Seebook, o cómo saber si un libro interesa a un periodista (sin tener que preguntar)

MESC

Como ya comenté en su día, Seebook es una herramienta muy eficaz para vender libros digitales en librerías físicas. Una de las opciones que ofrece esta empresa de Barcelona es monitorizar la respuesta de sus campañas de lanzamiento dirigidas a medios de comunicación.

A diferencia de lo que sucede con el libro de papel, con el libro digital la información relativa al título que se distribuye –se venda o no– puede viajar con la misma facilidad en ambos sentidos. Si la Ley Orgánica de Protección de Datos no lo prohibiera y las plataformas como Amazon –entre muchas otras– no lo impidieran el editor, y con él el autor, podrían saber quién compra sus libros, es decir, podrían conocer directamente a su público.

Hasta no hace mucho las editoriales dedicaban un porcentaje apreciable de los ejemplares a promocionar el libro entre críticos, periodistas y blogueros especializados. Con el tiempo fueron sustituyendo el envío de ejemplares por el de PDF; así se ahorraban (casi) todos los ejemplares de promoción y los gastos de envío. Poco más. Pero mientras un libro de papel es un gasto y un objeto que puede ser recibido como un obsequio –y revendido, pero ese es otro tema– un e-mail está a un solo clic de ser borrado y su destinatario muy cerca de terminar en la carpeta de spam.

Sin tener que preguntar ni esperar la reseña

Hasta hoy, la única forma de saber si un libro interesa al periodista o crítico a quien se le manda es esperar y ver una reseña publicada o contactar con él directamente para indagar si publicará una nota. En función de los medios de los que disponga la editorial este trabajo se puede hacer de forma más o menos minuciosa.

Es imposible obligar a nadie a publicar una reseña; hay que confiar en la suerte, en la perspicacia del responsable de marketing o comunicación y en caerle en gracia a los periodistas. Saber si le interesa el catálogo de nuestra editorial es algo que todavía debemos confiar al análisis de lo publicado. Es un sistema orientativo: no sabemos si el hecho que haya publicado poco o nada de nuestra editorial se debe al desinterés, a la falta de espacio en el medio a que siempre pasan otras cosas por delante. En este caso habrá que de esperar el momento adecuado; si lo que hacemos no le interesa estamos tirando el tiempo y el dinero sin saberlo. Es un coste de oportunidad.

Seebook ofrece su sistema para que las editoriales envíen a los medios y líderes de opinión sus libros en Epub y PDF. El funcionamiento respeta la Ley de Protección de Datos y permite a la editorial trazar el comportamiento del destinatario del libro. Funciona del siguiente modo:

  • Una parte de las tarjetas que la editorial ha contratado a Seebook –el porcentaje que desee– se envían a sus destinatarios. De esa labor suele encargarse la editorial.
  • Cada tarjeta tiene un número, una matrícula única que las distingue de las demás. La editorial sabe qué números ha mandado a sus respectivos destinatarios mientras que Seebook sabe qué números han sido activados y descargados.
  • Seebook puede comunicar a la editorial qué números han sido descargados –y cuándo– sin necesidad de transferir datos personales. Es la propia editorial la que se encarga de cruzar los datos: sabe qué números se han enviado, a quién y qué han hecho con ellos.

De esta manera y a un coste asumible la editorial puede saber quién se descarga siempre sus títulos, quién sólo se descarga algunos –deduciendo, con el tiempo, si tiene autores o géneros predilectos– y quién nunca se interesa por sus contenidos. La editorial puede afinar mejor sus esfuerzos de promoción orientándolos a aquellos periodistas, críticos y blogueros más receptivos, o bien dedicar otro tipo de esfuerzos en convencer a los que se muestren indiferentes. Además, al ser Seebook un soporte físico, cada tarjeta puede ser personalizada: el editor puede dedicar un mensaje a mano, mucho más personal que un e-mail. Hay cosas que, posiblemente, siempre mantendrán su valor.

Los editores cada vez disponen de más herramientas para conocer el comportamiento de aquellos en quien deben apoyarse –y a quien deben apoyar– para dar a conocer sus novedades y catálogos. Obviamente Seebook sólo puede usarse con títulos que cuenten con versión digital. Otro motivo más para digitalizar los libros.

Preysler, Vargas Llosa y el clasismo (cultural)

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La palabra casta se ha puesto de moda para evidenciar el vergonzoso comportamiento de una élite política, económica y social. No es una palabra que me guste pero reconozco que es útil, diáfana, descriptiva. Al oír casta ya sabemos a qué se refieren. Castas hay más de una o, si quieren, muchas. Una de ellas es la casta cultural.

Antes de seguir hablando de casta veremos qué tuiteó ayer la escritora Laura Freixas:

El artículo del peruano hablaba de Nietzsche y no tiene nada que ver con el tema. Un buen puñado de tuiteros, algunos bastante ilustres, opinaron que su tuit era machista. Yo no creo que lo sea –más adelante lo argumentaré– pero Freixas acabó de estropear la tarde diciendo esto:

Impresionante. Pese a que este y otros tuits son bastante desafortunados viniendo de una escritora que se ha distinguido por su lucha por la igualdad de la mujer, censurarla por machista sería ir demasiado lejos. Twitter tiene estas cosas, te da la sensación que estás en el bar con los amigos cuando te lee –potencialmente– medio país. Quien esté libre de decir tonterías en Twitter que lance el primer tuit.

No es machismo, es clasismo

La tercera acepción del diccionario de la RAE define casta como:

En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.

Freixas cree que Isabel Preysler es una ama de casa inculta. Más allá del peculiar concepto de ama de casa me sorprende la presunción de incultura. Tamara Falcó parece más simple que el mecanismo de un chupete pero a la madre no le recuerdo ninguna salida de tono que me permita suponer que es inculta. Al contrario, tiene un ‘saber estar’ en situaciones en las que yo delataría el pelagatos leído que soy; en eso la Preysler es muy culta. I no es ninguna tonta.

Tampoco sabemos a qué dedica el tiempo libre la nueva pareja de Vargas Llosa pero tiempo, medios y oportunidades de adquirir una vastísima cultura los ha tenido.

Que Isabel Preysler sea una mujer y Mario Vargas Llosa un hombre es un árbol que no debe impedirnos ver el bosque tras el tuit de la escritora catalana: Freixas cree que la Preysler no merece ser pareja del escritor porque (cree que) es una inculta. Freixas dice que Vargas Llosa la ha decepcionado porque supone que no ha elegido alguien culto; tampoco nos aclara qué consideración le merecía Patricia Llosa quien, legalmente, todavía es la mujer del escritor. La que también es su prima era bastante más inculta que la anterior pareja del premio Nobel, su tía política Julia Urquidi, ésta sí con más cultura incluso que él, al menos cuando se emparejaron. Ha llovido mucho desde entonces.

A Freixas le molesta que la Preysler sea de la casta ‘equivocada’. La Preysler debe emparejarse con hombres (supuestamente) ricos pero no intelectuales. ¿Por qué? Menuda pregunta… porque se supone que un hombre culto sólo puede ser feliz con una mujer culta. Y viceversa, claro. Me imagino a los hombres (cultos) sonriendo con ironía mientras las mujeres (cultas) enarcan escépticamente una ceja. Y viceversa, claro.

Hay cierto tipo de intelectual al que no le gusta que le toquen ‘lo suyo’, no porque crean que es un tema que dominan –posición hasta cierto punto legítima– sino porque creen ser sus legítimos administradores. Es un tipo de intelectual que cree que el Canon Cultural (Occidental) está cincelado en mármol y sólo deben administrarlo aquellos a quien la Academia ha ungido sacerdotes. Debemos entender la Academia como un sistema que, por cooptación vertical descendente –el sentido es importante– autoriza a unos cuantos elegidos a impartir doctrina para el goce y guía de los lerdos; forman parte de la Academia los catedráticos, profesores, críticos, editores y escritores de la cosa entre otros personajes pululando alrededor. Este tipo de intelectual –ojo, no todos son así– es profundamente clasista; puede que no vea problemas en el emparejamiento entre ricos y pobres pero no puede evitar afear la unión entre cultos e incultos.

Cuando los medios de producción y distribución de la información estaban en manos de muy pocos porque su creación y mantenimiento costaba mucho dinero esta manera de entender la cultura podía tener su sentido. La cultura debía administrarse verticalmente por imperativo industrial, desde unos pocos que elegían a muchísimos que consumían. Había una clara separación entre Alta y Baja cultura, la primera recibía la bendición de la Academia, la segunda era producida en masa por los propietarios de los medios de producción para el sucio goce de incultos o se la procuraban ellos mismos en sus pintorescas fiestas.

Vivimos rodeados de ricos y pobres, de cultos e incultos pero algo ha cambiado: la información circula por las grietas del sistema erosionando el Canon Cultural (Occidental) y llevándose por delante un sacerdocio que, falto de ‘auctoritas’ descubre que su ‘potestas’ es impotente ante un ‘populus’ que ya se atreve a elegir por sí mismo y sin guía. Así, poco a poco, las grietas se convierten en regueros de los que manan raudales que socavan el Canon.

Así como hay gente con tres carreras universitarias que no ha vuelto a abrir un libro en su vida y son más burros que Platero también los hay que no han pasado del graduado escolar pero se han brindado a si mismos una cultura enciclopédica. No puedo entender cómo Laura Freixas defiende la igualdad de la mujer –causa que comparto pese a no ser una mujer– y a la vez censura el estilo de vida de una persona que si algo ha demostrado es elegir libremente sus parejas, su forma de vivir y su cirujano plástico. Puede que yo no comparta es estilo de vida –Freixas seguro que no– pero no soy quién para suponer que Isabel Preysler es inculta ni doy por sentado que una inculta no puede hacer feliz a Vargas Llosa.

Laura Freixas cree que ella merece ser pareja de Vargas Llosa –de otro modo no se sentiría decepcionada– y eso delata que, para ella, hay una casta cultural que merecería ser tratada de una manera especial. Quizás ha sido así hasta ahora, quizás no en asuntos de cama –que también– pero sí en muchos otros. Ejercer la intelectualidad desde la Acrópolis Académica les ha hecho perder el sentido de la realidad. No han visto, como sí hizo Alessandro Baricco hace ya unos años, que Los Bárbaros se acercan. Ya están aquí. Nada volverá a ser igual.

Datos de la edición en España: el tonto, el memo y el malo

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Cada vez que un dirigente de algún gremio de editores dice una tontería busco el papel de donde la ha sacado. Hilan muy fino, siempre dan pie con bola y nunca dicen nada que no apoye uno de sus papeles. El problema es que, como ya vimos en su día, sus papeles no se sostienen y están repletos de tonterías.

La última tontería la soltó Josep Lafarga –recientemente nombrado Secretario General del Gremio de Editores de Catalunya en sustitución de Segimón Borràs– durante la ‘Jornada Biblioteques públiques de Catalunya: 2011-2015′. Lafarga dijo que ‘la mitad de los títulos vivos ya están digitalizados’. Puso el dato como ejemplo del ‘gran esfuerzo’ que los editores están llevando a cabo.

Lo dijo dos veces. La primera pensé que se había confundido. Lo repitió poniendo énfasis en que el total de títulos vivos era de medio millón. Entonces me di cuenta que él no sabía que era una tontería y que esa tontería tenía que estar escrita en algún papel. Y me acordé del Avance del Informe de Comercio Interior del Libro en España 2014 publicado hace muy poco por la FGEE. Fijémonos en la tabla superior de la página 33 del citado Informe:

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El dato aparece en la segunda línea que reza ‘Los títulos digitalizados del fondo de catálogo’ y señala que en 2014 había 253.107. Según esto el señor Lafarga dice la verdad. El problema es que quien desbarra es el Informe y lleva al Secretario General del Gremio de Editores de Catalunya a decir una clamorosa y estridente tontería.

Pongamos que nos creemos el Informe. Si lo hiciéramos deberíamos concluir que los editores españoles son estúpidos, les gusta tirar el dinero o viven sobre inmensos yacimientos de petróleo y lo de los libros es una excentricidad de millonarios aburridos: han digitalizado ya 253.107 títulos vivos pero sólo han puesto a la venta 167.901 (ver tercera línea de la tabla). Guardan celosamente bajo siete sellos –digitales– la friolera de 85.206 títulos que no venden. ¿Ustedes se lo creen? Yo tampoco. Esa cifra equivale a la actual producción anual española en todos los formatos. Es una estupidez, una tontería.

