bote que deberá ser repartido. El punto 2 añade que dicho bote se pagará dentro del primer semestre del año siguiente. Este es un sistema que hubiera estado muy bien en 1992 porque gestionar de forma detallada las compras y préstamos de las bibliotecas en un entorno analógico era una pesadilla burocrática. Hoy en día trabajar a bulto es una sandez porque la tecnología permite saber exactamente cuantas veces se presta cada título en tiempo real. Esto será importante al tratar la cuestión de quién gestiona el pago.

Antes abordaremos la cuantía asignada a los puntos 3 y 4 para entender exactamente de qué estamos hablando. No lo ponen muy fácil. Recuperaremos un par de cifras de la red de bibliotecas públicas de Catalunya (datos de 2009). Según el punto 3 cada préstamo genera 0,004 euros. Supondremos que cada libro prestado está sujeto a derechos –no es así, pero para dimensionar de algún modo la cuestión vamos a suponerlo. Se prestaron 16.703.912 documentos, de los cuales el 55,1 fueron libros y publicaciones, lo que da un total de 9.203.855 documentos (eliminando decimales) que multiplicados por 0,004 dan una cifra de 36.815 euros anuales aproximadamente.

La cosa se complica cuando sumamos lo que tocaría percibir por cada usuario que ha hecho uso efectivo del préstamo de un título sujeto a derechos como reza el punto 4. En Catalunya, en 2013, había 3.490.051 carnets de biblioteca expedidos. Vamos a suponer –de algún modo tenemos que hacerlo– que sólo la mitad de esos usuarios han pedido prestado algún libro. Eso arroja un total de 1.745.025 usuarios (eliminando decimales) que multiplicado por el factor que fija el artículo nos da una cantidad total de 87.251 euros aproximadamente.

Sumando ambos conceptos la cantidad total anual que las bibliotecas catalanas deberían abonar por derechos de autor debería ser aproximadamente de 124.066 euros (es consistente con los cálculos que realiza Manuel Gil en su artículo antes citado). ¿Es mucho o es poco? Según la Asociación de Escritores en Lengua Catalana – citada en un artículo del diario Ara– es muy poco, aunque ellos hacen los números de otra manera. Ellos interpretan el punto 3 del Artículo 7 de manera que no se cargan 0,004 euros a cada préstamo, sino a cada obra prestada y por una sola vez, sea cual sea el número de veces que se haya prestado dicha obra durante el año. La lectura del mencionado punto 3 no me aclara si su interpretación es la correcta, pero es plausible; que una norma que regula algo tan sencillo se preste a este tipo de confusiones es muy preocupante.

Un oscuro sistema de pago

Para entender quién paga y cómo debe hacerlo debemos ver un par de artículos más, el 5 y el 8:

Artículo 5. Sujetos obligados al pago de la remuneración y procedimiento de pago.

  1. Los titulares de los establecimientos enumerados en el artículo 2 quedan obligados al pago de una cuantía global en concepto de remuneración por préstamo.

[…]

Los sujetos serán las bibliotecas públicas, la mayoría de las cuales de titularidad municipal. El Ayuntamiento de cada municipio será, por lo tanto, el pagador.

Artículo 8. Distribución de la remuneración.

  1. La remuneración a los autores con las cantidades obtenidas conforme a lo previsto en el artículo 7 se hará efectiva a través de las entidades de gestión de los derechos de autor.
  2. Las entidades de gestión de los derechos de autor estarán obligadas a satisfacer anualmente a los autores la remuneración individual que les corresponda por el préstamo de sus obras, en función de las cantidades obtenidas en aplicación de lo previsto en el artículo 7. El criterio utilizado para efectuar dicho reparto deberá ser, en todo caso, objetivo, proporcional y de público conocimiento.

Ante articulados como este me viene a la memoria una frase atribuida al Conde de Romanones, haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos, toda una declaración de lo que ha sido y es el funcionamiento del Estado. Una ley es una herramienta interpretable para cuyo correcto funcionamiento es necesaria la redacción de un reglamento que se ocupe de los detalles. Vivimos en un país en el que la redacción de las leyes y sus correspondientes reglamentos están demasiado separados en el tiempo y eso crea inseguridad jurídica.