Hagamos algunos números con datos mucho más fiables, los del registro del ISBN publicados en la página del Ministerio. Según el registro del ISBN los títulos editados en España en todos los soportes y formatos –incluyendo reediciones y reimpresiones– entre 2010 y 2014 fueron los siguientes:

  • 2010: 114.459
  • 2011: 111.907
  • 2012: 104.724
  • 2013: 89.130
  • 2014: 90.802
  • Total 2010 – 2014: 511.022

Eso se parece bastante al medio millón de títulos vivos –aunque habría que ver cuántos de esos libros son zombies, es decir, están agotados pero no retirados– de los que sólo una parte fueron digitales. Según el ISBN:

  • 2010: 18.221
  • 2011: 23.794
  • 2012: 24.381
  • 2013: 23.070
  • 2014: 22.361
  • Total libros digitales 2010 – 2014: 111.827

Hay una grave discrepancia entre las cifras de 2012 y 2013 que da el Informe y las que ofrece el ISBN. Según el Informe, la producción digital de 2012 y 2013 fue de 35.545 y 38.621 respectivamente, casi el doble de los ISBN digitales registrados. ¿De dónde salen? Misterio, pero para el ISBN no existen, que es como decir que no existen para el mercado, excepción hecha de los títulos autoeditados que sólo se venden en Amazon o en Kobo, que no necesitan disponer de ISBN porque sólo se venden en sus ecosistemas cerrados y que, por lo tanto, no deberían aparecer en el Informe pues éste es una encuesta a editoriales ‘de las de toda la vida, de las de verdad’.

Un problema añadido es que el ISBN, al menos en la presentación de datos del Instituto Nacional de Estadística, todavía no distingue la edición digital por formatos y juntan PDF, Epub y otros en una sola categoría. El Informe sí intenta segregar los títulos por sus formatos digitales. Fijémonos ahora en la tabla inferior de la misma página 33:

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Si suman los porcentajes verán que el resultado siempre excede el 100%. Esto es así, nos dicen, porque las respuestas pueden ser múltiples. Sólo el 50% de los títulos se edita en Epub, el formato que todas las plataformas de venta aceptan (Amazon trabaja con Mobi pero puede y suele encargarse de la conversión a partir de Epub). Los porcentajes de la última fila, ‘Otros’, corresponden a los mismos títulos que los Epub excepto si son libros de texto –en los que no entraremos para no liarnos todavía más– y por lo tanto no debemos sumarlos. El porcentaje del resto de formatos es marginal excepto en el caso del PDF, que representa casi el otro 50% de títulos. Ya vamos llegando al meollo del asunto.

Recuerden que Josep Lafarga dijo que la digitalización del 50% de títulos vivos –esos 253.107– era una muestra del gran esfuerzo de adaptación de los editores. El problema es que los actuales procesos editoriales producen un PDF sin ningún esfuerzo y por ello sin mérito alguno porque hoy en día –salvo excepciones– sin PDF no hay documento impreso. De un plumazo el 50% de Lafarga se convierte en el 25% que, expresado en número de títulos, descartando los del Informe y dando por buenos los 111.827 del ISBN –los únicos fiables y la mitad de los que indica el Informe–, serían unos 60.000, un 12% de los títulos vivos. Este, y no otro, es el esfuerzo real de digitalización de los editores españoles.

Resumiendo y comparando

Con los datos del ISBN en la mano las cifras del Informe de Comercio Interior son incomprensibles. No entiendo de dónde han salido, que es como decir que, o se los han inventado, los han aproximado a partir de la encuesta en la que se basa el Informe –miedo me da– o usan un conocimiento arcano al alcance de pocas mentes.

Da igual. El esfuerzo real de los editores españoles durante los últimos cinco años se traduce, como mucho, en la conversión y/o producción del 12% de títulos vivos al formato Epub. Para comprobar si mis datos son consistentes nos asomaremos al otro lado del espejo, a los libros digitales en venta. Se venden libros digitales en muchos lugares pero estar en Amazon es (casi) obligatorio. A 21 de julio de 2015 –por la tarde– en amazon.es había 184.795 libros digitales en castellano. Son muchos, casi 20.000 más que los que cita el Informe, pero aquí no sólo hay libros de editoriales españolas, están presentes los de (casi) todo el mundo y una gran cantidad –por el momento indeterminada– son autopublicados. Sólo una parte corresponde a editoriales españolas. Para que se hagan una idea, en catalán, galego y euskera sólo hay 6.145 títulos digitales. Y esos sí que (casi) sólo los editan editoriales españolas.

Como esta aproximación puede parecer sesgada intentaré contar los libros digitales que el Grupo Planeta tiene en catálogo en España; siendo el líder indiscutible creo que podremos hacernos una idea aproximada del estado del sector. Aunque planetadelibros.com lo pone muy difícil – megustaleer.com de Penguin Random House cojea de lo mismo y de RBA mejor ni hablar– es posible contar los títulos categoría por categoría. El recuento en Infantil y Juvenil es bastante complicado pero finalmente la cifra aproximada de libros digitales a la venta por parte de los distintos sellos del Grupo Planeta es de 7.065. Ridículo. Sin paliativos. Sólo si añadimos los títulos de la recientemente adquirida Grup 62 alcanzaremos los 9.069, aunque para ello debamos incluir muchos libros digitales en catalán. Si hay más estaré encantado de actualizar este dato. ¿De veras debo creerme que los editores españoles han digitalizado 250.000 títulos cuando el líder absoluto no alcanza ni los 10.000 Epub en los dos idiomas más hablados en España?

Un tonto es el que dice tonterías. Más tonto es el que se las cree. Memo es quien las repite acríticamente ante un auditorio que supone afín. Como ha vuelto a señalar recientemente Manuel Gil, el Informe de Comercio Interior es muy poco fiable pues sólo recoge los datos de 302 editoriales –las más grandes– de entre un universo de más de 3.500 empresas. Yo empiezo a pensar que es un fraude consciente y muy lucrativo que necesita de la cooperación inconsciente de un montón de memos del sector. Ustedes deciden si se creen estos datos y, con ellos, el Informe completo. Yo he decidido no hacerlo.

FORREST GUMP

Primeras cifras de uso de eBiblio en Catalunya

KCLL

Hace un mes entró en servicio eBiblio en Catalunya, la última Comunidad Autónoma en estrenarlo. El jueves pasado, en el marco de la ‘Jornada Biblioteques públiques de Catalunya: 2011-2015′, se dieron a conocer unos primeros datos de uso bastante halagüeños que muestran una adopción más temprana por parte de los usuarios catalanes que los del resto de comunidades.

Las cifras que el Servicio de Bibliotecas de la Generalitat de Catalunya ha difundido son las siguientes y se refieren al período comprendido entre el 8 de junio y el 8 de julio:

  • Usuarios activos: 10.216
  • Préstamos realizados: 10.191
  • Títulos en catalán: 764
  • Títulos en castellano: 1.364
  • Títulos totales: 2.131 (a 20 de julio son ya 2.276)

Esos 2.131 títulos disponibles están organizados del siguiente modo:

  • Licencias: 53.879
  • Tipo de licencia: no concurrente
  • Media aproximada de licencias por título: 25
  • Préstamos por licencia: 28
  • Total préstamos potenciales: 1.508.612
  • Duración de cada préstamo: 21 días
  • Vigencia de cada licencia: hasta agotar los 28 préstamos por licencia en un máximo de 20 meses

La inversión realizada por las distintas administraciones públicas, incluyendo títulos e infraestructura, ha sido la siguiente:

  • Gobierno de España: 225.000 € (común al sistema eBiblio en todo el Estado)
  • Generalitat de Catalunya: 343.774 €
  • Diputación de Barcelona: 190.000 €
  • Ayuntamiento de Barcelona: 3.384 €

Como ya comenté en su día, el sistema eBiblio tiene luces y sombras; aquí nos centraremos en su acogida más que en su muy necesaria reforma y evolución. Comparadas con Comunidades Autónomas como Madrid o el País Vasco –con PIB per cápita, porcentaje de población urbana y adopción tecnológica similares–, la respuesta de los usuarios catalanes ha sido más calurosa. En los cuatro primeros meses de funcionamiento las bibliotecas de la Comunidad de Madrid registraron 14.949 préstamos digitales de 5.546 usuarios; eLiburutegia, la biblioteca pública digital vasca que no depende de eBiblio, registró 1.696 préstamos el primer mes mientras que al cabo de siete meses ya se habían producido 12.351 préstamos a 5.423 usuarios.

Los datos de Madrid y Euskadi son consistentes; una adopción lenta y tímida –algo más de 5.000 usuarios en cuatro y siete meses respectivamente– y una recurrencia de uso aproximada de 1 a 3 en Madrid y de algo más de 1 a 2 en el País Vasco. En Catalunya, en cambio, en un solo mes se ha doblado el número de usuarios pero sólo ha dado tiempo a una media de un libro por usuario.

¿A qué se debe tal disparidad en las cifras? Uno de los motivos –no el único– por el que el Servicio de Bibliotecas de la Generalitat retrasó tantos meses la apertura de eBiblio en Catalunya fue el desarrollo de aplicaciones para iOS y Android que el proyecto eBiblio original no preveía y respondiendo al hecho que la lectura digital se produce en ventanas muy distintas, no sólo en un e-reader o en el ordenador. Ni la eBiblio madrileña ni la eLiburutegia vasca cuentan con aplicaciones similares. Por otro lado deberíamos preguntarnos si los gobiernos vasco y madrileño llevaron a cabo la intensa campaña en medios digitales y redes sociales de sus homólogos catalanes. Lo ignoro, pero tengo la sensación que no fueron tan entusiastas.

Actualización: tal como puntualizan en los comentarios un par de lectores, las aplicaciones de iOS y Android sí están disponibles en el resto de España. Lo raro del asunto es que, como sucede en el caso de eBiblio Madrid, no hay un enlace directo para su descarga. Si no se informa de su existencia y no se facilita su descarga a los usuarios, es como si no existieran. Gracias a José Luis y Remedios de Vicente por su aportación.

Otras cifras permiten prever que en Euskadi el servicio no tardará en tomar impulso, no así en Madrid. Mientras que eLiburutegia ya dispone de 7.308 títulos la eBiblio de la Comunidad de Madrid sólo ofrece 1.372, que es la cifra con la que arrancó el servicio.

Conclusiones muy provisionales

Las cosas se pueden hacer bien o mal, estamos en una época de ensayo y error, tardaremos en acertar y no todos lo harán al mismo tiempo ni siguiendo el mismo camino, pero lo que debemos exigir es la voluntad política de desarrollar las bibliotecas públicas digitales. En el País Vasco y Catalunya –y no dudo que también en otras Comunidades– existe esa voluntad política. Es evidente que en la Comunidad de Madrid, no.

Es pronto para extraer conclusiones que no sean provisionales pero ya podemos hacer ciertas afirmaciones. Para que triunfe un servicio público de préstamo digital es necesario ofrecer un catálogo lo más amplio posible, contar con aplicaciones que faciliten el uso móvil del servicio, ir a buscar a los usuarios potenciales en medios digitales y redes sociales, y voluntad política. Puede que estas cuatro cosas no sean suficientes pero parecen imprescindibles.

Para saber más:

https://cambiandodetercio.wordpress.com/2015/07/17/a-vueltas-con-las-e-bibliotecas-euskadi-catalunya-algunas-comparaciones-para-salir-perdiendo/

http://www.dosdoce.com/articulo/opinion/3951/evolucion-del-prestamo-digital-en-espana/

Barcelona en Comú: sin noticias del libro y la edición

Car piles crushed

Desguace

Ha llegado a mis manos el acta de la reunión que el partido político Barcelona en Comú –ganador de las pasadas elecciones municipales del 24 de mayo– organizó el pasado 5 de mayo con representantes del sector del libro en Barcelona. La lectura del documento, titulado ‘Acta: Trobada sector del llibre. 5 de maig de 2015’, es decepcionante y muestra una visión accidental y anecdótica. Es posible que Barcelona en Comú tenga un modelo de ciudad pero no parece tener nada nuevo que decir en una de las industrias más importantes de la capital catalana.

Contraste y contexto

Documentos como el ‘Plan Integral de Fomento del Libro y la Lectura’ que analicé en su día son el fin de un proceso y el retrato de quienes los pergeñan. El ‘Acta: Trobada sector del llibre. 5 de maig de 2015’ es diferente pues documenta un paso dentro de un proceso. Necesitado de un contexto que el documento por sí solo no me da y consciente que el proceso podría haber avanzado, he intentado averiguar si hay una nueva versión más trabajada.

La persona que me facilitó el documento no asistió a la reunión del 5 de mayo y no tenía más información. Otra persona que sí estuvo en la reunión –y que prefiere mantener el anonimato– me comentó que desde el 5 de mayo se había avanzado. Tirando algo más del hilo, de otra fuente pude saber que el documento lo redactó un miembro del partido político Podem Barcelona –integrado a su vez dentro de Barcelona en Comú; prefiero no mencionar su nombre hasta que no haya podido contrastarlo directamente. Ignoro si esta persona sólo redactó este documento o está coordinando las líneas maestras del hipotético modelo del sector del libro de Barcelona en Comú, aunque su vinculación con el sector editorial hace posible ambos extremos.

Con esta información me dirigí al departamento de prensa del partido. Este artículo se publica una semana después de mandarles un e-mail con las siguientes preguntas:

  • ¿El documento lo redactó X, de Podem Barcelona?
  • ¿En caso afirmativo, además de redactarlo ha coordinado todo el proceso?
  • ¿La nueva comisionada de cultura del Ayuntamiento de Barcelona ha tenido algún papel en la redacción del documento o se lo ha encontrado hecho?
  • ¿Quién asistió a la reunión del día 5 de mayo y por qué no ha trascendido dicha reunión?
  • Tengo entendido que, desde el 5 de mayo, se han realizado progresos y que los planteamientos acerca del sector del libro están más avanzados. ¿Me podríais confirmar si es cierto y si hi hay algún documento publicado al que pueda acceder? En cas negativo, ¿por qué?
  • Sea cual sea el punto en el que se encuentre la cuestión, ¿será integrada dentro de la política cultural del Ayuntamiento?

Les aclaré que no esperaría la recepción de una respuesta para publicar el artículo, que saldría a finales de la presente semana –como así ha sido– pero que me gustaría contar con sus aportaciones antes de cerrarlo (decirles que no esperaría su respuesta puede parecer una bordería pero no quería que pospusieran indefinidamente la respuesta en su propio beneficio). El martes pasado recibí la única respuesta hasta el momento: ‘Hola, en los próximos días te facilitaremos una respuesta’. Nadie firmaba el e-mail.

Barcelona en Comú y Podem Barcelona han hecho de la transparencia uno de sus rasgos diferenciadores. Hasta el momento, todo lo relacionado con el ‘Acta: Trobada sector del llibre. 5 de maig de 2015’ es opaco. Ni en la web de Barcelona en Comú ni en la de Podem Barcelona se menciona la reunión del 5 de mayo ni se habla de ningún encuentro con representantes del sector del libro. El mencionado documento no está disponible. Pero la reunión, el proceso y los documentos existen.

Ideas en vuelo rasante

Si la opacidad fuera el único problema este artículo terminaría aquí. Lo peor es su contenido, un batiburrillo de ideas trilladas y en vuelo rasante. Aunque parece más o menos acertado en el diagnóstico de los problemas –llevamos años de diagnóstico– falla en lo propositivo. Es más de lo mismo. Lo mismo pero más, quiero decir. El documento tiene 14 páginas y se divide en los siguientes apartados (con otros subapartados):

  • Introducción
  • Medidas generales
  • Librerías
  • Festivales y ferias

De las editoriales se habla extensamente en la Introducción y en las Medidas generales, pero no han dedicado un apartado propio al análisis de sus problemas; ojo, sin editoriales, al menos de momento, no hay sector del libro. El documento tampoco analiza la red de bibliotecas –las menciona una sola vez– cuando Barcelona tiene la red más grande de Catalunya y la segunda de España. Obviar su poder de compra de títulos y de gestión de la lectura pública es sorprendente.

Aquí trataré el contenido de las primeras cinco páginas del documento que incluyen la Introducción y las Medidas generales porque es la parte estratégicamente más relevante. Obviaré el resto por repetitivo y vacío de orientación objetiva clara. Sólo diré que el apartado dedicado a las librerías es un refrito, una sanfaina, un pisto de cosas ya vistas, ni siquiera aliñadas con imaginación.

El documento está en catalán; no traduciré los fragmentos citados pues son de fácil comprensión para el castellanohablante medio. No colgaré el documento, pero lo pongo a disposición de todo aquél que lo solicite.

Una Introducción elocuente

La Introducción es un resumen del estado del sector editorial. Sus mimbres son endebles como ponen de manifiesto éste y otros fragmentos (Pág. 1):

Sembla ser, doncs, que cal parlar de crisi de la gran industria més que de crisi del llibre, i d’una crisi vinculada al model d’expenedoria de llibres (consistent en la degradació de l’ofici de llibreter i el consegüent descuit de la riquesa i potència dels microprojectes editorials) que ha primat en els últims anys durant el creixement de la indústria.

En general hi ha consens entre els diferents grups que existeix un problema de visibilitat.

Parece que se parte del prejuicio de que ‘los grandes grupos son malos y las pequeñas iniciativas son buenas’. Toda opción política tiene su ideología, defiende unas ideas y propone unas medidas acorde con ellas, pero el análisis de la realidad debe hacerse con algo más de distancia. La introducción de un sesgo ideológico en esta fase les impide ver que la crisis del modelo es integral y que afecta a todos, grandes, medianos y pequeños. Hay grandes cadenas de librerías a las que no les va tan mal. Otras librerías, pequeñas y alejadas del modelo de ‘expendeduría de libros’, lo están pasando muy mal y se ven obligadas a cerrar. Muchas sobreviven gracias a la alta rotación de ocasionales grandes éxitos. Algunas más, de apertura reciente y muy pequeñas pero muy activas están prosperando. Lo mismo sucede con los grandes grupos editoriales; hay uno en pleno y silencioso hundimiento mientras otro funciona bastante bien. La cuestión es mucho más compleja que el grosero brochazo que da el documento.

La segunda página habla de los hábitos de lectura. Se afirma, como siempre, que los españoles en general y los catalanes en particular leemos poco. Ya he demostrado en otras ocasiones que sí, que los suecos leen mucho más, pero vista nuestra muy tardía alfabetización, nuestro secular atraso educativo y el aumento sostenido del 1% anual de los últimos años nuestros hábitos de lectura son más que respetables.

En la misma página y la siguiente hacen un breve listado de las instituciones públicas catalanas que se ocupan de la cosa del libro y se olvidan del Servicio de Bibliotecas de Generalitat de Catalunya y de la red de bibliotecas de la Diputación de Barcelona; juntas cuentan con un presupuesto enorme para la compra de libros y gestionan el 90% de las bibliotecas catalanas.

Al libro digital dedican 8 líneas, la mitad de las cuales las desperdician hablando del IVA. Lo mencionan en otros pasajes dentro del documento pero sólo de forma reiterativa sin aportar nada nuevo.

Unas Medidas Generales apolilladas

De la Introducción pasamos a las Medidas Generales. Este apartado empieza con el párrafo que mejor resume la estrechez de miras de los autores del documento:

De forma general, la capacitat de l’Ajuntament de Barcelona, a través de l’ICUB, d’incidir en el sector editorial implica augmentar la participació ciutadana en les mesures que afecten els agents del llibre de proximitat: llibreries, biblioteques i esdeveniments literaris (fires, festivals, clubs de lectura, etc).

Es decir, lo único que creen poder hacer con el sector editorial es una política de paños calientes para que la ciudadanía participe más. Para ello montarán más happenings, ferias y festivales. No creen que lo del libro sea una industria y no proponen ni una sola medida que promueva la reconversión industrial del sector, una reconversión que si hace cuatro años era necesaria ahora es urgente y durante los próximos cuatro será apremiante. Estas son algunas de las medidas generales que se proponen:

El sector reclama reunions regulars amb l’Ajuntament de Barcelona i l’ICUB per tal de trencar amb la incomunicació existent entre els i les professionals del llibre i les institucions de la ciutat.

¿Quién es ‘El Sector’? ¿Los de siempre? No existe nada parecido a ‘Calle del Sector del Libro sin número, puerta A, escalera derecha’. Lo primero que deberían hacer es definir bien en qué consiste eso de ‘El Sector’ y quiénes son los profesionales del libro. Obviamente no pueden estar todos pero estaría bien empezar por decirnos con quién se reunieron el día 5 de mayo porque están actuando como un lobby y todavía es más perentorio que se sepa quien asistió. El trabajo de lobby, aunque sea informal, es legítimo. El problema no es la falta de transparencia.

En la página 4 proponen abundar en más campañas de fomento de la lectura. O no tienen bastante con el dinero tirado durante los últimos años o bien siguen a pies juntillas eso que pide ‘El Sector’. Luego, proponen:

Hem de dur a terme campanyes i accions concretes que augmentin la visibilitat del llibre a l’espai públic de la nostra ciutat: portar els llibres al carrer, als transports públics i a tots aquells esdeveniments o fires que, tot i no estar destinats al llibre, comptin amb la participació ciutadana i ajudin a transmetre la idea que els seus continguts estan presents a tots els àmbits. Aquí podria valorarse la possibilitat de vendre llibres en presentacions puntuals als centres cívics, fet que actualment no és possible.

Parecen desconocer el acuerdo entre el Gremio de Libreros de Catalunya y el Servicio de Bibliotecas de la Generalitat en virtud del cual, y entre otras medidas, los usuarios de la red de bibliotecas podrán comprar libros de papel y decidir si los recogen en la misma biblioteca o en la librería de proximidad que ellos elijan. Si cambiamos ‘centros cívicos’ por ‘bibliotecas municipales’ –en Barcelona, además, hay ya varios centros cívicos compartiendo espacio con una biblioteca– ya lo tenemos. Ergo ya existe. Otra cosa es cómo se está desarrollando, pero el marco está en vigor.

ACTUALIZACIÓN: No, no lo desconocen, pero no entienden sus virtudes. En un repaso al documento –uno nunca puede bajar la guardia– se menciona el acuerdo en la página 8, dentro del apartado de librerías, pero para cuestionarlo. Como no quiero alargar el presente artículo (ya demasiado largo) trataré el tema en una segunda parte.

La alusión a la visibilidad del libro en el espacio público está muy bien pero… ¿qué significa? ¿en qué se concreta? En su día Penguin Random House –cuando todavía era Random House Mondadori– puso en marcha la campaña Bibliotren en colaboración con los Ferrocarriles de la Generalitat y el Gremio de Libreros. Según la web informativa de la campaña, ésta consistía:

[…] en convertir diez vagones de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya en una biblioteca virtual. El usuario tendrá acceso a los primeros capítulos de una selección de cuarenta títulos publicados por Debolsillo y Rosa dels vents.

La lectura de estas primeras páginas se podrá hacer en dispositivos móviles a través de códigos QR.

La campaña fue un éxito. Hay mucho inventado, mucho que copiar bien, en el ámbito de la visibilidad del libro. El documento prosigue:

Totes les edicions i coedicions de llibres de l’Ajuntament de Barcelona tindran en compte els següents aspectes:

  • Es treballarà amb editorials independents fora del gran circuit industrial per tal de promoure un teixit editorial divers.
  • Es treballarà amb impremtes de la ciutat no vinculades a multinacionals per a impulsar la seva supervivència.
  • Els continguts dels llibres editats per l’Ajuntament seran accessibles a la ciutadania a través de la llicència Creative Commons.
  • Se seguiran criteris d’ecoedició.