¿En qué consiste un criterio objetivo, proporcional y de público conocimiento que no está contenido en el mismo Real Decreto que lo menciona ni existe todavía el reglamento que lo regule? Ese detalle se deja al libre albedrío de las entidades de gestión a las que se otorga patente de corso con Artículos como el 5 y frases como la última del punto 2 del Artículo 8. Lo que vienen a decir es que las entidades de gestión cobrarán a unos ayuntamientos endeudados cuyo conocimiento de la materia puede ser escaso –las Diputaciones ya se pueden poner las pilas– mientras que pagarán lo que les dé la gana a los autores pues no da detalles acerca del reparto. El sistema es expresamente desequilibrado pues empodera de manera injusta a las entidades de gestión de derechos –especialmente a CEDRO– ante los municipios y ante los autores. Recordemos, además, que la ley autoriza a las entidades de gestión a quedarse con una parte de lo recaudado en concepto de gastos de gestión y administración, pero tampoco aclara qué porcentaje.

Mi propuesta alternativa

El Real Decreto 624/2014 es una chapuza administrativa al servicio de las entidades de gestión; hoy la tecnología permite un sistema de remuneración a los autores justo y directo. Si se puede hacer mejor, hacerlo peor sólo indica ignorancia, mala fe o ambas cosas. Propongo una enmienda a la totalidad basada en un enfoque diferente de los tres puntos mencionados al principio:

Derecho de remuneración. Reconocido, pero en vez de recibir el porcentaje por la compra –lo que ya cobran en base al PVP– más una cantidad añadida –que es de lo que trata el Real Decreto– sólo percibirá un reducido porcentaje del PVP cada vez que se preste su obra. La idea es que al final de la vida útil de un ejemplar en papel acabe cobrando algo más que por la simple compra de dicho ejemplar, pero no mucho más, salvaguardando la función social de la biblioteca. Bajo este sistema el autor cobrará en función del rendimiento social de su obra: si es muy bien acogido por los usuarios de bibliotecas, rendirá más. El sistema está inspirado en la venta de licencias para préstamo digital en bibliotecas, de este modo ya preparamos el sistema bibliotecario para adaptarse a las nuevas realidades sin necesidad de tener que instrumentar sistemas radicalmente diferentes para lo que, al fin y al cabo, es el mismo servicio. De este modo se pasa del otorgamiento de un privilegio al reconocimiento de la función social del autor, sea cual sea el formato en el que se haya editado la obra.

Adicionalmente, y a diferencia de lo establecido en el nuevo Real Decreto, la remuneración debe llevarse a cabo ya sea mediante préstamo o consulta en sala, pues no tiene sentido la distinción que la nueva norma establece. Para una crítica de este aspecto del Real Decreto y otras contradicciones y disfunciones, recomiendo leer este artículo de Josep Matas.

Modo de cálculo y procedimiento de pago. Cada préstamo generará un pago. La tecnología ya permite conocer en tiempo real qué obra se presta y a qué autor pertenece, pudiendo liquidar lo adeudado en períodos breves, sean mensuales o trimestrales. Se eliminaría, por lo tanto, el doble cómputo de obras prestadas y usuarios que usan el préstamo. El cálculo sería sencillo, directo, transparente y público.

Aunque la titularidad de las bibliotecas sea municipal, es función de las Diputaciones y Comunidades Autónomas vertebrarlas en redes coherentes. La función de estos dos niveles administrativos les otorga un papel compensatorio muy importante, de forma que el pago de los derechos por préstamo no debe recaer sobre los municipios –ni sobre las Diputaciones, cuyo papel es ligeramente distinto– sino sobre las CCAA. Para entendernos, los municipios llevan a cabo la prestación del servicio porque son la administración de proximidad pero es responsabilidad de la Comunidad Autónoma satisfacer los derechos de los autores pues en ella recae la competencia en materia de cultura. Eso permitiría extender el pago de derechos a los municipios de menos de 5.000 habitantes, beneficiando a los autores –aunque para eso deberían llevarse a cabo determinadas inversiones, como apunto al final de este artículo.