Es buena idea trabajar con editoriales e imprentas independientes porque el dinero público se queda en empresas del municipio pero eso plantea algunas cuestiones. La más importante es definir qué es una ‘editorial independiente fuera del gran circuito comercial’; no crean que es tan fácil, la mayoría de editoriales independientes que conozco, pequeñas y medianas, también están dentro ‘del gran circuito comercial’, es decir, grandes superficies y cadenas de librerías. Por otro lado, la adjudicación a dedo sólo es posible por debajo de cierto presupuesto, de lo contrario debe organizarse un concurso público. Las grandes imprentas son capaces de trabajar con precios más competitivos por una cuestión de escala. Personalmente me sentiría más cómodo si el documento propusiera hacer un uso más eficiente de los recursos encargando los proyectos en función de parámetros de calidad y precio, sometiendo todo el proceso a la luz pública.

El acceso de los contenidos mediante Creative Commons también es una buena idea pero por un lado las CC cuentan con opciones muy restrictivas –casi tanto como la gestión habitual del copyright– y por otro los autores deben estar de acuerdo. Y no tienen por qué estarlo. No están obligados. No es tan sencillo. El Acta sigue hablando en nombre de ‘El Sector’:

El sector reclama una centralitat de la ciutat més gran en el món del llibre. Per exemple, no es compta amb una fira del llibre popular com la que se celebra a Madrid. […] A la vegada, les mesures derivades de la candidatura han de fugir d’una visió homogeneïtzadora de la literatura i han de mostrar el llibre com a espai de conflictivitat.

No atino a comprender qué diablos significa ‘una centralidad de la ciudad más grande en el mundo del libro’. Que Barcelona no cuente con una feria como la de Madrid no tiene por qué ser malo; no en todas partes cuaja lo mismo y en Barcelona –y también en Catalunya– están apareciendo muchas ferias especializadas que se dirigen a un público bien identificado, algunas de las cuales el Acta menciona en el apartado correspondiente.

No sé quién les ha vendido la moto que lo de Madrid es una feria ‘popular’. Es una feria organizada por los libreros de Madrid que es un éxito de público. De ahí a llamarla ‘popular’ va el mismo trecho que considerar que los antiguos regímenes del Pacto de Varsovia eran democráticos y populares porque casi todos se llamaban a si mismos ‘república democrática’ o ‘república popular’.

Con lo que definitivamente descarrilan es con ‘la visión homogeneizadora de la literatura’ o con ‘el libro como espacio de conflictividad’. Estamos hablando de la industria y el comercio de libros, no de participación ciudadana, aunque esta pueda tener un papel interesante que cumplir. Habrá libros que serán pura literatura, otros que se moverán en vecindades literarias y otros con los que habrá que tener a mano la bolsa de basura, algunos serán conflictivos y otros serán más suaves que un gatito. Lo mejor, en el ámbito de las editoriales privadas, es dejar el contenido de los libros en paz; contenido y continente tienen que tratarse de forma diferenciada.

En un sorprendente salto al pasado los redactores del documento proponen:

Una altra reclamació del sector és la creació d’un museu del llibre o l’edició, que serveixi per al foment de la lectura i inclogui itineraris educatius per a escoles. Una de les mesures estrella de la Candidatura de Barcelona a Ciutat Creativa de la UNESCO inclou la conversió de Vil∙la Joana en un museu de la literatura. S’hauria d’avaluar aquesta proposta.

¿Un museo? Nunca he oído pedir a nadie de ‘El Sector’ –empiezo a pensar que es un polígono industrial o un nuevo barrio de la ciudad– un museo del libro o la edición. No es que la idea no me guste pero ¿de veras es un ‘problema’ que debamos resolver con urgencia? La millonada que nos costará un museo más bien modesto estará mejor empleada en cosas mucho más productivas. Por cierto, Vil·la Joana está, en palabras suaves, en el culo del mundo. ¡Ah! Háganse un favor y aprendan a distinguir entre edición y literatura. No son lo mismo. La última perla de las medidas generales es:

És urgent impulsar el parc gràfic de Barcelona i Catalunya no vinculat a les grans multinacionals; un parc gràfic que cal potenciar mitjançant convenis de col∙laboració específics. Actualment és un sector que es troba en perill a causa de la dependència a nivell de maquinària de les multinacionals.

A estas alturas del documento las grandes multinacionales empiezan a caerme bien. No se puede gobernar una ciudad de espaldas a la gente, pero tampoco se puede gobernar de espaldas a un grupo concreto, en este caso el de las multinacionales de la edición y las artes gráficas. Impulsar un parque gráfico equilibrado es una medida industrial sensata, pero eso significa que las multinacionales –que, por cierto, también las hay catalanas– deben tener su lugar. Como en un ecosistema equilibrado.

Más inquietante es la alusión a ‘la dependencia a nivel de maquinaria de las multinacionales’ ¿Pretenden fabricar maquinaria de impresión? Lamento decirles que los costes de desarrollar una industria puntera partiendo de la nada –ese es nuestro punto de partida– son prohibitivos, que el retorno de este tipo de inversiones se cuenta en lustros o décadas y que lo de manchar papel anda de capa caída. Eso por no mencionar que es un mercado muy maduro con unos gigantes que imponen unos costes de entrada estratosféricos.

Conclusiones

Ignoro si los avances realizados mejoran mucho o poco lo que acabamos de ver. Lo ignoro porque no he recibido ningún tipo de respuesta a mis preguntas. No soy muy optimista por varias razones. El Acta está fechada sólo 19 días antes de las elecciones municipales. Hay proyectos que necesitan cocinarse a fuego lento. Tres semanas no es tiempo suficiente para construir una política municipal coherente entorno al libro, su comercio y su industria, todavía menos si los ingredientes están tan crudos como lo estaban el 5 de mayo.

Hay quien dice que Barcelona en Comú no esperaba ganar y de ahí vienen prisas e improvisaciones. Lo ignoro. En cualquier caso la solución es ser más transparente, no menos. No estaría mal abrir al debate público la cuestión del futuro del libro en Barcelona. Ganarían tiempo, quedarían bien con el personal y recogerían ideas. Y presumirían de transparencia. Ahora tendrán difícil hacer cualquiera de estas cosas con un mínimo de credibilidad.

Respeto que los asistentes a ciertas reuniones quieran conservar su anonimato, especialmente porque esa reunión se produjo antes de las elecciones y a algunos –no a mí– les puede parecer embarazoso salir en la foto con según quien. Pero esa forma de hacer las cosas nos ha llevado a la actual esclerosis del sector. No podemos seguir decidiendo el futuro del sector en cenáculos y capillitas, todavía menos si quien nos reúne es un partido político –del color que sea– con aspiración a gobernar y a gestionar dinero público.

Que el profesional de la edición Fulanito se reúna con el cargo público Menganito para hablar del sector editorial no implica que Fulanito vote a Menganito. Deberíamos empezar a aprender que lo mejor que podemos hacer cuando un político –del color que sea– nos pida su opinión es dársela y lo mejor que puede hacer él –y nosotros– es publicarlo. De lo contrario parecerá que Menganito le hace un favor a Fulanito porque son de la misma cuerda. Y muchas veces –de hecho, la mayoría– no es el caso.

Lo más importante es que el nuevo consistorio se estrena sin una idea clara de qué hacer con el sector del libro en general ni con la industria editorial de Barcelona en particular. Parecen desconocer los grandes problemas que aquejan al sector, como la necesaria reconversión industrial, las nuevas formas de acceder al conocimiento, las tendencias en compra y venta de derechos, la precariedad de los trabajadores y profesionales del libro, las nuevas realidades libreras, la realidad institucional pública y privada del libro y sus principales actores y así un largo etcétera.

Hace unas semanas un editor veterano me dijo que esperaba que el nuevo consistorio fuera más sensible con el sector editorial. Para empezar se conformaba con que no molestara. A la vista de este documento no parece que vayan a molestar demasiado, acaso añadan color al panorama; tampoco van a hacer nada productivo para fortalecer la industria de la edición en Barcelona. El problema es que no podemos permitirnos el lujo de estar cuatro años más sin hacer nada.

Sant Jordi: datos, interpretaciones y realidades entorno al libro

guerra-civil

La fotografía, como sabemos, no es algo verdadero. Es una ilusión de la realidad con la cual creamos nuestro propio mundo privado. Arnold Newman

Uno de los problemas que arrastra el sector del libro en España es el de la medición de la realidad. El Día del Libro en Catalunya –Sant Jordi– volvió a vivir un baile de cifras que añade confusión a la correcta lectura de una jornada que, en todo caso, fue positiva.

Un problema de encuadre

Toda fotografía implica un sesgo, algo queda fuera del encuadre y lo que está dentro depende de una serie de factores técnicos. Cualquier instrumento de medición implica el mismo tipo de sesgo: podemos medir una serie de parámetros pero nunca podremos medirlos todos al mismo tiempo. Llevado el extremo nos encontramos con el Principio de Incertidumbre de Heisenberg: es imposible conocer la posición y la velocidad exactas de una partícula al mismo tiempo. Afortunadamente la medición de nuestra realidad libresca no es tan exigente y nos conformaríamos con saber cuántos libros se han vendido el 23 de abril, de qué autores y en qué lenguas. Para ello disponemos de herramientas que nos permiten medir con exactitud y (casi) en tiempo real las ventas de las librerías, herramientas de las que no disponíamos hace sólo diez años. Desgraciadamente no es tan sencillo. Tenemos la herramienta y se llama LibriData –ahora ya disponible en el resto de España bajo el nombre de LibriRed– un sistema que permite que las librerías comuniquen sus ventas cada día basándose en el ISBN. LibriData no es una encuesta, es un registro: tanto se vende, tanto queda registrado. La precisión, dentro del rango temporal en el que trabaja, es (casi) absoluta. Más que suficiente para lo que necesitamos. A partir de los datos de LibriData, el pasado 27 de abril el Gremio de Libreros de Catalunya difundió los datos de ventas de Sant Jordi:

  • Facturación: 20.350.000 euros
  • Incremento de la facturación: 6%
  • Ejemplares vendidos: 1.530.000 ejemplares
  • Incremento de ejemplares vendidos: 4%
  • Libros vendidos en catalán: 54%
  • Libros vendidos en castellano: 46%

Los datos son exactos pero ¿son representativos? ¿no queda nada fuera del encuadre que los desvirtúe? Parece que sí. Como apuntaba Ernest Alós en su artículo del 28 de abril en el diario El Periódico:

Sin embargo, esta clasificación sigue siendo tan falible en cuanto a su representatividad como las anteriores, ya que en este caso no solo no se contabilizarían El Corte Inglés y la FNAC sino tampoco las cifras de la Casa del Libro, que no desglosa sus datos en Catalunya del resto de España. […] Un desfase estadístico que intentará compensar el ranking elaborado por este diario que se ofrecerá este miércoles y que no se despejará hasta que las empresas de medición GfK y Nielsen ofrezcan sus datos.

El Periódico publicó los datos de GfK el pasado 4 de mayo y algunos difieren sensiblemente de los aportados por el Gremio:

  • Incremento de la facturación: 7,8%
  • Libros vendidos en catalán: 46,6%
  • Libros vendidos en castellano: 51,1%

¿Quién lleva razón? Ambos y ninguno. LibriData y GfK –en su caso también Nielsen– cuentan (casi) lo mismo de forma diferente:

  • El perímetro del recuento de LibriData incluye los datos aportados por unas 200 librerías catalanas pero falta El Corte Inglés y FNAC, mientras que La Central y Casa del Libro aportan sus datos para toda España sin desagregarlos por Comunidad Autónoma ni provincia, con lo cual tampoco sirven de mucho, tal como menciona Alós.
  • El perímetro de la encuesta de GfK cubre 300 puntos de venta e incluye a El Corte Inglés y a FNAC –se supone que también a La Central y Casa del Libro– pero en cambio no es un registro directo de ventas, como LibriData, sino una encuesta. Ojo, no es cualquier encuesta, es de la que más se fía el sector junto con la de Nielsen.

LibriData es más fiable que GfK porque aporta datos directos de ventas y no tiene el margen de error que tiene cualquier encuesta. Pero al ser una herramienta de libre afiliación con coste asociado no puede ser un registro con vocación universal. Son muchos los que están y son representativos hasta cierto punto, pero no están todos, faltan dos de los más importantes y otros dos no muestran la debida disciplina.

¿LibriData o GfK?

Llegados a este punto sería natural desechar los datos de LibriData y dar por buenos los de GfK pero nos estaríamos equivocando por varios motivos. En primer lugar porque, aunque LibriData y GfK difieren en muchos aspectos coinciden en señalar ciertas tendencias generales y en ese aspecto se apoyan mutuamente. En segundo lugar LibriData es el único registro de ventas reales en librerías y sus afiliados no pueden dejar de aportar los datos. Eso es de gran valor y no se puede soslayar. Y en tercer lugar porque, aunque sea con un trazo más grueso del que nos gustaría, si entendemos el perímetro de cada recuento más allá del método utilizado podemos extraer interesantes conclusiones del comportamiento del público y de la salud de nuestras editoriales independientes. Y cuando digo nuestras en este caso me refiero a las catalanas. LibriData trabaja con un perímetro en el que las grandes librerías están infrarrepresentadas. Eso, que aparentemente es un problema, cuando lo comparamos con GfK nos permite inferir ciertas cosas. A saber:

  • En Sant Jordi se compran más libros en catalán que el resto del año. Aunque los datos de GfK desmientan que los libros en catalán hayan superado en ventas a los libros en castellano el 23 de abril, sí muestran que respecto a la media del resto del año hay una subida de entre 10 y 15 puntos. Eso obedece a varios factores; los editores en lengua catalana hacen un esfuerzo especial para ese día; los propios libreros decantan su oferta hacia los libros de temática y/o lengua catalana. Sant Jordi es el patrón de Catalunya y, por lo tanto, su festividad tiene un impacto en las ventas de los libros en catalán.
  • Las librerías independientes venden más libros en catalán que las grandes cadenas y superficies. Eso es lo que muestra el sesgo de LibriData. Y es una buena noticia no sólo para los libros en catalán sino para cualquier editor independiente cuyos libros no pueden competir en márgenes en las grandes superficies. Los libreros independientes cuidan al editor independiente y este dato lo apunta aunque sea de forma indirecta.
  • El comportamiento de los clientes de librerías independientes es sensiblemente distinto a los de las grandes. Aunque es algo arriesgado aseverarlo con tan magros datos esto confirma lo que los libreros de toda la vida y los nuevos libreros afirman: hay un público que agradece la proximidad cuando ésta aporta un valor añadido cultural.

Necesitamos más datos y más transparencia

Los datos de LibriData / LibriRed son de acceso restringido a los libreros y editores que están abonados al sistema. Está bien que así sea, las mejores prestaciones de esta herramienta deben estar disponibles sólo para quien pague por ellas pero eso no significa que no se publique ningún tipo de informe en absoluto. Es cierto que CEGAL publica estadísticas de volumen de facturación y ventas desglosados por Comunidades Autónomas, pero poco más. Creo que aportaría mucho a la comprensión del ecosistema del libro en España la publicación mensual de resúmenes que incluyeran –por ejemplo y entre otros– las ventas de los 1.000 títulos más vendidos segregados por provincias o incluso unidades geográficas más pequeñas como las ciudades mayores de 50.000 habitantes. Como mínimo. Mi ‘Carta a los Reyes Magos’ sería más ambiciosa. Soy plenamente consciente de por qué esto no sucede; varios factores lo explican. El pudor y la reserva de los propios editores, nunca lo bastante seguros –de cara a la galería– de vender lo suficiente. El ego de muchos autores, reacios a mostrar lo –poco o mucho– que venden. La tradicional hermeticidad de un sector controlado por los grandes que los pone en situación de dominio de la información. La información que se maneja en un gran grupo es mucho mayor y mejor que la se maneja en una pequeña editorial aunque la fuente de los datos sea la misma. Un mercado sano –y saneado– necesita compensar las grandes asimetrías de información que son las que coartan a los pequeños la posibilidad de competir con los grandes y a todos ellos entre sí. Sistemas como LibriRed abren la posibilidad a que nuestro conocimiento del mercado alcance un detalle nunca visto. Deberíamos reflexionar si esta herramienta tan poderosa debe estar controlada por entidades privadas controladas por unos pocos o bien debería ser gestionada por alguna entidad pública independiente que a su vez también gestionara DILVE y el ISBN. Personalmente prefiero que las Administraciones Públicas mantengan y gestionen las principales herramientas de información que se dediquen a subvencionar la edición y publicación de ciertos libros. De este modo el acceso a estas plataformas por parte de libreros, editores y distribuidores sería mucho más fácil, se beneficiaría todo el sector y sería mucho más comprensible. La información del libro y sus herramientas crean riqueza y oportunidades; son demasiado importantes para dejarlas en manos de la Industria del Libro. Si de veras el libro es tan importante para todos, todos debemos tomar cartas en el asunto.

¿Hasta cuándo abusarás, Industria del Libro, de nuestra paciencia?

article-2401848-1B729126000005DC-122_964x605– Fuente: MailOnline / Alex Greig

Hace unos días la Asociación de las Cámaras del Libro de España –Industria del Libro para abreviar– presentó al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (el orden de los factores no altera el desastre) un Plan integral para el fomento del libro y la lectura, una chapuza indocumentada, mal argumentada y peor redactada que no consigue disimular su verdadero objetivo: hacerse con el dinero del contribuyente para perpetuar ideas marchitas y procesos obsoletos.

La Asociación de las Cámaras del Libro de España –supongo que se refieren a FEDECALI– reúne a los principales conglomerados institucionales de nuestra Industria del Libro: la Federación de Gremios de Editores de España, la Confederación Española de Gremios de Libreros, la Federación de Asociaciones de Distribuidores de Ediciones y la Federación Empresarial de Industrias Gráficas de España. Es una industria con piel de cultura y por eso no dudan en llamar a la puerta del ministerio equivocado. Sus problemas son industriales y comerciales pero insisten en su disfraz para pedir el dinero de cultura, un departamento algo más laxo, menos serio, que el de industria.

Un resumen apresurado: dinero, mentiras e incompetencia

Para los que quieran ahorrarse la lectura completa de este artículo (no les culpo) haré un breve resumen: basándose en mentiras y medias verdades el Plan pide 164 millones de euros. Pretenden destinar la mayor parte de ese dinero público –140 millones– a la compra de los libros que ellos mismos editan, imprimen, distribuyen y venden. A un precio medio aproximado de unos 14 euros, lo que pide la industria es que las Administraciones Públicas compren unos 10 millones de libros, obviamente de papel, para que todos se lleven su parte. 10 millones además de los que ya compran.

Otras medidas comportan un mayor gasto público directo o indirecto, como las deducciones fiscales a la compra de libros de texto. Antes de entrar en detalle veremos un caso de incompetencia en el uso de los datos que nos dejará boquiabiertos. Si quieren saltarse el rollo pasen directamente al apartado Conclusiones de este artículo.

Si han decidido seguir leyendo tomen pan y mojen, mojen.

Todo dato adecuadamente retorcido acaba diciendo lo que tú quieras

Los autores del Plan empiezan su argumentación con un “Resumen ejecutivo” cuya primera página (pág. 3) retuerce de forma desvergonzada varios datos. Apoyándose en el Barómetro del CIS de 2014 dicen que el 42% de españoles no lee “prácticamente” nunca pero hacen trampas al prescindir de la estructura de la pregunta de la encuesta. El desglose del Barómetro del CIS de diciembre de 2014 es este:


CIS 2014

De modo que los españoles que nunca leen son el 35%, no el 42% mencionado. Lo que tampoco dicen es que la tasa total de lectores ha aumentado los últimos años tal como muestra el Barómetro del CIS de 2009:

CIS 2009

La lectura crece de forma sostenida a un ritmo anual aproximado del 1%: en 2014 lee un 65% de la población española, un 5% más que en 2009. Ese dato casa mal con el descenso de la compra de libros y los autores del Plan prefieren decir lo contrario de lo que en realidad dice el Centro de Investigaciones Sociológicas. Mienten.

Otro dato que el Plan menciona es el grado de comprensión lectora en España medido por el Informe PISA 2012. Según el Plan (pág.3) la “comprensión lectora en España” es de “252 puntos. 21 puntos menos que la media de la OCDE”. Los datos que yo he encontrado en el Informe PISA 2012 no dicen eso y esconden algunas sorpresas (pág. 61 y 68):

PISA 2012. Programa para la evaluación internacional de los alu

PISA 2012. Programa para la evaluación internacional de los alu

Como se puede ver, el gráfico indica que España obtiene una puntuación de 488, no de 252. Además, la distancia con la media de la OCDE es de 8 puntos, no de 21, y España sólo está un punto por debajo de la media de la Unión Europea. Si todo esto no bastara para poner en duda la seriedad del Plan resulta que, según el Informe PISA, los suecos, que son los que más leen en el mundo, obtienen una puntuación de 483 en comprensión lectora, 5 puntos menos que los españoles. El Informe PISA 2012 agrega (pág. 60-61):

Entre los países europeos o norteamericanos que forman parte de la OCDE y alcanzan las puntuaciones más altas en lectura, como Finlandia (524), Irlanda (523), Canadá (523), Polonia (518) o Estonia (516), no hay diferencias significativas en cuanto al rendimiento en lectura. […]. A su vez, tampoco difiere significativamente de estos últimos el resultado obtenido en […] Madrid (511), C. Foral de Navarra (509), Castilla y León (505), Principado de Asturias (504) o Cataluña (501).  

[…]

La puntuación media de España en lectura (488) es significativamente inferior al promedio de la OCDE, pero no respecto al de la UE. Además, el alumnado español consigue en lectura un rendimiento similar al del alumnado de la misma edad de Estados Unidos (498), Dinamarca (496), República Checa (493), Italia (490), Austria (490), Hungría (488), Luxemburgo (488), Portugal (488), Israel (486), Suecia (483) e Islandia (483).

No entendí cómo era posible que el Plan mencionara unos datos tan diferentes y dediqué algo de tiempo a buscar la fuente, pero no he sabido encontrarla, no sé de donde han sacado sus datos. Con esto no quiero decir que los españoles seamos unos genios, pero no viajamos en el vagón de cola de lerdos y analfabetos en el que nos quieren embarcar los autores del Plan. Ese problema, en todo caso, parecen tenerlo ellos, incapaces de enlazar las fuentes de los datos sobre los que se apoyan. Vuelven a mentir.

El tercer dato retorcido por el Plan es el del volumen de piratería, un clásico que nunca puede faltar en estos pesebres. Este es el gráfico que muestra el Plan:

Microsoft Word - PLAN INTEGRAL PARA EL FOMENTO DEL LIBRO Y DE LA

No se rían por favor, este asunto es muy serio. Se supone que este Plan lo han redactado expertos en la materia con estudios superiores. Como el gráfico es incomprensible y no enlaza la fuente, leeremos lo que afirman en la página 4 del Plan:

[…] la flagrante piratería de la propiedad intelectual (en el año 2014 se realizaron 335 millones de descargas ilegales por un valor de 907 millones de euros) constituye una lacra social que dificulta la labor de los creadores y daña gravemente la capacidad editorial para la difusión de los libros y, por ende, la formación lectora y la creación de lectores.

335 millones de descargas a una media de 3€ la descarga explican esos 907 millones de euros ¿Qué tipo de descargas son? Dudo que sean libros o que todas lo sean ¿Se trata de todo el volumen de piratería en España? ¿Todo es piratería o una parte son obras libres de derechos y, por lo tanto, de libre descarga? ¿No tenían mejores datos? ¿De dónde los han sacado? Es posible que muchos periodistas culturales se crean estas cifras sin rechistar pero algunos nos tomamos algunas cuestiones lo suficientemente en serio como para hacer estas y otras muchas preguntas. Los autores del Plan son muy poco serios.

Fijémonos en las tres últimas líneas de mencionado párrafo. Aunque es cierto que la piratería perjudica en alguna medida las ventas del libro digital –aunque no en las bíblicas proporciones que los autores del Plan pretenden sugerir– es evidente que, con los datos del CIS en la mano, esa misma piratería no parece afectar a la capacidad lectora ni a la creación de lectores. Al contrario.