No sería necesaria la intervención de ninguna sociedad de gestión de derechos. Sería la propia comunidad autónoma la que pagaría el dinero de los derechos mediante cuatro procedimientos posibles en función de diversas variables:

  • Deducción del 120% –por ejemplo– sobre el IRPF del año en curso
  • Pago directo al autor del 100%
  • Pago a la editorial, sólo en el caso de autores extranjeros

A los que yo excluiría de cualquier pago es a los herederos del autor, pues no siendo los autores de la obra no creo que deban beneficiarse de su retorno social (no creo en el derecho de autor heredable: los derechos de una obra no son una propiedad, son un privilegio que se otorga al autor, en vida, para que pueda vivir –en lo posible– de su obra. Pero aquí no voy a meterme en este jardín).

El sistema propuesto prima la deducción sobre el IRPF bonificándolo con un 20% –es un ejemplo, el porcentaje puede ser distinto– pues eso hace posible que los pagos directos a autores vivos de nacionalidad española se reduzcan significativamente.

Obviamente los datos de préstamo serían publicados periódicamente indicando las obras prestadas, sus autores y los pagos –o deducciones– realizados por el sistema público. Para que mi propuesta fuera posible debería construirse un sistema de información que ponga en común y unifique todas las bases de datos de las bibliotecas públicas en el Estado, sea cual sea su ámbito competencial –estatal, autonómico, municipal, etc. La creación de dicho sistema no implica conocimientos arcanos y podría incluirse en el articulado del Real Decreto. Su coste, relativamente alto, se aprovecharía a corto plazo conociendo mejor los hábitos culturales españoles y también sería aprovechado a largo plazo por los sistemas de préstamo digital en ciernes. La gestión de dicha herramienta de información debería estar en manos de las CCAA, que son las que tienen transferidas las competencias de cultura (agradezco a Carme Fenoll, Responsable del Servei de Biblioteques de la Generalitat de Catalunya, sus aclaraciones acerca del estado actual de los sistemas de información bibliotecaria en Catalunya).

El Real Decreto recientemente aprobado es un ejemplo más del acceso que las agencias de gestión de derechos tienen en el redactado de las leyes, pues son las únicas que salen claramente beneficiadas. Las cantidades a pagar por los ayuntamientos serán objetivamente modestas –pero relativamente onerosas para muchos presupuestos municipales– y las que perciban los autores tenderán a ser testimoniales, no así las gestionadas por sociedades como CEDRO, las únicas de las que se podría prescindir si se quisiera implementar un sistema moderno. Es una mala legislación que no aporta nada bueno y añade más arena a unos engranajes ya muy gastados.

Bonus track: eldiario.es ha publicado tres vídeos de sendos momentos de la votación del Real Decreto 624/2014. No tienen interés por su contenido, aunque sí por su puesta en escena y porque permiten ver el ambiente, las actitudes, los personajes y el siglo en el que viven (muchos de) nuestros legisladores. Una paleta de colores beige y marrón, pesados cortinajes y moquetas, rancios pupitres… nada mejor que ver y entender la tumba de la inteligencia que son ciertas comisiones políticas:

http://www.eldiario.es/turing/propiedad_intelectual/VIDEOS_0_284871888.html

Ocaso en el imperio editorial español (III): Wylie y Balcells

WPHONE-

Una parte importante del negocio editorial está en los derechos de autor y los más jugosos los gestionan prestigiosas agencias. En el ámbito anglosajón la más importante es The Wylie Agency, de Andrew Wylie, con sedes en Nueva York y Londres. En el ámbito latinoamericano lo es la Agencia Carmen Balcells, con sede en Barcelona.

El pasado mayo la gran mayoría de medios españoles orgasmaron al unísono exclamando que la Balcells se fusionaba con Wylie para crear, cito textualmente, una “superagencia literaria”. No repasaré exhaustivamente el babeo patrio –la Patrulla de Salvación ya lo hizo muy bien– pero los cortesanos del libro estuvieron a la altura esperada glosando el magno acontecimiento casi como la segunda venida de Cristo.