Para terminar con la bochornosa página 3 del Plan con la que se inicia el “Resumen ejecutivo” puede que alguien entienda de dónde sale esto y qué rayos significa:

Microsoft Word - PLAN INTEGRAL PARA EL FOMENTO DEL LIBRO Y DE LA

Yo no tengo ni idea. En este Plan empezamos. Y sólo estamos en la página 3…

Necedades y justificaciones

Tras el glorioso inicio que acabamos de ver el Plan nos presenta una “Introducción” (pág. 4) tan dramática como prescindible para luego resumir sus propuestas y castigarnos con unas estomagantes justificaciones de las cuales sólo destacaré los dos últimos párrafos (pág. 11):

En España, por una compleja concatenación de causas diversas, hemos sufrido un muy considerable retraso en la generalización de la educación y por tanto en la generalización de los hábitos culturales, el más importante de los cuales es el hábito de la lectura, lo que ha retrasado y ralentizado nuestro desarrollo económico. Y, en un bucle maldito, el menor desarrollo económico ha condicionado nuestro peor y menor desarrollo cultural, por la renuencia de los poderes públicos y de los actores sociales a reconocer que la educación, la cultura y la lectura no son un gasto, sino la inversión más rentable que puede hacer un país. La dura crisis económica y financiera iniciada en 2007, que ha vuelto a castigar severamente el desarrollo económico, ha significado también un muy duro castigo para el sector cultural y, especialmente, para la lectura, como lo pone de manifiesto la fuerte caída del mercado del libro.

Por todo ello, el PLAN INTEGRAL PARA EL FOMENTO DEL LIBRO Y DE LA LECTURA que ahora presentamos es un plan extraordinario, para intentar recuperar, al menos, el terreno perdido en los últimos años, plan que es perfectamente compatible con las políticas y acciones ordinarias de apoyo a la lectura y al libro que ya se vienen realizando, entre las que destacamos, sin ánimo de ser exhaustivos, el apoyo a la Feria Internacional del Libro (LIBER), a las Ferias Internacionales del Libro, a la edición de obras de difícil comercialización, etc.

“¿Una compleja concatenación de causas diversas?” Yo a ese retorcido eufemismo lo llamaría dictadura franquista, la que a golpe de nacional-catolicismo y oscuridad se llevó por delante las pocas medidas que la II República llegó a poner en marcha. Para entender lo que significa un “bucle maldito” recomiendo a nuestros prebostes industriales del libro la lectura de “El laberinto español”, de Gerald Brenan, y entenderán por qué actitudes como la suya son el fiel reflejo de nuestros males y una rémora para la cultura de nuestro país.

El segundo párrafo delata las intenciones de los promotores del Plan. El único “terreno que se ha perdido en los últimos años” ha sido de facturación y de inversión pública directa. Por eso es vergonzoso el final del primer párrafo, allí donde dicen que “ha significado también un muy duro castigo para el sector cultural y, especialmente, para la lectura, como lo pone de manifiesto la fuerte caída del mercado del libro”. Sí, se venden muchos menos libros pero, si aceptamos el mismo Barómetro del CIS que ellos intentan retorcer, la lectura no se ha visto perjudicada. En lo más crudo de la crisis –de 2009 a 2014– la proporción de lectores españoles ha subido cinco puntos. Cuando estos señores se llenan la boca de cultura babean industria.

Muchas medidas para tan poca imaginación

Tras veinte pomposas páginas de circunloquios, mentiras y medias verdades, el Plan entra en materia. Las medidas se dividen en cuatro bloques:

  • Medidas de fomento de la lectura
    • Fomento de la lectura y de las bibliotecas
      • Desarrollo y aplicación de los artículo 19.3 y 26.2 de la LOMCE
      • Desarrollo y aplicación del Artículo 113 de la LOMCE
      • El sistema de bibliotecas públicas
      • Las Bibliotecas Universitarias
      • Medios de comunicación
      • Barómetro de hábitos de lectura
    • Medidas Fiscales
      • Impuesto sobre el Valor Añadido
      • IRPF
      • Deducción por inversión cultural
    • Medidas relativas a la Propiedad Intelectual
      • Medidas relacionadas con la actividad editorial y el contrato de edición
      • Medidas que tienen que ver con la gestión colectiva de derechos
      • Medidas antipiratería
    • Medidas sobre la comercialización
      • Creación de líneas de crédito y aval
      • Digitalización de obras
      • Apoyo a la creación, conservación y desarrollo de las librerías de fondo
      • Sello de calidad para las librerías
      • Bono cultura
      • Formación especializada de libreros

Parece completo pero sólo es un batiburrillo de brindis al sol, ideas de otros y buenas intenciones. No hay ninguna idea original. Ninguna.

Medidas de fomento de la lectura

Las “Medidas de fomento de la lectura” contienen las mayores exigencias de dinero. En “Desarrollo y aplicación de los artículo 19.3 y 26.2 de la LOMCE” se limitan a exigir que se cumpla una ley que se ha ganado la animadversión de varias Comunidades Autónomas y cuyo desarrollo completo es más que dudoso antes que el próximo Ejecutivo de un color distinto al actual la modifique. La medida más concreta es el desarrollo de las bibliotecas escolares para libros de papel, pero el Plan no se atreve a pedir ninguna cifra.

La idea es imprudente. Con Ebiblio, el nuevo sistema de préstamo de libros digitales que empieza a andar en (casi) toda España, ¿no sería mejor exigir un buen sistema de préstamo digital accesible desde las escuelas? La cantidad de familias que ya disponen de conexión a Internet de banda ancha y de varios dispositivos es cada vez mayor. Sería más provechoso que los pocos recursos disponibles se dedicaran a la alfabetización digital de aquellos que no pueden permitirse pagar la conexión ni los dispositivos. No dupliquemos el sistema de bibliotecas físicas en las escuelas, hagamos que la biblioteca digital sea ubicua en todas ellas.

El segundo punto, “Desarrollo y aplicación del Artículo 113 de la LOMCE”, va de lo mismo, insiste en el fomento de los hábitos de lectura en las escuelas y sus bibliotecas, pero incluye la primera exigencia económica (pág. 23):

[…] Para ello creemos que el MECD debe asumir el liderazgo de la implementación del Artículo 113 de la LOMCE, mediante el desarrollo normativo del mismo, y establecer un programa extraordinario cuatrienal, dotado, al menos, con 25 millones de euros al año, para la creación, dotación y atención de las bibliotecas escolares y exigir y vigilar su cumplimiento por parte de las CCAA.

¿Cómo se llega a la cifra de 100 millones de euros en cuatro años? El Plan no lo explica. La intención es buena, pedir que se cumpla cualquier ley es irreprochable pero es muy triste que el único recurso sea pedir dinero sin atisbo de imaginación.

El tercer punto de las medidas de fomento de la lectura se ocupa de la red de bibliotecas públicas. Tras glosar una lista de medidas muchas de las cuales ya se están cumpliendo –o están en vías de cumplirse– en varias Comunidades Autónomas, el Plan vuelve a pedir dinero (pág. 26):

Para alcanzar modestamente algunos de estos objetivos, sería necesario establecer la adecuada dotación presupuestario, dentro de un plan cuatrienal acordado con las CCAA, que proponemos que se cifre en, al menos, veinte millones de euros anuales por parte de la Administración General del Estado y de otros tantos por parte de las comunidades autónomas.

Ya tenemos otros modestos 40 millones de euros más. ¿Para qué? No se detalla pero el cariz de las medidas indica que la mayor parte del dinero iría destinada a la compra de libros. De papel, obviamente.

Como hemos visto a los autores del Plan no les importa la existencia del ya mencionado Ebiblio. La única mención a lo digital está al final de este apartado y contiene una buena dosis de ambigüedad (pág. 26):

Las bibliotecas públicas deben ampliar la paleta de servicios que ofrecen a sus ciudadanos, generalizando el préstamo y consulta en todos los soportes y el acceso a Internet, para lo que deben disponer de los equipos TIC adecuados.

“Todos los soportes”, “equipos TIC”, “acceso a Internet”; se ven obligados a mencionar el préstamo digital con la boca pequeña porque es una opción más eficiente que el préstamo en papel, rinde menos beneficios y, sobre todo, descuelga del negocio a distribuidores e impresores. Puede que incluso a libreros. Lo saben y no les gusta.

El Plan es todavía más vago cuando habla de las bibliotecas universitarias; se limita a decir que todo lo dicho acerca de las bibliotecas escolares y públicas es válido para ellas, recordando que la dotación del fondo es insuficiente ¿Alguna política concreta? Comprar más papel. Más dinero.

Tras decir cuatro naderías acerca de los medios de comunicación (pág. 27) el Plan menciona el Barómetro de Hábitos de Lectura (pág. 28):

El desarrollo de las distintas acciones de fomento de la lectura y del libro ha de ir acompañado de un seguimiento. Los barómetros de hábitos de lectura que la Federación de Gremios de Editores de España realizó en el pasado, en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, son un instrumento de gran utilidad a la hora de analizar si las acciones desarrolladas están dando los resultados esperados y si es necesario poner en marcha otras acciones.

¡Almas de cántaro! Ya ha quedado claro que ninguna de estas propuestas es necesaria para fomentar la lectura ¡Si desde 2009 la tasa de lectura ha subido un 5% sin ninguna de sus geniales ideas! Lo que ha bajado son las ventas de libros y para saberlo no necesitamos más Barómetros de Hábitos de Lectura.

Medidas fiscales

La imaginación también está ausente de las medidas fiscales. Rescatando los grandes éxitos de ayer, hoy y siempre, el Plan pide la equiparación del IVA al 4% para los libros digitales y, de paso, la armonización europea al 0%. Qué fácil es pedir lo que tu interlocutor no puede conceder sin una ardua negociación en Bruselas de muy dudoso éxito.

Las medidas sobre el IRPF están tan manoseadas y son de un impacto tan marginal que se limitan a copiar la deducción aplicable sobre los libros de texto del Gobierno de Aragón (pág. 30):

Aragón, en el Artículo 110-1 del Decreto Legislativo 1/2005 de 26 de septiembre, establece una deducción de la cuota íntegra autónoma por la adquisición de libros de texto y material escolar, cuyo contenido recogemos en nuestra propuesta.

Copiar y pegar. Estos perezosos pedigüeños ni siquiera han intentado mejorar el sistema aragonés y han incluido el Decreto Legislativo 1/2005 en un Anexo (pág. 45). El problema es que el Decreto establece que para tener derecho a algún tipo de deducción hay que ser realmente pobre. Cualquier unidad familiar con rentas anuales conjuntas mayores de 25.000 euros o individuales mayores de 12.500 euros no tiene derecho a deducirse nada. Las cantidades son más altas en caso de familias numerosas, pero ya sabemos que los hijos dejaron de llegar con un pan bajo el brazo cuando este país entró en el Primer Mundo y se acabó el trabajo infantil. No entiendo qué pretende el Plan proponiendo este tipo de medidas si no es hacerse perdonar los precios abusivos de los libros de texto. Ni siquiera saben copiar bien, es decir, a la japonesa, mejorando el original.

La última de las medidas fiscales muestra esterilidad intelectual. Hasta hace cuatro días la industria editorial disfrutaba de una deducción del 5% en aquellas “inversiones efectivamente realizadas en las ediciones de libros que permitan la confección de un soporte para a la producción editorial seriada”. Es decir, que por el simple hecho de fabricar libros y no cafeteras la Agencia Tributaria les descontaba el 5% de dichas inversiones del Impuesto sobre Sociedades.

Alguien en el Ministerio de Hacienda cayó en la cuenta que estaban subvencionando la normal producción de bienes de consumo y aprovechó para eliminar la mencionada deducción, antes contenida en el Artículo 36, en la reforma de la Ley 27/2014 de 27 de noviembre del Impuesto sobre Sociedades. Aún así el mismo artículo reformado mantiene deducciones mucho mayores para “inversiones en producciones cinematográficas, series audiovisuales y espectáculos en vivo de artes escénicas y musicales”. A los autores del Plan esto les parece injusto y aducen lo siguiente:

Siempre hemos reivindicado no solo el mantenimiento de la deducción por inversión cultural para la edición, sino también su equiparación con la del cine y el audiovisual, equiparación más necesaria, si cabe, en estos momentos de transformación de la industria editorial, dados los nuevos sistemas digitales de producción digital, la digitalización de obras impresas, la edición de libros digitales y la creciente aparición de obras multimedia, en cualquier sector de actividad editorial, que exigen, para poder mantener la competitividad, cuantiosos recursos de inversión. Sobre todo, habita cuenta del extraordinario parecido que guardan los libros digitales, las obras multimedia e incluso las analógicas con las obras audiovisuales. Hecho que parece avalar y justificar nuestra petición y propuesta.