¿Qué anunciaron Wylie y Balcells? A tenor de lo publicado en España, no tengo ni idea, el humo me impidió ver la sustancia, a excepción del artículo de Peio H. Riaño en El Confidencial, el más atinado a mi juicio. Rascando un poco allende los Pirineos ni en The Times ni en Le Monde les pareció que la cosa mereciera una simple nota. Ciertos medios especializados como Publishers Weekly tampoco estuvieron más inspirados. El único periódico relevante que tocó el tema allende los mares fue The New York Times. Aunque no aportó mucha más información sí dijo lo suficiente como para atar algunos pocos pero importantes cabos, posiblemente porque en vez de empezar a escribir con la noticia calentita esperaron más de quince días para publicar un razonable artículo.

El pasado mayo Wylie y Balcells no anunciaron una fusión, se limitaron a comunicar que habían firmado un documento de intenciones. La diferencia es tan grande como entre una pedida de mano y una boda. Por poner un ejemplo de transacción que acaba mal a pesar de estar todo el mundo de acuerdo citaremos el reciente caso de Hachette e Ingram, que no llegaron a entenderse en la compra conjunta de Perseus Books Group cuando ya casi todo estaba solucionado.

El mencionado documento de intenciones no habla de una fusión pura y dura. En palabras de Rachel Donadio, corresponsal de cultura del NYT en Europa:

Ms. Balcells, 83, announced last month that she had signed a letter of intent with the New York literary agent Andrew Wylie to form a new venture, the Balcells-Wylie agency, in which her writers would come under joint management with Mr. Wylie.

“Letter of intent” puede traducirse como el ya mencionado documento de intenciones y “to form a new venture” como formar una nueva empresa que no significa fusionar las ya existentes sino crear un vehículo para gestionar mejor una serie de activos.

Algo que causó sensación en el periodismo cultural español fue el nombre de la nueva empresa, Balcells-Wylie Agency. Aquellos que repararon en el detalle creyeron ver un acuerdo paritario en el que el prestigio de Carmen Balcells quedaba reivindicado al aparecer en primer lugar. Si uno se detiene a medir el valor de cada agencia se da cuenta que eso no tiene ningún sentido. Contando sólo el número de autores representados estamos hablando de una relación favorable a Wylie de tres o incluso de cuatro a uno. Pero si lo contamos como valor económico de los autores y obras representados el desequilibro es mucho mayor, alcanzando holgadamente el diez a uno y pudiera ser que incluso más.

El momento por el que pasa cada una de las agencias tampoco tiene nada que ver. La empresa de Wylie goza de buena salud mientras que la de Balcells lleva años arrastrando pérdidas. Wylie gestiona una cartera en el que el fondo es tan importante como los autores vivos, mientras que la cartera de Balcells ha envejecido mal con muchos autores muertos o cuya productividad no es lo que era. Este tipo de detalles también influyen poderosamente en el momento de negociar. No tiene sentido, por lo tanto, una fusión al 50%.

Carmen Balcells protege su legado

Andrew Wylie intentó comprar la agencia de Balcells hace ya tiempo. Al no conseguirlo abrió oficina en Madrid pero tuvo que cerrar al cabo de poco porque no se comía un colín. Aun así ha conseguido algunos éxitos sonados, especialmente entre las viudas de grandes escritores, como Jorge Luis Borges.

El de agente es un oficio en el que el factor personal es básico. Hay hechos biológicos inevitables. Carmen Balcells tiene 83 años y no dispone de heredero vocacional, aunque sí de sucesor empresarial –la diferencia es importante. Posiblemente esté preocupada por la situación en la que quedarán sus autores cuando ella ya no esté y busque una salida honorable para ella y el mejor trato para ellos.