Una vez más estamos ante “el dilema de Belén Esteban”: ¿debemos fomentar la producción de cualquier contenido mediante deducciones fiscales aunque lo producido sea basura? No es la primera vez que afirmo que la subvención directa a la producción es pan para hoy, hambre para mañana y el medro de redes clientelares de dudosa productividad. El Plan pierde una gran oportunidad de pedir fuertes estímulos fiscales e incluso ayudas directas a la reconversión industrial del sector y se limita a reclamar la restauración de un privilegio perdido. En vez de inventar, de imaginar, de crear, se contentan con mirar al pasado. Cerriles.

Medidas de propiedad intelectual y de comercialización

El resto del Plan es un revoltijo de apresuradas ideas dispersas en las que no nos detendremos demasiado por su inconsistencia y porque, en su mayoría, se alejan del núcleo de la cuestión. Sólo mencionaremos las más relevantes.

En la página 34 se nos dice:

Es urgente la reforma, en profundidad, del contrato de edición ya que el vigente no incorpora las nuevas realidades tecnológicas y además se reconozca, explícitamente, el carácter creador del editor.

¿”Urgente”? ¿”Nuevas realidades tecnológicas”? Hace ocho años, cuando el libro digital empezaba a asomar y la industria de la música ya había pasado su propio viacrucis los industriales del libro, los mismos autores del Plan se conformaron con una Ley del Libro corta de miras que nació obsoleta y agonizante. Ni se acordaron del contrato de edición. Lo del carácter creador del editor me parece un mal chiste, una anécdota que sólo sería relevante si el resto de cuestiones estuvieran resueltas.

En la página 38 se acuerdan ¡por fin! que algún día habrá que ponerse en serio con el libro digital:

Fomento de los procesos de digitalización de los fondos bibliográficos y de la creación de plataformas de distribución de contenidos digitales, con capacidad competitiva y de dimensiones adecuadas. Digitalizar los fondos bibliográficos es un proceso caro, que requiere, además, el mantenimiento de una importante infraestructura tecnológica, que, hoy por hoy, tiene un coste excesivo para los recursos financieros y estructurales del mundo del libro. Con todo, las editoriales están haciendo esfuerzos por sumarse a este proceso, como lo demuestra su participación, con éxito, en las convocatorias de los programas de la Sociedad de la Información. Pero, estas convocatorias están referidas, casi exclusivamente, a actividades de I+D, lo que plantea exigencias no siempre asumibles. Lo que el sector del libro necesita es que se apoye el proceso de digitalización en sí mismo, pero los fondos que el Ministerio de Cultura destina a ese fin, que no requieren las exigencias de I+D, son escasísimos, puramente testimoniales.

¿“Creación de plataformas de distribución de contenidos digitales, con capacidad competitiva y de dimensiones adecuadas”? A ver, queridos autores del Plan, repitan conmigo: L-I-B-R-A-N-D-A. Fuimos unos cuantos los que dijimos, hace ya mucho tiempo, que Libranda era un buena idea mal planteada, peor ejecutada y cuya explotación frena más que promueve la reconversión industrial del sector. El tiempo nos ha dado la razón y ahora ustedes quieren dinero público para volver a equivocarse. Yo no tengo ningún problema pero, en tal caso, ¿están dispuestos a que esas nuevas plataformas formen parte de una Reconversión Industrial más ambiciosa? Tengo serias dudas que así sea.

Afirmar que “digitalizar los fondos bibliográficos es un proceso caro, que requiere, además, el mantenimiento de una importante infraestructura tecnológica” demuestra lo lejos que están de realidades como la de decenas de pequeñas y medianas editoriales que digitalizan libros cada día, en su mayor parte novedades y poco a poco también fondo. Sin importantes infraestructuras, sin grandes –ni medianos– recursos financieros pero con el talento y las ganas de que carecen los autores del Plan.

El Plan descubre que las convocatorias de I+D son para investigación y desarrollo y no se ajustan al proceso de digitalización. Por supuesto que no: la I+D no está pensada para la producción de bienes, sino para el desarrollo de mejores procesos productivos o nuevos modelos de negocio, algo en los que la gran industria del libro lleva durmiendo demasiados años y que demuestra, una vez más, que se equivocan de ventanilla y deberían dirigirse al Ministerio de Industria.

Para todo esto también piden dinero (pág. 38-39):

Nuestra propuesta es que se cree, para el próximo trienio, una consignación presupuestaria dotada razonablemente, en la que participen conjuntamente los Ministerios de Industria, Energía y Turismo, Economía y Competitividad y Educación, Cultura y Deporte destinada al libro, que permita un salto cualitativo y no solo cuantitativo en los procesos de digitalización. Dicho fondo tendría que moverse en torno a una cuantía de siete millones de euros por año.

Por qué pasamos de planes cuatrienales a trienales es un misterio con el que no voy a perder el tiempo. Pedir 21 millones de euros en total sin justificar cómo y para qué ya habla de la solidez de la propuesta. Pero pretender que tres ministerios tan diferentes se pongan de acuerdo me hace dudar de la sensatez de los autores del Plan. De su incompetencia ya no me cabe la menor duda.

Para terminar, veamos qué dice el Plan acerca de las librerías en la página 39, por qué propone la creación de un sello –selectivo– de calidad y que se tomen medidas de protección de librerías como las que se aplican en Francia:

Es un tópico afirmar que en España hay demasiadas librerías, lo que es fruto de una clara confusión y un manifiesto error. En España hay muchos, nunca demasiados, puntos de venta de libros o, al menos, de cierto tipo de libros, pero no hay muchas librerías. Las buenas librerías de fondo son más bien pocas y están sufriendo un muy duro castigo por la crisis económica. Sin embargo estas librerías de fondo son imprescindibles para el desarrollo cultural, porque son las que aseguran la difusión de los libros imprescindibles y necesarios y garantizan la pluralidad cultural.

La propia CEGAL, cómplice del Plan, es quien afirma en su Mapa de Librerías (2013 y 2014) que en España hay casi el doble de librerías por 100.000 habitantes que en Suecia. Y las llama librerías, no “puntos de venta de libros”. Ya demostré en su momento que la red española de librerías es demasiado grande y está ineficientemente distribuida y corremos el peligro de perder las buenas, las de fondo. Ahora estos señores se despiertan y se dan cuenta que cualquier punto de venta de libros no es una “buena librería de fondo”. Mientras los editores se dedicaban a inundar el mercado de títulos de alta rotación y los libreros hacían malabarismos no se mostraron tan escrupulosos con las definiciones. ¿Debo recordar que esos mismos editores reunidos en torno a la FGEE mandaban palés llenos de libros al Carrefour y otras grandes superficies? ¿Debo recordar que los descuentos que siguen haciendo esos mismos editores a las grandes superficies son mucho mayores y más ventajosos que los que ofrecen a las tan necesarias librerías de fondo? ¿Saben en la FGEE que hay grandes editores que incluso se niegan a mandar sus libros a muchas nuevas librerías porque las consideran demasiado pequeñas?

La última perla de tan deprimente collar está relacionada con una de las pocas medidas acertadas que la Industria del Libro ha sabido tomar los últimos años. Desde el cambio de siglo diferentes entidades como FGEE, CEGAL y FANDE han ido poniendo en marcha herramientas de conocimiento de la cadena de valor del libro, útiles para el libro de papel y que también lo son para el libro digital: DILVE, LibriRed –basada en el LibriData catalán– y SINLI, entre otras. El nexo a todas ellas es –o era– DILVE, una herramienta de intercambio de información para todo el ecosistema del libro tanto en España como en Latinoamérica. Gratuita hasta no hace mucho, ahora es de pago porque la FGEE, atenazada por la crisis y el desplome de la subvención se mostró incapaz de seguir sufragándola y eso que, tal como demostró Manuel Gil en su momento, al menos hasta 2014 recibía subvención. Ahora sus usuarios deben pagar por ella y eso es un error. Lejos de pedir al ministerio que se haga cargo del coste –de mantenimiento, porque el desarrollo está ya amortizado– el Plan pide:

La creación de una línea de crédito o aval, con financiación pública, que facilite la implantación de estas herramientas hasta en el más pequeño punto de venta. Esa línea de crédito sería por tres años, de una sola vez, y por un total de tres millones de euros.

Pierden la oportunidad de pedir la subvención completa del sistema, una subvención que no puede ser indefinida pero que se justifica si la entendemos como uno de los ejes básicos de la reconversión industrial del libro. Permitir que todos los actores del libro dispongan libremente de estas herramientas es fomentar el desarrollo tecnológico del sistema y, con él, su reconversión. Los autores del Plan no lo piden por dos razones: en primer lugar por la patente falta de imaginación del documento pero, todavía más importante, porque con el fin de la gratuidad de DILVE la FGEE ha visto abrirse una línea de financiación que no depende de recursos públicos.

Sucedió lo mismo con la privatización de la gestión del ISBN –también en manos de la FGEE– que pasó a ser una fuente de financiación sin que el servicio mejorara, una fuente, además que prima a los grandes consumidores de números de ISBN –las grandes editoriales– y castiga a las pequeñas y a los autores autopublicados.

Nada sucede por casualidad.

Conclusiones

Mucho dinero y más de los mismo. Así podría resumirse el Plan. Mucho dinero para mantener el statu quo y las estructuras que lo hacen posible, casi ninguna idea que permita reformar un sistema que amenaza ruina.

Al “Plan integral para el fomento del libro y de la lectura” le faltan demasiadas cosas. La primera es honestidad; es de fomento del libro, pero sólo del libro de papel; no fomenta la lectura –eso es algo que los españoles ya están haciendo por sí mismos– y se siguen envolviendo con la prestigiosa toga cultural, un pernicioso lastre. La cultura de verdad la hacen los autores, ellos los asisten, la procesan, industrializan y venden. Que cada palo aguante su vela.

Le falta valentía, espíritu de reconversión y visión industrial. Siguen poniendo el acento en la subvención a la producción –vía compra institucional– y no en la subvención al desarrollo de nuevos medios de producción y nuevos modelos de negocio, estrategia que les permitiría tener opciones de supervivencia. Otras industrias españolas, como el textil, pasaron momentos parecidos; no todo el problema fue de deslocalización: ésta pilló a la mayoría de empresarios textiles adormecidos en un mercado proteccionista que les había disuadido de emprender la necesaria modernización del sector. Su problema era de costes, procesos y productividad. Parecidos problemas de eficiencia tiene la Industria del Libro española, dentro de su contexto.

El Plan carece de lo que carecen las instituciones que lo firman: talento e imaginación. Ya hemos visto cómo tratan los datos en los que se apoyan y los argumentos en los que se basan. Ni siquiera ha sido necesario un análisis profundo, ha bastado una mirada crítica para desmontarlos todos. Cuando este Plan aterrice en la mesa de cualquier técnico ministerial con dos dedos de frente y cuatro ideas claras acerca del libro van a quedar retratados. Luego los subsecretarios, secretarios y ministros harán lo que quieran –nada diferente de lo que han hecho hasta ahora y deberíamos preguntarnos por qué– pero más de uno se habrá reído con ganas en los pasillos de la Administración. Se habrá reído de ellos, de los autores del Plan.

¿Hasta cuándo abusará la Industria del Libro de nuestra paciencia? Sospecho que hasta que el hundimiento de los más grandes haga desaparecer los intereses creados que mantienen en pie, prietas las filas, a los sarcófagos institucionales en los que se han convertido FGEE, CEGAL y FANDE. Espero que ninguno de ellos tenga el valor de negarlo: han estampado su firma en un documento inane ¿El resto del sector tiene tanta paciencia? Esperemos que no.

O tempora, o mores!

La lectura digital y la decrepitud de los Austrias. ‘Dolce far niente’ en la corte de la FGEE.

FELIPE_IV– Imagen: Wikipedia – 

El pasado 29 de abril tuvo lugar la mesa redonda “El futuro de la lectura en el entorno digital” en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Barcelona. Fue interesante porque retrató el posicionamiento de tres grandes actores del sector del libro, editores, libreros y bibliotecarios o, al menos, sus representantes institucionales.