Hay un escenario en el que el acuerdo a corto plazo sería beneficioso para Carmen Balcells y a medio y largo plazo para Andrew Wylie, un escenario que no he visto claramente mencionado en ningún medio. Ya hemos visto que un trato paritario es imposible y una simple compra sería inaceptable para Balcells e incluso perjudicial para sus autores. La solución sería crear una nueva empresa cuyos activos serían los autores de Carmen Balcells y los que Wylie tenga en lengua castellana. Ahí sí que la mayoría de la participación podría ser de la agente catalana, al menos en el momento de constituir la nueva sociedad. El trato incluiría unas condiciones ventajosas para los autores de Balcells para evitar la espantada a otras agencias más pequeñas pero más dinámicas. Para no dar la sensación que Andrew Wylie se lo lleva crudo la nueva sociedad tendría su sede en Barcelona, estaría dirigida por Guillem d’Efak –cuya reciente incorporación ahora tendría mucho más sentido- y tutelada, mientras fuera posible, por la propia Balcells. A la muerte de la agente catalana, la mayoría o incluso la totalidad de las participaciones de Balcells-Wylie Agency pasarían a manos de The Wylie Agency, que no trasladaría la empresa a Nueva York ni la absorbería, manteniendo la marca y la gestión diferenciada mientras eso tuviera lógica empresarial. De este modo, a medio plazo, Andrew Wylie controlaría los derechos más jugosos en inglés y en castellano mediante dos vehículos perfectamente diferenciados.

Un escenario incómodo

El escenario descrito es hipotético y sin duda no encajará del todo con lo que suceda finalmente pero a mi modo de ver es el que explica mejor lo poco que sabemos. El problema es que es un escenario muy incómodo para el nacionalismo editorial español. Estamos a pocos años de ver cómo los derechos de los mejores y más lucrativos autores en lengua castellana pasan a ser propiedad de un neoyorquino con una visión diferente a la que se estila por aquí; no sólo los actuales autores en lengua castellana cambiarán de manos sino los que puedan incorporarse a la nómina de Balcells-Wylie ahora que este nuevo vehículo dispondrá de renovada liquidez y mayores recursos. La sede estará en Barcelona pero no se podrán tomar decisiones importantes sin el plácet de Nueva York o Londres, del mismo modo que la sede de Penguin Random House Grupo Editorial para el mercado en castellano está en Barcelona pero las decisiones de calado se toman en Nueva York o en Gütersloh, cuartel general de Bertelsmann.

Esta es una más de las joyas de la abuela que nos estamos vendiendo. En breve hablaremos del estado comatoso de Prisa, del aprieto en el que se encuentra Planeta y de algunas ventas cometidas con discreción veraniega. A medio plazo deberemos hablar más de la gran edición afincada en España que de gran edición española propiamente dicha. Pintan bastos para el Imperio cultural español, buenas noticias para la edición independiente.

Amazon macht frei

EN LOS DOMINIOS DE AMAZON-

Cuanto más conozco a Amazon más valoro el trabajo de la edición y la librería independiente. Hace tiempo que no compro libros en Amazon –con la única excepción de un libro digital que sólo está disponible ahí. Hace tiempo que no enciendo mi Kindle –aunque sí la App del iPad o del smartphone- para leer los libros que compré en su día. Hace tiempo que no me siento cómodo comprando en Amazon.

El título de este artículo está inspirado en el libro “En los dominios de Amazon” de Jean-Baptiste Malet. Que nadie me acuse de frivolizar con ciertas cosas si antes no ha leído el libro del mencionado periodista francés para entender el trasfondo totalitario del modelo de negocio de Jeff Bezos. La relación que yo establezco no es absoluta sino relativa. Amazon no mata a nadie, no obliga a nadie a trabajar en sus centros logísticos, no hace nada exactamente ilegal, al menos no más que otras empresas. El problema con Amazon –y con esas otras empresas- es de valores. Antes que alguien crea que podemos meter a todos en el mismo saco, atentos a ciertas iniciativas de IKEA, en todas partes cuecen habas pero no todas se cocinan igual. Vamos todos en el mismo barco, pero no todos remamos en la misma dirección ni ponemos el mismo empeño.

¿Contra qué luchamos?

Desde su llegada a España la gran mayoría de críticas a Amazon ha tomado un cariz sentimentaloide y neoludita en una defensa numantina de la edición tradicional y la librería de barrio como si ambas estuvieran en posesión de verdades eternas y esencias sagradas cuando únicamente son unos medios para unos fines. Nosotros los llenamos de un significado que puede ser importante pero que a muchos les impide ir a lo esencial. Lo esencial no es conservar una forma de entender la cultura sino disponer de los medios para que esa forma de entender la cultura, que incluye unos valores humanistas, siga prosperando.

La mayoría de críticas al modelo de Amazon se queda en la coyuntura, en los detalles y omite un análisis más profundo, necesario para entender y oponernos a dicho modelo. Todas y cada una de las herramientas de Amazon son perfectamente copiables; la compra a un clic, el envío gratuito, los precios bajos, la excelente experiencia de uso, compra y lectura, incluso la extrema orientación al cliente. La mayoría de ellas son socialmente neutras –la compra a un clic o una oferta de centenares de miles de títulos digitales no perjudican directamente a nadie– pero otras implican un modelo cultural y económico pernicioso. Cada una de estas estrategias encierra unas contrapartidas con las que debemos decidir si comulgamos o no.

El modelo Amazon es fuertemente alienador. Su absoluta orientación al cliente olvida la dimensión humana tanto de los clientes –tratados como seres unidimensionales sólo preocupados por su bienestar a corto plazo– como de los trabajadores de sus plantas logísticas, que son empleados sólo porque todavía no hay robots capaces de hacer exactamente el mismo trabajo. Por eso los tratan como a máquinas, como si fueran piezas intercambiables. Nada que en Occidente no hayamos sufrido desde el siglo XVIII y XIX, nada nuevo desde el taylorismo y semejantes compañeros de cama, aunque incluso Henry Ford sabía que si quería que sus trabajadores fueran a la vez sus clientes tenía que pagarles un mejor sueldo. Amazon no es ni siquiera fordista, es taylorista con propaganda estajanovista. La visión implícita de Amazon es la de un mundo en la que hay obreros que trabajan bajo un enfoque absoluto en el cliente; sus trabajadores no pueden ser clientes de Amazon porque la propia empresa les despoja de la posibilidad de serlo, aunque mediante sus estrategias de comunicación interna intente hacerles sentir que forman parte de algo. Nuestra aproximación al modelo Amazon debe partir de esa base, sólo así seremos capaces de oponernos a la empresa de Jeff Bezos y similares.

¿Con quien contamos?

Olvidémonos, para empezar, del cliente tipo de Amazon –si es que eso existe. Se trata de un cliente que compra una gran variedad de productos en Amazon y sólo le interesan el precio y el plazo de entrega. El cliente que no ve más allá de la Home de Amazon no puede ser el cliente de un editor o librero independiente porque él no cuenta con ellos, no entran en su ecuación de consumo. No es cierto que todo lector sea un cliente potencial de cualquier librería o editorial. Debemos aprender a prescindir de ciertos clientes porque nunca lo serán. No les dediquemos esfuerzos.

Muchos aciertan al diagnosticar que el problema con Amazon es de valores; el sector del libro en España tiene muy bien trabajado el diagnóstico de sus problemas, lo que falla es la medicina a prescribir. Muchos creen que como los valores que defiende Amazon son censurables, todo lo que hace Amazon lo es; son los mismos que desde un romanticismo infantil y una nostalgia de vuelo gallináceo creen que hay que defender la edición y la librería de siempre en bloque, de manera inamovible. Al progreso falto de humanidad oponen un retorno a las esencias que tiene tan poco de humano como lo que dicen combatir. Parecen olvidar que si el progreso no es humanista es simple tecnologismo tanto como que la tradición sin objetivo es simple ritual vacuo.

Del mismo modo que no vamos a renunciar a la electricidad aunque en España tengamos que soportar un oneroso oligopolio energético, tampoco podemos dar la espalda a un montón de útiles herramientas por el simple hecho de que quien más partido les esté sacando –al menos de momento- sea una empresa con un comportamiento sociópata.

Contamos con un público real más pequeño, posiblemente el público que siempre hemos tenido pero que la falta de herramientas adecuadas no nos permitía medir. Si nuestro negocio se basa en el volumen y el best-seller –lo uno lleva a perseguir lo otro y viceversa- necesitamos a Amazon y debemos ponernos a su rueda con grandes tragaderas. Pero si nuestro negocio se basa en la calidad y en la explotación de públicos de nicho Amazon podrá ser un complemento, pero nunca la columna vertebral de nuestro modelo de comercialización.