La charla fue moderada por Lluís Agustí, director de la Escola de Llibreria de la UB, quien realizó un acertado planteamiento de la cuestión. Intervinieron Carme Fenoll, jefa del Servicio de Bibliotecas de la Generalitat de Catalunya, Jeroni Boixareu, gerente de la librería Hispano Americana y de la editorial Marcombo –a la sazón vinculado con el Gremio de Libreros de Catalunya y su proyecto Liberdrac– y el editor Daniel Fernández, desde el 1 de enero presidente de la Federación de Gremios de Editores de España.

Decidí asistir a la mesa redonda porque quería ver, en vivo y en directo, al flamante presidente de la FGEE. Ya conocía la posición de Fenoll y Boixareu, y tenía la vana esperanza que Daniel Fernández dijera algo interesante aunque su paso por el Gremio de Editores de Catalunya hiciera presagiar lo que finalmente sucedió.

Si Fenoll mostró un optimismo prudente acorde con los actuales planes públicos de préstamo digital y sus discretos primeros resultados, Boixareu fue crítico y pragmático; entiende que al libro digital hay que darle una respuesta, que dicha respuesta debe ser comercial y que no podemos demorarnos demasiado. No tiene nada claro que se acaben cumpliendo muchos de los pronósticos pero entiende que no basta con negarlos.

Si las bibliotecas no paran y los libreros empiezan a espabilar, en la FGEE reina el dolce far niente. Fernández se burló del libro digital mediante chascarrillos que ya estaban muy manidos en 2010 y un tono de cachondeo con el que parecía decirnos que aquello no iba con él. Lo más destacable de lo que dijo –habló mucho sin decir casi nada– fue que los editores todavía no habían encontrado la manera de hacer rentable el libro digital; su desparpajo y despreocupación demostraban más ignorancia que mala fe y parecía no saber que, sin salir de España, el 30% de la facturación de Roca Editorial ya es digital y que, tal como Santos Palazzi desveló en Kosmopolis, algunos sellos de Planeta ya han alcanzado un muy respetable 12%. Puede que quede camino por recorrer pero algunos editores sí saben cómo hacerlo; alguien, en la FGEE, debería preguntárselo.

Abrazando la piratería como gran excusa, Fernández celebró el bache que las ventas de libros digitales parecen atravesar en Norteamérica y el Reino Unido –bache que no es tal como ya comentaré en un próximo artículo– y puso el relativo fracaso de los lectores de tinta electrónica como ejemplo del estancamiento del libro digital, como si la lectura no tuviera nada que ver con la competencia por la atención y el crecimiento del consumo de información en dispositivos móviles, ya sean tabletas o teléfonos.

Fernández perdió una gran oportunidad de lucirse cuando Lluís Agustí, a raíz de un comentario de Carme Fenoll, le preguntó si las nuevas herramientas de segmentación del público podían ser útiles a los editores. Cuando lo más fácil hubiera sido responder “sí, conocer mejor al público nos permitirá hacer mejor nuestro trabajo” –sin tener que mostrar su oceánica ignorancia en estos temas– escapó por la tangente diciendo algo así como que lo importante era leer y que el resto eran fruslerías.

El presidente pasmado

Vi un presidente pasmado y me acordé, una vez más, de los últimos Austrias, reyes abúlicos, incompetentes, que delegaron las labores de gobierno en validos. Si Fernández es Felipe IV, Antonio María Ávila es el Conde-duque que rige los destinos de la FGEE desde 1997. No importa quién sea el presidente, no importa de dónde venga ni cuánto dure, el estilo de la FGEE, el estilo Ávila, se impone. Los presidentes pasan pero él siempre permanece.

Conde-Duque_de_Olivares

– Imagen: Wikipedia – 

Si Ávila fuera un genio la cosa tendría su aquél; en lo único que destaca el valido de la FGEE es en asegurarse que nada cambie. Al abrigo de un sistema de elección presidencial diseñado para poder nombrar a un teleñeco si fuera necesario –otro día hablaremos del vodevil de instituciones librescas del país– protege a la institución dejando al sector en segundo plano en clara confusión entre el mapa y el territorio.

Ávila, con todo, sólo es la voz de su amo, aquél que se cuida muy mucho que la FGEE sólo trabaje por el bien de los grandes y lo haga allí donde mejor se le da, en los despachos de la Administración. Para eso no se necesitan presidentes con visión ni talento, apenas es necesario un armazón institucional tan vacío de ideas como la Federación.

Un Día del Libro sin libros… de papel

Llibres– Imagen: Wikipedia

Llegará un día en que la gran mayoría de libros se editará sólo en formato digital. Ignoro cuánto tardará en suceder –al respecto ya me he equivocado suficiente– pero es muy probable que escenas como la que encabeza este artículo tengan los años contados, escenas que se dan el día de Sant Jordi –San Jorge– en Catalunya, nuestra forma de celebrar el 23 de abril, Día del Libro.

Hace unos días el área de Artes y Humanidades de la UOC –Universitat Oberta de Catalunya– proponía la siguiente cuestión en su cuenta de twitter:

Yo interpreté la pregunta en el sentido de ‘qué sucederá el día que los libros sean –sobre todo– digitales’, porque la convivencia entre lo digital y lo analógico ya se produce hoy y dije lo siguiente:

El día de Sant Jordi los libreros hacen su agosto. Según el Gremio de Libreros de Catalunya llegan a vender entre el 5 y el 8% de la facturación anual. En un solo día. Las calles se llenan de gente que compra libros –muchos compran su único libro del año– y los editores locales aprovechan para lanzar sus novedades con más tirón comercial en un intento de alcanzar la cima de las listas de los más vendidos.

Sant Jordi es una fiesta que sucede en la calle y alrededor del libro de papel. Eso no casa del todo bien con Internet y el libro digital. Si en un futuro la gran mayoría de títulos comerciales sólo son digitales ¿qué sucederá con fiestas como ésta?

Menos libros… ¿más cultura?

Aunque sucede en la calle y alrededor del libro de papel Sant Jordi no es una fiesta cultural, no exactamente, ni lo es ese día. El 23 de abril los 7 millones de catalanes compramos 1,4 millones de libros. Las semanas anteriores a la fecha ya se registra un sensible aumento de ventas y de actos de presentación de aquellos libros que son novedad aprovechando la ocasión. ¿Son actos culturales? Bueno, inevitablemente si se habla de libros se hablará de cultura pero aquí no hay lugar para políticas a largo plazo; hay incluso una categoría, la de los llamados ‘libros mediáticos’ escritos por personajes famosos que (casi) sólo tiene sentido en fechas de compra masiva –compulsiva– y esta lo es.

El 23 de abril compramos libros –y rosas, otra costumbre local– como si no hubiera un mañana y un ‘farenheit 451’ local arrasara con todo. Esta venta masiva de libros a pie de calle no tiene sentido en un entorno digital; de hecho no puede tener lugar porque la compra de libros en Sant Jordi forma parte de una tradición y el acto cultural es accidental. Es tradición comprar un libro y una rosa –la tradición estricta manda que las chicas regalen libros a sus parejas y los chicos obsequien a su pareja con una rosa pero, afortunadamente, con el tiempo aumentan las variables– y mientras la rosa no es fácilmente digitalizable lo del libro ya es otra cosa.

Un Sant Jordi comercial no se sostiene con el libro digital pero tiene mucho más sentido como acontecimiento cultural capaz de fomentar la lectura. La progresiva digitalización obligará a replantearnos las fiestas alrededor del libro centrándolas más en su contenido –la cultura– que en su vehículo comercial –el libro, sea de papel o digital– porque su vinculación no será directa. Hasta hace poco no podíamos separar la cultura escrita de su vehículo físico pero hoy sí y eso traerá cambios importantes.

Laura Huerga, editora de Rayo Verde, respondió a mi tuit de esta forma:

Estoy de acuerdo con ella, las grandes plataformas y los grandes grupos editoriales intentarán mantener el fenómeno comercial pero su desnaturalización física se lo pondrá muy difícil. Es muy probable que deban aumentar los actos culturales alrededor del libro para conseguirlo y puede –sólo puede– que eso arrastre al resto a hacer lo mismo aunque yo creo que será al revés: aquellos con capacidad de fomentar la cultura y con ella la lectura marcarán la pauta de las fiestas y ferias relacionadas con el libro.

En Sant Jordi la gente sale a la calle y se da de bruces con los libros de papel y las rosas. Es (casi) inevitable comprar uno –o más– de cada. No me imagino cualquier futuro 23 de abril ‘saliendo a Internet’ y dándome de bruces con un libro digital aunque es evidente que hay algunas maneras de simular la experiencia. Pero un ‘pop-up’ o la publicidad intersticial no son lo mismo.

La faceta cívica y cultural de Sant Jordi no sufrirá porque queda la rosa como anclaje físico a una tradición pero todo lo que envuelve al libro deberá reinventarse. Creo que apostar por más cultura será una de las pocas maneras de seguir fomentando la lectura y, con ella, la compra de libros. El Día del Libro, Sant Jordi, tiene un futuro, pero deberíamos ir pensando, con tiempo y calma, cómo será.

Adenda: no se pierdan la reflexión de Txetxu Barandiarán en una línea muy parecida.

OpenDyslexic: el libro digital nos hace iguales

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– Imagen: opendyslexic.org

Vivimos un cansino revival de la lectura organoléptica, de la magia del tacto del papel, de lo subyugante del aroma de la tinta y de lo inmarcesible de una tradición centenaria. Se nos dice, mediante libros tan superficiales como su título, que la lectura en papel nos hace libres y la lectura digital nos hace tontos.

Mucha pereza intelectual envuelve esa impostura que entiende el libro como un objeto cuando debería ser entendido como un proceso. El libro es proceso cognitivo y su manifestación física es un accidente industrial, un imperativo físico para su producción y distribución. Entender lo contrario es caer en un animismo que cercena las posibilidades del libro, sea este de arcilla, papiro, pergamino, papel o digital. El libro de papel nos hizo más libres –el aumento exponencial de la producción gracias a la imprenta contribuyó a la conquista de los derechos que ahora disfrutamos– pero el libro digital nos hará iguales. O, al menos, reducirá ciertas diferencias.

Dislexia y libro digital

La dislexia es la dificultad en la lectura que dificulta la correcta comprensión de los textos. Es un trastorno de complejo tratamiento y que afecta profundamente la vida de quienes la padecen. Quienes leemos con normalidad no nos damos cuenta de lo difícil que es la vida de cualquier persona con dificultades de comprensión lectora. En 2012 apareció OpenDyslexic, una tipografía especialmente pensada para disléxicos. Es de código abierto y se puede instalar en todo tipo de dispositivos. Los e-readers de Kobo la incorporan desde hace tiempo y recientemente OverDrive, el mayor distribuidor de libros digitales de Norteamérica, anunció que la incorporaba en sus aplicaciones de lectura. OpenDyslexic no es una panacea, no es como ponerle gafas a un miope, pero facilita mucho la vida de cualquier disléxico. Con ella todos los documentos digitales son más accesibles y de comprensión más fácil.

Tontería y libro de papel

Para un disléxico un libro de papel impreso en una bonita tipografía Georgia puede ser un tedioso reto. Ya podemos cantarle las excelencias de la magia del tacto del papel, lo subyugante del aroma de la tinta y parecidas fruslerías. Que sí, que la tradición es centenaria pero eso, a él, no le facilita la lectura. El libro digital puede facilitar la vida a muchas personas con deficiencias visuales y de comprensión lectora. Podemos ampliar el texto hasta límites que a los que vemos con normalidad nos parecen absurdos. Podemos usar tipografías que a los que comprendemos normalmente los textos nos pueden parecer extravagantes. Podemos disfrutar de software de lectura automática si nada de lo anterior funciona.

Todo esto puede parecernos exótico pero, por favor, que nadie vuelva a cantar las excelencias de una tecnología, la del libro analógico, que deja colgados a un montón de lectores. Además de injusto, es de una incultura indecente. Una incultura en la que caen, todavía, un montón de editores que se niegan a editar en digital por razones ‘de consciencia’. No sólo pierden potenciales clientes, además hacen un flaco favor a quienes no han tenido la suerte de nacer con todos los sentidos en su sitio para los que la lectura digital sólo tiene ventajas.