La calidad es cara y eso conlleva una profunda reestructuración de los métodos de producción. Editar como siempre ya no es sostenible, el plan editorial debe incluir aspectos como la financiación de los proyectos mediante crowdfunding, el conocimiento profundo del cliente antes de trazar el plan –al cliente hay que ir a buscarlo, la librería ya no es el único lugar donde comprar libros–, la integración de las tareas editoriales en herramientas de ahorro de costes directos e indirectos –maquetar libros para imprenta a la manera tradicional empieza a estar obsoleto y convertir luego el resultado en EPUB es un despilfarro–, la asociación con editoriales afines para beneficiarse mutuamente de economías de escala –véanse los casos de Llegir en català y Contrabandos– entre otras medidas.

De todo lo mencionado se desprende una digitalización a ultranza que no consiste en la simple transformación de formatos y su distribución digital como remedo de lo analógico. Digitalizar la edición es pensar en digital desde la selección de los títulos a hasta su comercialización y compra por parte del público teniendo en cuenta, además, su futura vida comercial. No debemos editar nada que no sepamos cómo vender a un mínimo de clientes y no sabremos cómo venderlo si no conocemos a nuestro público. No debemos confiar nunca más en el espejismo analógico según el cual basta con poner los libros en las librerías –tantas como sea posible, analógicas o digitales– para que nuestro libro se venda. Eso ya no funciona.

La digitalización a ultranza no elimina el papel sino que le da la dimensión adecuada en cada proyecto editorial. Habrá casos en los que será imprescindible producir una tirada considerable en papel, mientras que en otros casos sólo los formatos digitales tendrán sentido, pasando por modelos mixtos en los que la impresión bajo demanda tiene su razón de ser.

El corolario de todo esto es que podemos combatir a Amazon –y seres de parecido pelaje– en terrenos que no trabajan bien o que no pueden trabajar en absoluto. Uno de los más importantes es el conocimiento profundo del público de nicho; Amazon puede poner a disposición de dichos públicos un caudal enorme de títulos, pero no puede acercarse a ellos y establecer una relación basada en el conocimiento y en la conversación, una relación basada, al fin y al cabo, en valores.

Jeff Bezos necesita centenares de millones de clientes. Las editoriales y librerías independientes necesitan unos pocos cientos de buenos clientes y unos cuantos cientos más de ocasionales. Amazon necesita crecer para sobrevivir. Las editoriales y librerías independientes sobreviven cuando logran mantener márgenes operativos discretos. Éstas y otras diferencias son de una importancia estratégica.

Copiar bien, copiar lo adecuado

Amazon hace muchas cosas bien que debemos saber copiar. Ya hemos aprendido que la experiencia de uso, compra y lectura son esenciales. Para Jeff Bezos la única dimensión del negocio es un servicio impecable y eso le lleva a sus draconianas políticas de precios y de recursos humanos. No es necesario convertirnos en Amazon para hacer las cosas bien. La compra a un clic es fácil de copiar y no hace daño a nadie, pero otra cosa muy distinta es caer en la trampa de jugar con las mismas herramientas que el gigante, pues siempre nos ganará por goleada. Ni editores ni libreros independientes podrán nunca competir en el terreno de la entrega gratuita, a duras penas podrán hacerlo en el de las 24 horas y raramente en precio. No es ahí donde hay que luchar porque el público que prima esas dimensiones del trato al cliente no es nuestro público. Hay que copiar bien lo bueno de Amazon, pero sólo hay que copiar lo adecuado.

La solución a los problemas del libro independiente no es ni fácil ni rápida, pero pasa por la construcción de productos que puedan competir allí donde otros no pueden. Los problemas de mercado deben solucionarse en el mercado sin recurrir a las ayudas de la Administración y sin encastillarse en tradiciones hueras. Amazon es un contrincante formidable, pero no es invencible si elegimos bien el terreno, las herramientas y los valores adecuados.